Morena, así se elige a quien gobierna
El Ágora
Por Ana Gómez
Hay una narrativa cómoda, muy repetida en los espacios de la oposición, que describe a Morena como un partido de dedazos disfrazados de consultas. La evidencia, sin embargo, apunta en otra dirección.
Para las elecciones de 2027, donde están en juego 17 gubernaturas, el movimiento fundado por el Presidente Andrés Manuel López Obrador ha diseñado un sistema de filtros que ningún partido del viejo régimen se atrevería a aplicar a sus propias filas, sencillamente porque sus cúpulas no sobrevivirían al escrutinio.
El método
Los 277 aspirantes registrados deben someterse al escrutinio cruzado de la Fiscalía General de la República, la Unidad de Inteligencia Financiera, la Comisión Nacional Bancaria y de Valores y el Centro Nacional de Inteligencia. No se trata de un trámite burocrático, es la admisión explícita de que el crimen organizado ha intentado infiltrar las estructuras políticas del país, y de que Morena no está dispuesta a cerrar los ojos ante eso.
La llamada Ley “3 de 3” añade otro candado, donde queda vetado el registro a quienes tengan sentencias por violencia política de género, violencia familiar o que sean deudores alimentarios. Los aspirantes, además, firman cuatro cartas compromiso, incluyendo una que los obliga a respetar los resultados para preservar la unidad del movimiento. El viejo PRI y el “nuevo” PAN, jamás podrían hacer algo así, sencillamente porque el resultado ya estaba pactado de antemano.
El instrumento de definición por excelencia sigue siendo la encuesta, que mide conocimiento territorial, honestidad percibida y arraigo. Para los cargos plurinominales, la tómbola persiste como mecanismo que sirve para romper el monopolio de las camarillas y abrir espacios a comunidades indígenas y personas con discapacidad. Hasta un 40 por ciento de candidaturas en distritos de mayoría puede recaer en perfiles externos, siempre que superen los mismos filtros éticos. Es un partido que, al menos en sus reglas escritas, apuesta por la permeabilidad antes que por la endogamia.
Aguascalientes con Nora Ruvalcaba Gámez
Aguascalientes, es el único estado donde Morena perdió la elección presidencial de 2024, y el bastión más resistente del PAN en el país. Sin embargo, el proceso interno de la 4T revela algo interesante, la brecha en las encuestas revela la notable diversidad en las posibles candidaturas.
La primera, la senadora Nora Ruvalcaba Gámez, encabeza las simpatías internas con el 56 por ciento y representa la apuesta de continuidad y experiencia territorial. Salma Luévano Luna, diputada federal, pone sobre la mesa una candidatura histórica, porque aspira a convertirse en la primera gobernadora trans de México, enfocando su propuesta en derechos de las minorías y acceso a servicios básicos. Ricardo Rodríguez Vargas, exdirector del INDEP, suma perfil técnico a la discusión. El Partido Verde aporta a Genny López, diputada local que formaliza la representación de esa fuerza dentro de la coalición. El Partido del Trabajo, aliado estratégico, aguarda el resultado para sumarse al frente común.
La oposición prefiere ver en esta pluralidad un síntoma de desorden. Pero la realidad, es opuesta, es el reflejo de un movimiento que todavía debate, no como el PRI, el PAN o incluso MC que lo designaran por dedazo.
Bajo este contexto se entiende mejor la decisión de Arturo Ávila Anaya. El diputado y vocero del movimiento optó por no registrarse para la gubernatura de Aguascalientes, y su argumento merece tomarse en serio, con su candidatura en la boleta interna, el debate se fragmentaría y el desgaste restaría energía a quien finalmente encabece el proyecto. Al ceder el espacio, Ávila apuesta por el consenso en torno a Nora Ruvalcaba.
Su destino declarado es la alcaldía Cuauhtémoc, en la Ciudad de México, demarcación donde nació y reside. Las encuestas que cita le dan una ventaja de 16 puntos frente a la oposición. Su diagnóstico sobre la gestión actual es severo, el agua, baches, mercados públicos en deterioro, y una administración que ha privilegiado la presencia en redes sociales por encima de la obra tangible. Es el tipo de crítica que conecta con el vecino que carga cubetas porque la tubería lleva semanas sin presión, no con el analista que sigue redes sociales.
La unidad como estrategia
Morena se ha convertido en columna vertebral de su proyecto, la unidad no se decreta, se construye. Las cuatro cartas compromiso que firman los aspirantes, el respeto al resultado de las encuestas, la disposición a ceder el espacio propio cuando el conjunto lo requiere, todo apunta a un partido que ha aprendido, a veces a golpes, que la fragmentación interna es el regalo más valioso que puede hacerle a sus adversarios.
En Aguascalientes o en la Cuauhtémoc, en la gubernatura o en la alcaldía, la lógica es la misma, el movimiento antes que el individuo, la transformación antes que el cargo. Mientras la oposición celebra cada encuesta adversa como si fuera ya una urna, Morena afina su método, diversifica sus perfiles y construye su coalición. La elección de 2027 está lejos, pero el trabajo, en cambio, ya comenzó.
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*Los textos publicados en la sección de Opinión son responsabilidad exclusiva del autor.
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