La soberanía frente al ruido

La soberanía frente al ruido

El Ágora

Por Ana Gómez

En días recientes, la noticia de una alerta emitida por Estados Unidos respecto al sobrevuelo del espacio aéreo mexicano generó titulares y, en algunos sectores, cierta inquietud. 

El aviso, difundido por las autoridades norteamericanas, advertía a su pueblo y operadores aéreos sobre posibles riesgos en vuelos que cruzan territorio mexicano. Se trató de una alerta preventiva, no de una prohibición ni de un diagnóstico de crisis. 

La experiencia internacional nos enseña que este tipo de alertas son comunes y forman parte de los protocolos de seguridad aérea. Basta recordar las advertencias emitidas por Estados Unidos para vuelos sobre la región del Caribe semanas atrás, y que ahora se extiende al área del Pacífico.

Incluso en África, en países como Sudán o Somalia, se han emitido alertas similares. El lenguaje suele ser el mismo: “se recomienda precaución”, “se advierte sobre riesgos potenciales”, “se sugiere evitar determinadas zonas”. No es un sello de condena, sino un mecanismo de prevención que busca reducir riesgos para tripulaciones y pasajeros.

En el caso mexicano, la alerta se interpretó en algunos medios como un signo de deterioro en la seguridad nacional. Pero si se compara con las advertencias internacionales, la diferencia es clara, mientras que en Ucrania se prohibió directamente el sobrevuelo de ciertas regiones, en México se trató de un aviso general, sin restricciones absolutas. La magnitud es distinta, y por ello conviene no caer en alarmismos.

El aterrizaje en Toluca

La segunda noticia que encendió el debate fue el aterrizaje de un avión militar estadounidense en el aeropuerto de Toluca. El hecho, levantó dudas ¿qué hacía una aeronave de las fuerzas armadas de Estados Unidos en suelo mexicano? ¿Hubo autorización? ¿Se trató de una operación encubierta?

La presidenta Claudia Sheinbaum respondió que el aterrizaje fue autorizado y se trató de un vuelo técnico, sin implicaciones militares ni operativas en territorio nacional. Sheinbaum subrayó que México mantiene una relación de cooperación con Estados Unidos, pero que la soberanía nacional no está en entredicho.

La postura oficial buscó desactivar la narrativa alarmista que algunos sectores intentaron instalar, porque en el contexto actual, cualquier movimiento militar estadounidense en México puede ser alarmante, pero la explicación fue transparente y clara. 

Comparaciones necesarias

Para dimensionar correctamente lo ocurrido, vale la pena mirar hacia otros escenarios. En 2014, tras el derribo del vuelo MH17 en Ucrania, Estados Unidos emitió una prohibición total de vuelos sobre la región. En Medio Oriente, las alertas han sido recurrentes, especialmente en Irak y Siria, donde se advierte sobre ataques con misiles o drones. En África, las advertencias suelen referirse a riesgos de fuego cruzado o terrorismo.

En comparación, la alerta sobre México es mucho más ligera. No habla de guerra, ni de ataques, ni de prohibiciones. Se limita a recomendar precaución, en un contexto de seguridad pública que, si bien enfrenta desafíos, está lejos de los escenarios bélicos de otras latitudes.

Lo mismo ocurre con el aterrizaje en Toluca. En países como Colombia o Brasil, los vuelos militares estadounidenses han sido objeto de polémica y, en ocasiones, de protestas sociales. En México, la reacción fue más moderada, y la explicación del Gobierno contribuyó a mantener la calma.

No al alarmismo

El periodismo tiene la responsabilidad de informar, pero también de contextualizar. Una alerta aérea no equivale a un estado de guerra. Un aterrizaje autorizado no significa una invasión. La ciudadanía merece información clara, sin exageraciones que alimenten el miedo.

Es cierto que México enfrenta retos en materia de seguridad, y que la relación con Estados Unidos siempre estará marcada por tensiones, pero también es cierto que la cooperación bilateral incluye protocolos que, aunque puedan parecer inusuales, forman parte de la normalidad diplomática y técnica.

La clave está en no perder la perspectiva. Las alertas aéreas son parte del manual de seguridad internacional. Los aterrizajes técnicos, aunque llamen la atención, no son inéditos ni necesariamente problemáticos.

Lo que sí sería preocupante es que se ocultaran, que no hubiera explicaciones claras, o que se repitieran sin justificación. Pero en este caso, la información fue transparente y firme.

En tiempos de hiperconectividad, las noticias viajan más rápido que las aclaraciones. Una alerta se convierte en titular, un aterrizaje en sospecha. Por eso es fundamental recordar que no todo lo que suena a crisis lo es. 

México no está bajo amenaza aérea, ni su soberanía ha sido vulnerada. Lo que tenemos son protocolos de seguridad y cooperación que, aunque puedan sonar estridentes, forman parte de la rutina internacional.

La calma, en este caso, es la mejor respuesta. Porque frente al ruido de las alertas y los aterrizajes, lo que importa es la claridad de los hechos, fue una advertencia preventiva y un aterrizaje autorizado.

Sigue a Ana Gómez en X: @AnaGomezCalzada

*Los textos publicados en la sección de Opinión son responsabilidad exclusiva del autor.

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