Super Bowl: identidad en resistencia
El Ágora
Por Ana Gómez
El Super Bowl 2026 ofreció un buen espectáculo deportivo, pero sería ingenuo fingir que el partido fue lo más relevante de la noche.
Estados Unidos está atravesado por discursos de odio, políticas excluyentes y un resurgimiento del racismo sin disimulo, el encuentro entre Patriots y Seahawks terminó siendo apenas el telón de fondo de un mensaje cultural que incomodó a quienes insisten en un país que ya no existe.
La narrativa deportiva quedó pequeña frente a la potencia simbólica del medio tiempo, que para muchos, fue precisamente el problema.
Bad Bunny
La presentación de Bad Bunny no fue solo un show, fue una irrupción política. Un artista latino, cantando en español, en el evento televisivo más visto del país, es un recordatorio incómodo para quienes preferirían que la diversidad se mantuviera en silencio.
Su estética caribeña, su identidad sin concesiones y su mensaje directo fueron una bofetada simbólica a la narrativa que pretende reducir a los latinos a mano de obra barata o a un “problema migratorio”.
En un país donde se criminaliza a migrantes, se levantan muros y se normaliza el discurso xenófobo, ver a un latino dominar el escenario del Super Bowl es un acto de resistencia cultural.
Lady Gaga
La presencia de Lady Gaga fue más que un gesto artístico, fue una postura. Una de las figuras más influyentes de la música estadounidense decidió acompañar, amplificar y legitimar un mensaje latino en un momento en el que hacerlo implica tomar partido. Gaga no apareció para suavizar el espectáculo, sino para subrayar que la cultura estadounidense no tiene por qué alinearse con la intolerancia.
Su colaboración con Bad Bunny mostró que dos identidades pueden encontrarse sin jerarquías, sin apropiación y sin miedo. Fue un recordatorio de que la cultura puede ser un puente cuando la política insiste en ser un muro.
Trump
La reacción de Donald Trump fue tan predecible como reveladora. Calificó el espectáculo como “terrible” y criticó que estuviera en español diciendo que “Nadie entiende una palabra de lo que dice este tipo”. No habló de música, habló de identidad. Su molestia no fue estética, sino fue ideológica.
Trump expresó lo que una parte del país piensa pero no siempre dice en voz alta, que la presencia latina les incomoda, que la diversidad les amenaza, que un show en español es una afrenta a su idea de nación. Su reacción dejó claro que el racismo no es un accidente, sino una herramienta política que sigue rindiendo frutos.
Pero también dejó claro que la cultura está avanzando más rápido que la política.
Sheinbaum
En medio de este escenario, la postura del gobierno de México y de nuestra Presidenta Claudia Sheinbaum adquiere un peso particular. No porque hayan opinado sobre el espectáculo, sino porque su posición general frente a la comunidad migrante contrasta abiertamente con la hostilidad que se escuchó desde Washington.
La Presidenta con su frase: “Muchos símbolos y, en efecto, el mejor antídoto contra el odio, es el amor”, deja claro que un país donde millones de mexicanos viven bajo la sombra del racismo, ese mensaje importa
México ha insistido en la dignidad, los derechos y la aportación de los migrantes. Ha defendido que la identidad cultural no debe ser motivo de discriminación, sino un elemento de cohesión. En un momento en el que un artista latino es atacado por cantar en español, esa postura se vuelve un contrapeso necesario.
Sheinbaum ha reiterado que México no permitirá que se criminalice a sus comunidades en el exterior y que la defensa de los migrantes es una responsabilidad de Estado.
Un país dividido
El Super Bowl LX no solo entretuvo, sino que mostró un Estados Unidos fracturado entre quienes abrazan la diversidad y quienes la temen. Entre quienes entienden que la cultura evoluciona y quienes quieren congelarla en una versión idealizada del pasado.
La presentación de Bad Bunny y Lady Gaga fue un recordatorio de que la identidad latina no solo está presente, sino que está influyendo, transformando y reclamando su lugar.
Porque lo que ocurrió en ese escenario no fue solo música, fue una declaración y un desafío. Fue un recordatorio de que, pese a los muros físicos y simbólicos, la cultura latina sigue avanzando y a pesar de las adversidades lo seguirá haciendo.
Sigue a Ana Gómez en X: @AnaGomezCalzada
*Los textos publicados en la sección de Opinión son responsabilidad exclusiva del autor.
Te puede interesar: Aguascalientes rumbo al 27
Entérate de las noticias por medio de nuestra cuenta oficial en Instagram




