Las pequeñas cosas que agotan: microestrés
Por Maricruz Rahme
¿Quién no ha sentido esa reacción del cuerpo ante situaciones dañinas, ya sean reales o percibidas? Si alguna vez experimentaste un incremento en la frecuencia cardíaca, aceleración de la respiración, tensión muscular, agotamiento mental, irritabilidad, dolor de cabeza, entre otros síntomas, ya sabes lo que es el estrés.
El estrés no solo surge ante situaciones malas o difíciles; también puede generarse por eventos positivos como casarse, comprar una casa, recibir un ascenso o ir de viaje. Es importante mencionar que el estrés no solo es causado por factores externos; también puede ser autogenerado, cuando nos preocupa algo que podría ocurrir o cuando aparecen pensamientos irracionales o pesimistas sobre la vida.
Las situaciones que nos generan estrés no siempre son de magnitud elevada; existen también acontecimientos menores, más frecuentes o cotidianos, que son menos relevantes, pero pueden provocarlo. A estos los llamaremos microestresores.
En los últimos años se ha visto que los microestresores negativos pueden provocar tanto estrés como los acontecimientos más dramáticos. La intensidad de cómo percibimos la situación depende de la susceptibilidad emocional de cada persona.
Cuando hablamos de microestrés, nos referimos a esos pequeños momentos de tensión o presión que, por sí solos, parecen insignificantes, pero cuando se acumulan a lo largo del día pueden afectarnos de forma emocional, física y cognitiva. Algunas situaciones que pueden causar microestrés son las notificaciones constantes en el teléfono móvil, las interrupciones en el trabajo, las pequeñas discusiones o malentendidos, los cambios inesperados en la rutina, las pequeñas tareas que vamos dejando pendientes y se acumulan, etc. Asimismo, también hay situaciones como prepararse para una fiesta, boda o reunión, organizar una comida para los amigos, una promoción, un proyecto interesante, comenzar una relación, etc., que también pueden ser microestresores.
Es importante reconocer cuáles son las situaciones que nos generan microestrés, porque, aunque no sean grandes fuentes de estrés, nos generan un aumento en la fatiga mental, dificultan la concentración, activan de forma repetida el sistema de alerta del cerebro y pueden llevar a irritabilidad, ansiedad o sensación de sobrecarga.
¿Cómo podemos identificar nuestros microestresores si son diferentes para cada persona? Una forma de reconocerlos es aprender a notar esos pequeños momentos de tensión que normalmente pasamos por alto. El cuerpo suele advertir antes que la mente, así que es importante reconocer las reacciones físicas como tensión en hombros, cuello o mandíbula; suspiros frecuentes; respiración más rápida; dolores de cabeza o sensación de estar «apretado por dentro». También es útil identificar reacciones emocionales pequeñas como irritabilidad ligera, impaciencia, incomodidad, distracción o bloqueo momentáneo. Revisa cuáles son tus «gotas que llenan el vaso», esas pequeñas situaciones repetidas que te desgastan con el tiempo, como el ruido constante, el desorden visual, pequeñas discusiones o problemas técnicos, entre otros.
Algunas señales de acumulación de microestresores son: agotamiento sin haber realizado tareas pesadas, sensación de saturación mental, menor paciencia o ánimo, y una necesidad urgente de desconectarse o quedarse en silencio.
Sugerencias para combatir microestresores:
- Realizar ajustes prácticos. Agrupar tareas, limitar notificaciones, planificar microtareas y usar listas o recordatorios simples para descargar la mente.
- Aumentar la tolerancia a lo inevitable. No podemos evitar el tráfico, los malentendidos o los imprevistos, pero sí cómo nos afectan. Podemos practicar respiraciones lentas, estiramientos breves y liberar hombros y mandíbula.
- Evitar la acumulación. Tomar pausas breves cada 90 minutos, cerrar las pequeñas tareas para liberar espacio mental y evitar la multitarea.
- Fortalecer nuestra base emocional. Dormir entre 7 y 9 horas, realizar actividad física ligera diaria, mantener conexiones sociales positivas y establecer límites con personas que drenan la energía.
Si te interesa trabajar estos temas con apoyo profesional, puedes consultarme. Como psicóloga especializada en bienestar emocional y manejo del estrés, puedo acompañarte para identificar tus microestresores, diseñar estrategias de manejo y crear un plan de intervención personalizado. No dudes en contactarme para iniciar un proceso de cuidado y crecimiento.
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