Domesticando la Ciudad de México

Erika Mendoza Bergmans

Animales heridos en la Ciudad, por La Capitalina.

LA CAPITALINA

Por: Erika Mendoza Bergmans / @emdzabergmans

La Ciudad de México en sus entrañas. ¿Qué nos hace capitalinos -o chilangos dirían otros-? Esa Ciudad que marca tendencias a nivel nacional, porque “todo pasa primero en la CDMX”. ¿Cómo podemos vivir mejor en la Ciudad del caos? Qué pasa en nuestra casa, esa Ciudad de 9 millones de habitantes, o casi 20 millones si consideramos la zona metropolitana. La Ciudad de México y sus capitalinos: esa es la identidad de esta columna neonatal.

La Ciudad de México me adoptó hace 15 años, llegué siendo menor de edad a la central de camiones del norte, vi ríos de personas que, como cardúmenes, caminaban en todas direcciones, me quedé paralizada, en el centro de mi imagen mental entre toda esa gente aparece inmóvil la figura de la virgen de Guadalupe al centro, no es un romanticismo religioso, quien haya estado en la central del norte, habrá visto la estatua a la que me refiero.

Como para muchos, la Ciudad de México era para mí (y lo es todavía) ese Palacio de los Sueños (tomo prestado el título del libro de Ismail Kadaré, muy recomendable por cierto).

Una Ciudad en la que coloqué los sueños acumulados en mi infancia, y que con su propia personalidad, porque sí, la Ciudad de México tiene personalidad y carácter propios, tuvo a bien masticar mis sueños infantiles y devolvérmelos con nuevas formas que solo podría ver con una miopía que vendría después.

Por eso con esta columna busco devolverle a la Ciudad, aunque sea un poco, de lo que me ha dado. Porque tengo que reconocer que lo que soy hoy no existiría sin la Ciudad. Quizás los capitalinos somos eso, el resultado de lo que la Ciudad quiso.  

Solo se conoce lo que se domestica” dijo el zorro en El principito. La Ciudad de México no se puede domesticar, ella nos domestica a nosotros.

Ahora, 15 años después, entiendo que la manera en la que vivimos en la Ciudad es una expresión política, en dónde compramos, dónde comemos, si nos interesamos en la oferta cultural y en cuál, desde lo más mainstream como los musicales en teatros como el Telmex o Telcel, descalificados por una corriente de capitalinos como aspiracionistas yankee en su representación más pura de Broadway, hasta lo más underground que otra corriente de capitalinos se enorgullecería por conocer un submundo indie teatral en Santa María la Rivera o en la Calle de Cracovia en Coyoacán. Pero una cosa es cierta: hasta nuestros amigos o con quien tenemos sexo es una expresión política. Y nos guste o no, estamos juntos en esto, porque esas expresiones políticas marcan el curso de nuestra Ciudad y de nuestro país.

Entonces, por qué no platicamos entre risas, ridiculeces, paradojas e historias cómo vivimos nuestra Ciudad, cómo podemos ser mejores capitalinos, y hacia dónde van y dónde convergen las culturas sub-urbanas. 

Vi caminando una pareja en la calle, un coche no los dejó pasar, él dijo “que poca educación vial, se pasan”. Ella contestó: “bueno, es México, no esperes que se comporten como en Europa”. Él cree en una Ciudad mejor, ella perpetúa una idiosincrasia mediocre y conformista. ¿Qué capitalinos queremos ser?

Pequeñas -y conscientes- acciones. Algo que es hoy tan disruptivo como vernos a los ojos. En la calle y en salas de espera, cada vez es más difícil hacer contacto visual, con miradas enfocadas de metaversos. Pero los capitalinos somos mejor que eso. Los capitalinos todavía podemos conectar. Al menos eso creo yo, una capitalina ridícula que cree que si ponemos atención podemos despertar nuestra Ciudad utópica, que está aquí esperándonos. 

Los textos publicados en la sección de Opinión son responsabilidad del autor que lo emite y no plasma el criterio de México Habla.  

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