Dignidad frente al desprecio 

Dignidad frente al desprecio 

El Ágora 

Por Ana Gómez

El pasado 6 de mayo, el Congreso del Estado de Aguascalientes celebró una sesión solemne para entregar la «Medalla de la Libertad» a Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid. El mismo día, el Ayuntamiento de Aguascalientes le otorgó las llaves de la ciudad y la Medalla Aguascalientes 450 Años.

El reconocimiento fue presentado como un gesto de hermandad entre Aguascalientes y la capital española, pero para quienes conocemos el historial de declaraciones de Ayuso sobre nuestro país, la ceremonia no fue un puente tendido entre pueblos, sino una señal de alarma que no podíamos ignorar. Por eso, el grupo parlamentario de Morena tomó la decisión de dejar vacíos nuestros curules, que representaban a todas las personas que sienten que hay algo profundamente indignante en entregar una «Medalla de la Libertad» a alguien cuyo concepto de libertad choca frontalmente con la soberanía y la historia de nuestro pueblo.

Un historial de desprecio que no se puede ignorar

La presidenta de la Comunidad de Madrid no vino a tender puentes. Vino con trincheras ya cavadas. En 2021 afirmó que «el indigenismo es el nuevo comunismo», criminalizando la reivindicación de nuestras raíces. En su gira de 2026 fue más lejos: sostuvo que los verdaderos «abusos» en este continente los cometían las poblaciones aztecas y mayas, y que la conquista española fue un acto de caridad civilizatoria. Con esa lógica, milenios de ciencia, cultura y organización social simplemente dejan de existir.

El desprecio tampoco se queda en el pasado remoto. El uso deliberado de «Méjico» con «j» es especialmente revelador, pues ignora a la misma RAE que la derecha acostumbra citar como autoridad, y que reconoce el origen náhuatl de nuestro nombre. A eso se suma tildar a México de «narcoestado» para alimentar el miedo en su propio electorado, usándonos como telón de fondo de su campaña permanente.

Una gira que se desmoronó sola

La visita de Ayuso fue, en la práctica, un desfile de vanidad pagado con dinero público madrileño. En Aguascalientes fue recibida con honores que no correspondían a su cargo, en un Congreso ocupado únicamente por diputados de derecha, mientras afuera ciudadanos inconformes se manifestaban. En ese mismo acto, una regidora de Morena tomó la palabra para recordarle a ella y a los conservadores presentes que los problemas sociales no se resuelven con medallas ni con eventos para visitantes extranjeros.

La gira había comenzado en la Ciudad de México, donde el rechazo marcó desde el principio el tono de los eventos, y Ayuso tuvo que cancelar un homenaje a Hernán Cortés en la Catedral Metropolitana. La presidenta Claudia Sheinbaum lo dijo sin rodeos: «¿Para qué viene esta persona a México? ¿A qué la traen? Piensan que eso les dará legitimidad aquí, pero ¿cómo pueden pensar que una persona que adora a Hernán Cortés les dará legitimidad? Están trasnochados.» La doctora Sheinbaum también subrayó que México vive en total libertad, que permite el debate abierto de ideas y una ciudadanía cada día más participativa.

Lo que empezó como una gira de diez días terminó en un regreso apresurado el 8 de mayo. Ayuso habló de «boicot», pero su agenda simplemente se derrumbó. El Grupo Xcaret negó cualquier presión oficial para excluirla de los Premios Platino, y el fiasco quedó expuesto ante la opinión pública.

Dinero del pueblo, gastado en vanidad

Mientras millones de familias enfrentan dificultades cotidianas, esta gira consumió recursos que ningún gobierno responsable debería dilapidar de esa manera. Según algunas estimaciones, el costo fue de alrededor de 300,000 euros solo en vuelos y hospedaje, otros 450,000 euros en patrocinios, y unos 50,000 euros adicionales en comunicación y autopromoción internacional. En total, cerca de 800,000 euros, alrededor de 16 millones de pesos, para una gira que no generó una sola inversión nueva: los compromisos de empresas como Alsea o CEMEX ya estaban anunciados de antemano.

Es difícil entender que legisladores mexicanos se conviertan en comité de bienvenida de alguien que malgasta fondos públicos para venir a insultarnos en nuestra propia casa. Cuando la validación se busca afuera porque adentro el pueblo no la otorga, algo está profundamente mal en esa postura política, y el pueblo lo sabe.

Memoria y justicia

Frente a todo esto, desde el Congreso de Aguascalientes hemos presentado una iniciativa para inscribir en el Muro de Honor la leyenda «Pueblos Originarios». No es un adorno. Es un acto de justicia ante siglos de silencio forzado y despojo cultural. México no es solo un Estado-nación moderno, es una civilización viva que no necesita el aval de ninguna funcionaria extranjera para reconocer su propio valor.

Juárez nos enseñó que la dignidad se defiende con voluntad, especialmente frente a quienes pretenden imponernos una historia que nos avergüence de nosotros mismos. La cosmovisión de nuestros pueblos originarios no es un lastre del pasado, es una identidad que nos da fortaleza y sentido de pertenencia.

No estuvimos en esa sesión porque nuestra lealtad está con esa historia de resistencia, con los caxcanes y guachichiles que habitaron estas tierras mucho antes de que alguien pretendiera «civilizarlas». Las medallas de conveniencia no nos interesan. Un pueblo que no honra su origen es un pueblo que camina sin brújula. La nuestra apunta hacia nuestra soberanía, y eso no está en negociación.

Sigue a Ana Gómez en X: @AnaGomezCalzada

*Los textos publicados en la sección de Opinión son responsabilidad exclusiva del autor.

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