De las expectativas a los resultados
Desde la Tribuna
Por Laura Sandoval
Hay una época del año en la que el football colegial recupera algo que ninguna otra disciplina puede fabricar con tanta facilidad: la ilusión.
Durante meses hablamos de reclutamiento, transferencias, quarterbacks, rankings, Heisman y campeonatos que todavía no existen. Construimos favoritos antes de que alguien haya recibido un golpe.
Y entonces llega el primer sábado.
El balón vuela.
Y todo cambia.
La temporada 2026 comenzó oficialmente con una postal perfecta: el Aviva Stadium de Dublín, Irlanda, lluvia, football universitario y dos programas buscando respuestas.
North Carolina contra TCU.
Y el primer mensaje del año fue contundente:
En el football colegial, nadie tiene derecho a sentirse favorito.
North Carolina derrotó 15-10 a TCU en un partido que terminó siendo una batalla defensiva. Los Horned Frogs comenzaron mejor y llegaron a ponerse 10-3 arriba, pero después fueron incapaces de volver a encontrar la zona de anotación. North Carolina mantuvo a TCU sin puntos durante los últimos 49 minutos.
Billy Edwards Jr., en su debut con los Tar Heels, lanzó para 232 yardas y la defensa hizo el resto.
TCU terminó con apenas 281 yardas totales, cometió 11 castigos para 90 yardas y convirtió el segundo tiempo en una larga colección de oportunidades desperdiciadas.
No fue un partido espectacular.
Fue algo más importante:
Fue un recordatorio.
Bill Belichick no necesitaba demostrar que North Carolina podía ganar bonito. Necesitaba demostrar que podía ganar.
Y lo hizo.
El primer golpe a los pronósticos
El resultado de Dublín no convierte automáticamente a North Carolina en candidato al campeonato.
Pero sí cambia la conversación.
Porque TCU llegó a Irlanda con expectativas y salió con preguntas.
¿Qué ocurrió con la ofensiva?
¿Por qué desapareció después del primer cuarto?
¿Puede este equipo competir durante toda una temporada contra los mejores?
Y sobre todo:
¿Cuánto cuesta un mal sábado cuando cada partido puede terminar afectando la carrera por el College Football Playoff?
Ese es precisamente el encanto de esta nueva era del football colegial.
Ya no basta con ser bueno.
Hay que ser bueno cuando importa.
Y hay que hacerlo durante meses.
El AP colocó a Ohio State, Oregon, Georgia, Notre Dame y Texas en los primeros cinco lugares de la pretemporada. Indiana, campeón nacional de 2025, aparece sexto y Miami séptimo.
Pero una cosa es votar por los mejores equipos en agosto y otra intentar adivinar quién estará jugando football en enero.
Por eso, éste es mi Top 24 proyectado para la temporada 2026, considerando talento, quarterback, profundidad, calendario y posibilidad real de llegar al Playoff:
1. Ohio State
El campeón defensor del poderío del Big Ten llega con Julian Sayin y Jeremiah Smith. Para mí, sigue siendo el equipo que todos tendrán que destronar.
2. Notre Dame
CJ Carr tiene algo que muchos quarterbacks jóvenes no poseen: ya demostró que puede ganar. Si mantiene su evolución, los Fighting Irish estarán otra vez en la conversación.
3. Texas
Aquí comienza la historia más interesante. Los Longhorns tienen talento suficiente para ganar el campeonato. La pregunta es si podrán hacerlo cuando la presión sea máxima.
4. Oregon
Dante Moore tiene talento de quarterback de élite y Oregon posee el tipo de roster que puede sobrevivir a un calendario brutal.
5. Georgia
Nunca se puede sacar a Georgia de esta conversación. Defensa, talento y cultura ganadora.
6. Indiana
El campeón de 2025 ya no es una sorpresa. Ahora tiene que demostrar que puede vivir con la etiqueta de favorito.
7. Miami
Un equipo con suficiente talento para meterse en la conversación nacional y convertir al ACC en territorio peligroso.
8. Texas A&M
Tiene el talento para dar el salto, pero necesita convertir potencial en consistencia.
