México no pide permiso
El Ágora
Por Ana Gómez
El domingo 26 de julio, mientras aquí apenas amanecía, un joven de Ensenada se subía al podio del Tour de Francia, un regiomontano de 21 años cruzaba primero la meta en Hungría y, en Santo Domingo, la bandera tricolor ya encabezaba el medallero de los Juegos Centroamericanos y del Caribe. Tres frentes distintos, un mismo mensaje, México dejó de ser el país que participa para ser el país que compite.
Del Toro en Francia
Isaac del Toro terminó tercero en la clasificación general del Tour de Francia y se colgó el maillot blanco de mejor joven, además de ganar la etapa con final en Barcelona. Es el primer mexicano que sube al podio de la carrera más dura del planeta. Antes, el techo lo había puesto Raúl Alcalá con dos octavos lugares en 1989 y 1990; el Torito lo rompió a los 22 años y con una temporada de escándalo, campeón del UAE Tour, del Tirreno-Adriático y del Tour de los Alpes franceses, después de haber sido subcampeón del Giro de Italia el año pasado, con once etapas vestido de rosa.
Y conviene contar la historia completa. Del Toro no salió de una academia con laboratorio y nutriólogo, salió de Ensenada, con una bicicleta prestada, un taller de barrio que le componía la máquina y un mensaje de Facebook que le mandó a un director deportivo para pedirle una oportunidad. Lo llevó ahí su terquedad y una familia que le hizo la lucha.
Noel León le ganó a Europa en su propia pista
El mismo domingo, Noel León ganó la carrera principal de la Fórmula 2 en Hungría, su tercer triunfo de la temporada. En mayo, en Canadá, ya se había convertido en el primer mexicano en ganar una carrera de esta categoría, que es la antesala directa de la Fórmula 1. Hoy marcha quinto en el campeonato y su escudería, Campos Racing, lidera entre constructores. No está solo, Rafael Villagómez también corre en F2, y Ernesto Rivera y José Garfias en F3. Es la camada mexicana más numerosa de la historia tocando la puerta de la máxima categoría.
El Caribe también se dice en tricolor
Mientras tanto, en Santo Domingo se celebran los Juegos Centroamericanos y del Caribe número veinticinco, justo en su centenario, la primera edición fue en la Ciudad de México, en 1926. Casi cuarenta países, más de seis mil atletas y una delegación mexicana de más de 630 competidores.
El resultado, hasta el corte de este 27 de julio, México encabeza el medallero con 16 oros, 15 platas y 12 bronces. Y no es novedad, es costumbre. México es el único país que ha estado en las veinticinco ediciones y ha ganado trece de ellas. En Barranquilla 2018 sumó 341 medallas y en San Salvador 2023 alcanzó su récord histórico con 353. Ahí están Osmar Olvera en los clavados, Alejandra Valencia en el tiro con arco, Prisca Awiti en el judo, Yareli Acevedo en el ciclismo de pista, Daniela Souza en el taekwondo. Regionalmente no somos un invitado más, somos la potencia.
Lo que se rompió y lo que hay que construir
Aquí viene la parte incómoda, porque el orgullo sin memoria es pura porra. Durante el largo invierno neoliberal, el deporte se trató como adorno de sexenio y como negocio de unos cuantos. Se gastó en fotos y en burocracias federativas convertidas en cacicazgos vitalicios, mientras las y los atletas rifaban licuadoras y se pagaban sus propios pasajes. Nada lo retrata mejor que el ciclismo.
Esa herencia no se arregla en un día. Por eso el reto de nuestra Cuarta Transformación es que estos triunfos dejen de ser hazañas individuales y se conviertan en política de Estado, canchas y albercas públicas en las colonias, deporte en las escuelas, becas que sean derecho y no premio de consolación, federaciones que rindan cuentas. Lo que hoy logran, lo logran con carácter y con un apoyo reducido del Gobierno. Imaginemos lo que lograrían con condiciones más óptimas.
Rumbo a 2028, y con orgullo
Faltan dos años para los Juegos Olímpicos de Los Ángeles, del otro lado de la línea, en la casa del vecino, con las gradas llenas de paisanas y paisanos que llevan décadas sosteniendo con su trabajo dos economías.
Porque lo de Del Toro, lo de Noel León y lo del medallero caribeño no es suerte ni casualidad estadística. Es lo mismo que ha sacado adelante a este país cada vez que le dijeron que no se podía, un pueblo trabajador, talento de sobra y una necedad hermosa para no rendirse. México no pide permiso. México compite. Y últimamente, gana.
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*Los textos publicados en la sección de Opinión son responsabilidad exclusiva del autor.
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