Regresión 

Regresión 

Un paso más hacia Venezuela. 
Sheinbaum presentó su propuesta de reforma electoral, aunque solo los temas; no el texto de la misma. Dicha falta no es menor porque el diablo está en los detalles, pero con lo anunciado se confirma su carácter regresivo y autoritario. Quiere evitar las alternancias donde ellos gobiernan.

No quiso dialogar con la oposición ni con la sociedad. Apuesta por la imposición, doblándole la mano a sus aliados e ignorando los problemas de los últimos comicios, comenzando con el dinero y la operación electoral del crimen organizado. No quiso ver al elefante en la sala que ha penetrado al Estado de arriba abajo y de manera transversal.

Nada para evitar el uso de recursos públicos en las elecciones. La Presidenta, al igual que su antecesor, usa la mañanera como instrumento de campaña y hacen descarado proselitismo con los programas sociales. No acotar al gobierno y reducir recursos a los partidos aumentará la inequidad que en 2024 fue brutal.

Lejos de corregir, confirma el criterio de la inconstitucional sobrerrepresentación con la que se dieron la espuria mayoría calificada que acabó con la república y la democracia. Esa inmensa distorsión de la voluntad popular no cambia por elegir pluris de maneras más proactivas. Elimina la lista del Senado para garantizarse una hegemonía artificial a costa de la pluralidad, dejando sin representación a millones de mexicanos.

Le da a la autoridad controlada por el gobierno la facultad de bajar contenidos en redes sociales si considera que son noticias falsas, emulando las peores dictaduras, y entrega tiempos del Estado a las televisoras para comprar coberturas favorables a su gobierno y partido.

Reduce presupuesto al INE, desapareciendo las juntas distritales permanentes para volverlas temporales, sustituyendo profesionales por eventuales, abriéndole la puerta a los mapaches del bienestar. Con eso acabaría de sepultar la credibilidad de las elecciones y sus resultados. Sí, es la Ley Maduro.

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Un capítulo nuevo en la pacificación de México 

Un capítulo nuevo en la pacificación de México 

El Ágora 

Por Ana Gómez

La caída de un líder criminal no es simplemente un cambio de nombres en el organigrama de la delincuencia; para miles de familias mexicanas, este hecho representa un respiro necesario y una señal de que la tranquilidad puede recuperarse cuando el Estado actúa con firmeza y coordinación real. 

En México, nos hemos acostumbrado peligrosamente a que las noticias de violencia nos sorprendan solo a medias. Los bloqueos, los incendios y las balaceras se han vuelto, para muchos, un ruido de fondo en la vida diaria, una coreografía de caos donde los nombres de los capos van y vienen como si fueran parte de una mitología inamovible.

Sin embargo, lo ocurrido recientemente en Tapalpa, Jalisco, con la caída de Rubén Oseguera, alias “El Mencho”, no fue una noticia más del montón. Fue, quizás por primera vez en mucho tiempo, una prueba tangible de que el Estado tiene la capacidad de actuar con determinación y que la seguridad en nuestras calles no está condenada a ser una batalla perdida de antemano.

El operativo que culminó con la neutralización del líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) destaca por lo que no fue, no fue improvisado, ni buscó ese espectáculo mediático al que los gobiernos del pasado nos tenían acostumbrados. Fue un trabajo silencioso, quirúrgico y de profunda inteligencia que logró alinear a las Fuerzas Armadas, al Centro Nacional de Inteligencia y a la Fiscalía General de la República. Se trata de esa labor que no se presume en redes sociales antes de tiempo, pero que se siente en el aire cuando finalmente funciona.

Durante la acción, las Fuerzas Especiales del Ejército repelieron una agresión directa y abatieron a cuatro integrantes del grupo delictivo, incluido su líder máximo. Más allá de los números, lo que verdaderamente importa es la precisión con la que se actuó sin montajes para la televisión, sin filtraciones que pusieran en riesgo a los operativos y sin ese ruido innecesario que tantas veces ha dejado a la ciudadanía atrapada en el fuego cruzado.

Como era de esperarse, la reacción del crimen organizado fue violenta y visceral, con bloqueos, incendios y ataques coordinados en distintos estados. Para quienes viven en esas zonas, el miedo volvió a calar hondo. Pero es crucial entender la naturaleza de esa violencia, no fue un despliegue de poder real, sino un manotazo desesperado. Cuando una estructura criminal pierde su cabeza, su instinto inmediato es sembrar el caos para intentar demostrar que sigue viva y operativa.