9. Ole Miss
Puede ser uno de los grandes agitadores de la SEC.
10. Oklahoma
Los Sooners tienen una oportunidad enorme: demostrar que pueden volver a pertenecer a la élite nacional.
11. LSU
Talento sobrado. La pregunta será la estabilidad.
12. Alabama
No se puede apostar contra Alabama demasiado pronto. Puede comenzar fuera de los primeros lugares y terminar jugando por todo.
13. Texas Tech
Mi candidato a romper la barrera de los grandes favoritos y convertirse en uno de los equipos más incómodos del país.
14. USC
Mucho talento, enorme mercado y una necesidad urgente de volver a competir por títulos.
15. Michigan
Un programa que nunca puede descartarse y que tiene suficiente físico para sobrevivir a noviembre.
16. Penn State
Puede ser mejor de lo que indica el ranking inicial.
17. Tennessee
Si encuentra consistencia en los partidos grandes, puede subir rápidamente.
18. Washington
Un equipo que podría convertirse en una de las sorpresas del Big Ten.
19. BYU
Tiene argumentos para volver a colarse en la conversación nacional.
20. Utah
El tipo de programa que nadie quiere enfrentar en una noche fría de noviembre.
21. Louisville
Mi apuesta para convertirse en uno de los equipos incómodos del ACC.
22. Iowa
Defensa, identidad y capacidad para complicarle la vida a cualquiera.
23. Missouri
Tiene el potencial para entrar en la pelea por la SEC si encuentra regularidad.
24. Clemson
No lo descartaría. Tiene demasiado talento y demasiada experiencia en este tipo de escenarios.
Mis cuatro semifinalistas hoy:
Ohio State, Texas, Notre Dame y Oregon.
Y sí.
Hay una posibilidad que me parece irresistible.
Texas contra Ohio State por el campeonato nacional.
Existe un jugador que puede convertir esta temporada en una novela nacional, es él.
Arch Manning ya no es únicamente el sobrino de Peyton y Eli.
Ya no es el quarterback de cinco estrellas que llegó a Texas.
Ya no es solamente el apellido más famoso del football universitario.
Ahora es el quarterback de Texas.
Y eso cambia absolutamente todo.
Manning terminó 2025 con números que, vistos fríamente, son buenos: 3,163 yardas por pase, 26 touchdowns y apenas siete intercepciones, además de 399 yardas terrestres y 10 touchdowns por tierra.
El problema es que Texas terminó 10-3.
Y quedó fuera del College Football Playoff.
Para cualquier quarterback sería una temporada prometedora.
Para Arch Manning, fue insuficiente.
Porque la expectativa que rodea a Texas no es simplemente ganar diez partidos.
Es competir por el campeonato.
El calendario le dio a Texas una especie de examen de ingreso.
Después del partido inicial contra Texas State, los Longhorns reciben a Ohio State.
El número uno contra el número cinco.
El equipo que quiere defender su lugar contra el equipo que quiere demostrar que pertenece a la cima.
Y ahí comenzará realmente la temporada de Arch Manning.
Porque si Texas gana ese partido, el discurso cambia.
De repente Manning deja de ser una promesa.
Se convierte en candidato legítimo al Heisman.
Texas deja de ser un aspirante.
Se convierte en favorito.
Y Steve Sarkisian deja de hablar de reconstrucción.
Empieza a hablar de campeonato.
Aquí también hay una historia extraordinaria.
Arch Manning llega a 2026 como uno de los principales candidatos al Heisman. NFL.com lo colocó incluso como su candidato número uno de pretemporada.
Pero no está solo.
CJ Carr llega con una candidatura extremadamente fuerte después de conducir a Notre Dame durante una temporada de consolidación.
Dante Moore tiene en Oregon la plataforma perfecta para explotar.
Julian Sayin tendrá detrás una de las ofensivas más talentosas del país.
Y después está Jeremiah Smith.
El receptor de Ohio State puede convertirse en el elemento disruptivo de esta carrera porque está intentando hacer algo que históricamente ha sido extraordinariamente difícil: ganar el Heisman desde la posición de receptor.
