Un año para transformar la maternidad

Un año para transformar la maternidad

El Ágora

Por Ana Gómez 

El Congreso del Estado de Aguascalientes aprobó que 2026 sea el Año de la Maternidad y la Primera Infancia, una declaratoria que, si se asume con seriedad, puede convertirse en un parteaguas para la vida de miles de mujeres, niñas, niños y familias.

No es una frase para membretes ni un gesto simbólico, es un compromiso institucional que nos obliga a mirar de frente realidades que durante años se han normalizado.

La maternidad, pese a los discursos que la envuelven de ternura, sigue siendo un territorio donde muchas mujeres transitan con miedo, con dolor no atendido, con soledad y con una profunda indiferencia institucional. 

La primera infancia, por su parte, continúa siendo un concepto repetido en discursos oficiales, pero no siempre traducido en acciones que garanticen un inicio de vida digno. Por eso esta declaratoria no puede quedarse en el papel, sino que debe convertirse en una exigencia pública.

En la discusión legislativa resonó una frase que sintetiza el espíritu de este compromiso: “Porque parir con dignidad no es un favor: es un derecho.” Y es precisamente ese derecho el que debemos garantizar desde todos los frentes. 

Erradicar la violencia obstétrica, asegurar un trato respetuoso y humano, es un estándar obligatorio que debería de aplicarse en todo el territorio de nuestro Estado, estos pasos son indispensables para transformar la experiencia del nacimiento en Aguascalientes, donde se respetan a las madres, las y los bebés recién nacidos. 

Pero hay un tema que no podemos seguir evadiendo, que es la educación sexual integral desde edades tempranas. En mi caminar por colonias, comunidades y escuelas del estado, he visto una realidad que duele: niñas que deberían estar jugando, estudiando o soñando con su futuro, cargan en brazos a un bebé. Historias de adolescentes que se convierten en madres antes de haber vivido su propia infancia. Casos que se repiten, que se esconden, que se normalizan.

La educación sexual no es un tabú ni una amenaza a las familias, es una herramienta de protección. Es la posibilidad de que una niña reconozca un abuso, de que un adolescente tome decisiones informadas, de que una familia tenga acceso a información clara y científica. Es, en pocas palabras, una política pública que salva vidas y que evita que la maternidad llegue a quienes aún no están listas para vivirla.

La declaratoria del Año de la Maternidad y la Primera Infancia también debe servir para abrir esta conversación sin miedo. No podemos hablar de proteger a las madres sin hablar de prevenir embarazos adolescentes. No podemos hablar de primera infancia sin hablar de las niñas que se convierten en madres. No podemos hablar de dignidad sin hablar de información.

Desde el Congreso asumimos la responsabilidad de acompañar, vigilar y exigir. No ejecutamos políticas públicas, pero sí podemos impulsar su cumplimiento. Eso implica revisar indicadores, vincular a las instituciones de salud, educación y desarrollo social, y defender presupuestos que permitan capacitación, acompañamiento perinatal y apoyo real a la primera infancia. También implica promover programas de educación sexual integral, accesibles y basados en evidencia, que lleguen a escuelas, familias y comunidades.

Uno de los objetivos es que los hospitales del Estado avancen hacia la exigencia de personal capacitado, espacios adecuados y prácticas centradas en las familias. Pero también exige que lleguemos antes, donde la maternidad sea una decisión informada, acompañada y deseada, no una consecuencia del silencio o de la falta de educación.

La visión que compartimos desde el Congreso es clara, que cada mujer en Aguascalientes pueda decir que fue atendida con respeto, que fue escuchada, que fue acompañada. Y que cada niña y niño inicie su vida con amor, salud y presencia. Porque, cuidando a una madre, cuidamos a una generación completa.

La declaratoria ya está aprobada. Ahora toca demostrar que no será un eslogan, sino un compromiso real. Que 2026 se note en los hospitales, en las escuelas, en las políticas públicas y en la vida cotidiana de las familias. Que se note también en las niñas que podrán seguir siendo niñas.

El reto es enorme. Pero también lo es la oportunidad de cambiar el futuro de Aguascalientes.

Sigue a Ana Gómez en X: @AnaGomezCalzada

*Los textos publicados en la sección de Opinión son responsabilidad exclusiva del autor.

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