La NFL cruza fronteras… y México se convierte en escenario histórico
Desde la Tribuna
Por Laura Sandoval
Cuando la NFL decidió jugar un partido de temporada regular fuera de Estados Unidos en 2005, no estaba expandiendo su territorio… estaba probando una intuición. Y eligió el escenario correcto.
El Estadio Azteca no solo albergó aquel histórico encuentro entre los San Francisco 49ers y Arizona. Lo convirtió en una demostración irrefutable de que el fútbol americano ya era un fenómeno cultural global. Más de 103 mil personas llenaron las gradas, estableciendo un récord de asistencia que no fue solo numérico, sino profundamente simbólico.
Ese día cambió la lógica de la liga.
Hasta entonces, la internacionalización era un proyecto. Después de México 2005, se convirtió en una estrategia estructural.
Tras el impacto del Azteca, la liga entendió algo fundamental: no bastaba con salir ocasionalmente al extranjero… había que construir presencia continua.
Así nacieron las series internacionales permanentes, comenzando con Londres en 2007. Lo que inició como una sede experimental terminó convirtiéndose en una tradición anual, con estadios llenos y franquicias desarrollando mercados internacionales propios.
Luego vinieron Alemania, Dublín, España, Brasil y otros destinos estratégicos. La lógica cambió definitivamente: ya no se trataba de “llevar el juego al extranjero”, sino de cultivar comunidades reales de aficionados fuera de Estados Unidos.
En términos culturales, el football dejó de ser un espectáculo exportado para convertirse en un idioma compartido.
Si 2005 fue el inicio, 2026 representa la consolidación total.
La temporada contará con nueve partidos internacionales, el calendario global más ambicioso que la liga haya organizado. No es solo expansión geográfica… es una red deportiva planetaria.
El panorama proyectado incluye sedes que reflejan la nueva geografía emocional del football:
Reino Unido (Londres), la sede más consolidada fuera de Estados Unidos, prácticamente una segunda casa de la liga.
Alemania (Múnich o Frankfurt), uno de los mercados europeos con crecimiento más explosivo en audiencia y demanda.
Brasil (São Paulo), la gran puerta sudamericana con enorme potencial cultural y comercial. Que tendrán como invitados a la franquicia deportiva más poderosa del planeta, los Dallas Cowboys por primera vez en este país.
México (Ciudad de México), el país con mayor base de aficionados fuera de Estados Unidos, donde cada partido se vive como evento nacional.
España, como parte de la expansión hacia mercados futboleros con fuerte identidad deportiva.
Francia, (París) como parte de una alianza estratégica con los Santos de Nuevo Orleans.
Australia (Melbourne), una apuesta estratégica hacia Oceanía con infraestructura de clase mundial.
A estas sedes se sumarán repeticiones en mercados ya consolidados hasta completar nueve encuentros.
El mensaje es claro: el calendario de la NFL ya no gira alrededor de un país… gira alrededor del mundo.
Dentro de este mapa global, el regreso de San Francisco al Azteca no es solo una fecha más del calendario. Representa una línea histórica que conecta el origen de la expansión con su presente consolidado siendo el equipo que ha visitado México en partidos oficiales.
México no es una sede emergente. Es el lugar donde la NFL comprobó por primera vez su verdadera dimensión internacional.
Por eso cada regreso tiene un significado especial: es un retorno al punto de partida, pero en un contexto completamente distinto. Lo que antes fue una apuesta… hoy es una certeza.
Durante años hablamos de “expansión global” como si se tratara de un proceso en curso. Pero el calendario de 2026 sugiere algo diferente.
La NFL ya no está expandiéndose.
Está transformando su identidad. Incluso él mismo Comisionado Roger Goodell en declaraciones dejó en claro que le gustaría que todas las franquicias tuvieran una experiencia en la temporada en el exterior de los Estados Unidos.
Los equipos viajan como embajadores culturales.
Los estadios extranjeros se convierten en territorios emocionales que se apropian de la identidad de la pasión del football moldeado con el folclore particular de cada entidad.
Y así los aficionados, sin importar idioma o continente, comparten la misma narrativa deportiva.
El juego que comenzó como tradición estadounidense ahora le pertenece al mundo.
Y curiosamente, todo empezó y sigue siendo el mismo lugar donde más de cien mil personas demostraron que el football nunca tuvo fronteras reales.
El Azteca no fue solo el primer paso. Fue la revelación.
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