Las casas de apuestas y distintos analistas han colocado a Carr y Manning prácticamente en la cima de la conversación, con Moore, Sayin, Smith y otros nombres muy cerca.
Mi tablero inicial sería:
1. Arch Manning — Texas
2. CJ Carr — Notre Dame
3. Dante Moore — Oregon
4. Julian Sayin — Ohio State
5. Jeremiah Smith — Ohio State
Pero existe una regla no escrita:
el Heisman necesita un escenario.
Y el escenario de Arch es Texas.
Ésta es mi apuesta.
Si Manning termina con aproximadamente 4,000 yardas, 35 o más touchdowns y Texas termina 11-1 o 12-1, será prácticamente imposible sacarlo de la conversación.
Pero si Texas termina 8-4, sus estadísticas importarán mucho menos.
Porque el Heisman no premia únicamente al mejor jugador.
Premia al jugador que domina la temporada.
Y Arch tiene algo que sus competidores no pueden comprar:
la narrativa.
Tiene el apellido.
Tiene Texas.
Tiene la SEC.
Tiene un calendario gigantesco.
Tiene a Ohio State en Austin.
Tiene Oklahoma.
Tiene Texas A&M.
Tiene la presión de un programa que lleva años construyendo una plantilla para ganar ahora.
Y tiene la posibilidad de terminar la temporada jugando por el campeonato nacional.
Aquí está lo fascinante.
Todos hablan de la presión que tiene que soportar Arch Manning.
Yo creo que deberíamos verlo desde otro ángulo.
La presión no es su enemigo.
Es su oportunidad.
Es su oportunidad.
Porque ningún quarterback de Texas puede esconderse.
Si juega mal, todo el país lo verá.
Si gana, todo el país lo verá.
Si pierde contra Ohio State, será noticia.
Si derrota a Ohio State, será noticia.
Si llega al Playoff, será noticia.
Y si levanta el campeonato nacional…
su nombre dejará de estar acompañado por la pregunta:
”¿Será tan bueno como los Manning?”
Y comenzará una conversación completamente diferente:
¿Dónde colocamos a Arch Manning entre los grandes quarterbacks de Texas?
Ésta es quizá mi mayor apuesta para 2026.
No debemos enamorarnos demasiado de septiembre.
El football colegial se decide cuando el cansancio llega, cuando aparecen las lesiones, cuando el calendario se vuelve cruel y cuando cada posesión comienza a tener valor de campeonato.
Ahí veremos a Ohio State.
Ahí veremos a Oregon.
Ahí veremos a Georgia.
Ahí veremos a Notre Dame.
Y ahí veremos si Texas realmente cambió.
Porque Texas ya no necesita demostrar que tiene talento.
Necesita demostrar que tiene carácter de campeón.
Y quizá ése sea el verdadero tema de 2026
El football colegial ha cambiado.
El dinero cambió.
El portal cambió.
La manera de construir plantillas cambió.
El Playoff cambió.
Pero una cosa permanece intacta:
al final, alguien tiene que ganar.
Dublín nos dio la primera sorpresa.
North Carolina nos recordó que ningún favorito tiene asegurado nada.
Ahora viene el verdadero otoño.
Y en medio de todo estará un joven quarterback vestido de naranja quemado, cargando un apellido que pesa toneladas.
Arch Manning no necesita ser Peyton.
No necesita ser Eli.
No necesita demostrar que merece su apellido.
Necesita hacer algo mucho más difícil:
ganar.
Ganar los partidos grandes.
Ganar la SEC.
Llegar al Playoff.
Y, si la historia decide ser generosa, ganar el campeonato nacional.
Porque quizá 2026 no sea el año en que Arch Manning tenga que demostrar que es un Manning.
Quizá sea el año en que finalmente tenga la oportunidad de convertirse en Arch.
Y si eso sucede, el Heisman podría ser solamente el primer capítulo.
La verdadera recompensa estaría en Austin.
Un trofeo.
Un campeonato.
Y un nombre que, por primera vez, no necesitaría presentación.
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