Foto: Gaceta UNAM
La Organización Mundial de la Salud (OMS) dio a conocer que, a pesar de contar con vacunas, pruebas diagnósticas y tratamientos, la hepatitis causó la muerte de 1.3 millones de personas en 2024, es decir, 3 mil 500 cada día.
Esto demuestra que los avances médicos no avanzan con la rapidez necesaria para que la hepatitis deje de ser una amenaza para la salud pública antes de 2030.
La mayoría de las personas infectadas desconoce que tiene hepatitis
Durante 2024, 287 millones de personas vivían con hepatitis B o C crónicas. No obstante, solo una cuarta parte de quienes tenían hepatitis B y poco más de un tercio de las personas con hepatitis C sabían que estaban infectadas.
Asimismo, entre quienes vivían con hepatitis B, solo el 4.3 % recibía tratamiento, mientras que el 20 % de las personas con hepatitis C había accedido a una terapia curativa.
La hepatitis provoca una inflamación del hígado que, si no se trata, puede progresar a cirrosis y cáncer hepático.
Ante ello, la OMS señaló que la falta de diagnóstico es uno de los principales factores que contribuyen al aumento de la mortalidad.
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La mortalidad por hepatitis sigue en aumento
Los datos mundiales demuestran que la hepatitis viral sigue siendo una de las pocas enfermedades transmisibles cuya mortalidad continúa en aumento.
Esto se debe a que, en muchos países, la enfermedad aún se aborda como un padecimiento especializado, por lo que su atención se concentra en hospitales o centros de alta especialidad.
Además, en los países más afectados por la enfermedad, el acceso a la atención médica se ve limitado por la falta de programas nacionales, infraestructura y financiamiento.
¿Es posible prevenir la hepatitis?
La hepatitis B puede prevenirse con una vacuna segura y eficaz, además de controlarse mediante tratamientos de por vida.
En el caso de la hepatitis C, existen medicamentos antivirales capaces de curar la enfermedad. Asimismo, las pruebas diagnósticas permiten detectar ambas infecciones antes de que provoquen daños irreversibles.
Pese a ello, la OMS aseguró que la falta de información, las desigualdades, las deficiencias de los sistemas de salud y la insuficiencia de recursos impiden que millones de personas accedan a la atención que necesitan.
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