NFL: Pretemporada con tintes de premonición

NFL: Pretemporada con tintes de premonición

Desde la Tribuna

Por Laura Sandoval

Hay una frase que se repite cada agosto: “Es solamente pretemporada”. Y sí, lo es. Los partidos no cuentan en la clasificación, los titulares juegan poco y los entrenadores esconden buena parte de su libreto.

Pero decir que la pretemporada no importa sería equivocarnos.

Porque estos partidos no están diseñados para decirnos quién ganará el Super Bowl. Están diseñados para mostrarnos quién está listo, quién está creciendo y quién empieza a quedarse sin argumentos.

Después de lo visto en estas primeras semanas de la pretemporada 2026, hay una conclusión que me parece especialmente interesante: la NFL está entrando en una etapa donde la profundidad de los rosters puede ser tan determinante como el talento de sus estrellas.

Y ahí está una de las historias que menos titulares genera.
El quarterback no juega solo.
El caso más evidente es Las Vegas.

Fernando Mendoza llegó a la NFL con una etiqueta gigantesca: primera selección global y ganador del Heisman. En su debut mostró cosas interesantes; ante Houston, en cambio, tuvo una noche complicada. Lanzó una intercepción que terminó en touchdown, sufrió presión constante y terminó la primera mitad con 8 completos de 15 intentos para 86 yardas.

¿Es momento de preocuparse? No.

¿Es momento de observar? Absolutamente.

Porque el verdadero debate no debería ser si Mendoza es “bueno” o “malo”. El debate debería ser si los Raiders tienen la estructura necesaria para permitir que un quarterback novato aprenda sin convertir cada error en una sentencia.

La NFL no perdona las malas líneas ofensivas. Tampoco perdona a los equipos que creen que un quarterback joven puede resolverlo todo.

Y Mendoza acaba de recordarnos algo que a veces olvidamos: ser la primera selección no te convierte automáticamente en un quarterback terminado.
La profundidad también gana partidos.

Los 49ers dieron otro mensaje.

San Francisco aplastó 41-17 a los Chargers, mientras que los quarterbacks titulares apenas estuvieron una serie.

¿Significa que los 49ers son mejores que los Chargers? Por supuesto que no.

Pero sí significa que hay jugadores intentando convertir sus oportunidades en boletos para septiembre.

La pretemporada es, en realidad, una guerra silenciosa.

Mientras nosotros discutimos quién será MVP, quién llegará al Super Bowl o qué quarterback tendrá mejores números, cientos de jugadores están intentando demostrar que merecen ocupar uno de los 53 lugares de un roster.

Y quizá esa sea la historia más humana de agosto.

Para una superestrella, un mal partido puede ser anecdótico.

Para un jugador que pelea por su puesto, un buen cuarto puede cambiarle la carrera.

El fenómeno de los quarterbacks jóvenes en esta pretemporada también nos está regalando una narrativa irresistible: una nueva generación de quarterbacks está tocando la puerta.

Fernando Mendoza, Ty Simpson, Drew Allar y otros jóvenes han comenzado a llamar la atención. Ty Simpson, por ejemplo, tuvo una presentación particularmente eficiente en su debut con los Rams, completando 21 de 25 pases para 190 yardas y dos touchdowns.

Pero aquí viene la advertencia.

No convirtamos tres partidos de agosto en una carrera hacia el Salón de la Fama.

La historia de la NFL está llena de quarterbacks que dominaron la pretemporada y desaparecieron cuando llegaron los partidos importantes.

La pregunta correcta no es: ¿Quién está jugando espectacular?
La pregunta correcta es: ¿Quién está tomando mejores decisiones?

Porque cuando llegue septiembre, los coordinadores defensivos no regalarán ventanas. Las coberturas serán más complejas, las defensas jugarán con mayor intensidad y cada error tendrá consecuencias.

Mientras los jóvenes reciben los reflectores, los veteranos están jugando otro partido.

Kirk Cousins y Fernando Mendoza protagonizan una competencia intensa y particularmente interesante en Las Vegas. Mendoza tiene el futuro pero Cousins tiene experiencia. Y el entrenador Klint Kubiak ha decidido mantener abierta la competencia. 

Eso plantea una pregunta que puede generar conversación: ¿Qué debe priorizar un equipo que quiere ganar ahora, experiencia o futuro?

No existe una respuesta universal.

Porque la NFL no es una liga de paciencia infinita.

Los aficionados quieren desarrollo, pero también quieren victorias.

Los dueños quieren construir para cinco años, pero también quieren resultados esta temporada.

Y los entrenadores saben que en esta liga puedes tener razón sobre el futuro y aún así perder tu trabajo en el presente.

El verdadero espectáculo está en la banca.

Quizá por eso deberíamos cambiar nuestra forma de mirar la pretemporada.

No mirar únicamente al quarterback.
Mirar al liniero que está entrando en el segundo cuarto.
Al receptor que consigue tres recepciones y aparece en equipos especiales.
Al cornerback que intercepta un pase cuando nadie estaba hablando de él.
Al corredor que está peleando por ser el tercero del depth chart.
A ese jugador que, dentro de diez días, puede estar recibiendo una llamada de otro equipo porque su actuación llamó la atención de un scout.

La NFL está llena de historias así.
Y muchas comienzan en agosto.

Dallas también merece atención ¡Por cierto!

Los Cowboys llegan a esta etapa después de una victoria 17-7 sobre Seattle el actual campeón y tienen otra prueba frente a Arizona.

Pero más que preguntarnos cuántos partidos ganarán en pretemporada, habría que preguntarnos algo mucho más interesante:
¿Qué Cowboys llegarán vivos al 53?
Porque el verdadero partido está ocurriendo detrás del marcador.
Cada repetición está construyendo jerarquías.
Cada error está modificando decisiones.
Cada joven que aparece está poniendo presión sobre un veterano.

Y con el corte definitivo del roster acercándose, la tensión aumentará sus decibeles todavía más. La NFL contempla que los equipos reduzcan sus plantillas a 53 jugadores el próximo 30 de agosto.

Agosto no predice septiembre… pero sí revela cosas.
Ese es para mí, el gran aprendizaje de esta pretemporada.
No debemos tomar los resultados literalmente. Pero tampoco debemos ignorarlos.

La pretemporada no nos dice quién será campeón.
Nos dice quién está creciendo.
Nos enseña qué posiciones tienen problemas.
Nos muestra qué equipos tienen profundidad.
Nos presenta a los desconocidos que pueden convertirse en protagonistas y sobre todo, nos recuerda que la NFL no empieza cuando llega septiembre.

Empieza mucho antes.
Empieza cuando un novato se pone el casco por primera vez.
Cuando un veterano pelea por conservar su lugar.
Cuando un entrenador decide darle una oportunidad a alguien que nadie tenía en el radar.
Y cuando un jugador entiende que quizá tenga solamente 30 jugadas para cambiar su vida.

Por eso, quizá la pregunta no sea si debemos tomarnos en serio la pretemporada.
La pregunta es: ¿Estamos mirando los partidos con los ojos correctos?

Porque mientras nosotros esperamos que regresen las grandes estrellas… la NFL está buscando a sus próximas.

Sigue a Laura Sandoval en: Instagram @lautrek13 En X @LAuTrEK

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