Una estrategia que empieza a sentirse en la vida diaria

Esta vez el mensaje desde el centro del país fue inequívoco, el Estado no va a retroceder. Lo que hace diferente este momento no es solo el éxito de un operativo aislado, sino la estrategia integral que lo sostiene por detrás. Desde el inicio de su administración, la Presidenta Claudia Sheinbaum ha mantenido una postura firme, donde la seguridad no se construye con discursos de guerra ni con «shows» de dudosa efectividad. Su apuesta ha sido fortalecer la Guardia Nacional, coordinar a las instituciones, investigar exhaustivamente antes de apretar el gatillo y, sobre todo, atender las causas sociales que alimentan la violencia.

La pacificación no es una palabra vacía que se lanza al aire en campaña; es un proceso que se construye paso a paso, con decisiones firmes y resultados que la gente pueda ver, tocar y vivir. Seamos clarola caída de “El Mencho” no va a resolver todos los problemas de seguridad de la noche a la mañana, pero sí abre una ventana de oportunidad invaluable. Es el momento para que las comunidades recuperen sus espacios públicos, para que las familias vivan sin el temor constante de quedar atrapadas en un bloqueo y para que los jóvenes tengan alternativas de vida distintas a las que ofrecen las organizaciones criminales.

Un momento para recuperar la confianza

Este es un momento para recuperar la confianza. Durante décadas, la ciudadanía escuchó promesas de seguridad mientras la realidad en las calles dictaba una historia muy distinta. Hoy, bajo el marco de la cuarta transformación, este operativo no se siente como un evento fortuito, sino como la consecuencia lógica de una estrategia de inteligencia que finalmente empieza a dar resultados palpables.

El camino, por supuesto, sigue siendo largo y complejo. La violencia tiene raíces profundas que no desaparecen en un solo día. Pero este capítulo demuestra que avanzar es posible cuando existe coordinación, inteligencia y una conducción política que no se deja intimidar por las amenazas. La gente no está pidiendo milagros imposibles; simplemente pide vivir tranquila, sentir que el Estado está presente y que las instituciones funcionan pensando en la seguridad de las familias y no en la fotografía política del día.

Lo ocurrido en Jalisco no es el final de la historia, pero sí es el inicio de un capítulo distinto. Uno donde podemos imaginar un país donde la violencia no sea nuestro destino inevitable, donde la autoridad no sea rehén del crimen y donde la pacificación deje de ser una promesa de papel para convertirse en una realidad que se construye, poco a poco, con hechos contundentes como este.

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La NFL cruza fronteras… y México se convierte en escenario histórico

La NFL cruza fronteras… y México se convierte en escenario histórico

Desde la Tribuna 

Por Laura Sandoval

Cuando la NFL decidió jugar un partido de temporada regular fuera de Estados Unidos en 2005, no estaba expandiendo su territorio… estaba probando una intuición. Y eligió el escenario correcto.

El Estadio Azteca no solo albergó aquel histórico encuentro entre los San Francisco 49ers y Arizona. Lo convirtió en una demostración irrefutable de que el fútbol americano ya era un fenómeno cultural global. Más de 103 mil personas llenaron las gradas, estableciendo un récord de asistencia que no fue solo numérico, sino profundamente simbólico.

Ese día cambió la lógica de la liga.

Hasta entonces, la internacionalización era un proyecto. Después de México 2005, se convirtió en una estrategia estructural.

Tras el impacto del Azteca, la liga entendió algo fundamental: no bastaba con salir ocasionalmente al extranjero… había que construir presencia continua.

Así nacieron las series internacionales permanentes, comenzando con Londres en 2007. Lo que inició como una sede experimental terminó convirtiéndose en una tradición anual, con estadios llenos y franquicias desarrollando mercados internacionales propios.

Luego vinieron Alemania, Dublín, España, Brasil y otros destinos estratégicos. La lógica cambió definitivamente: ya no se trataba de “llevar el juego al extranjero”, sino de cultivar comunidades reales de aficionados fuera de Estados Unidos.

En términos culturales, el football dejó de ser un espectáculo exportado para convertirse en un idioma compartido.

Si 2005 fue el inicio, 2026 representa la consolidación total.

La temporada contará con nueve partidos internacionales, el calendario global más ambicioso que la liga haya organizado. No es solo expansión geográfica… es una red deportiva planetaria.

El panorama proyectado incluye sedes que reflejan la nueva geografía emocional del football:

Reino Unido (Londres), la sede más consolidada fuera de Estados Unidos, prácticamente una segunda casa de la liga.

Alemania (Múnich o Frankfurt), uno de los mercados europeos con crecimiento más explosivo en audiencia y demanda.

Brasil (São Paulo), la gran puerta sudamericana con enorme potencial cultural y comercial. Que tendrán como invitados a la franquicia deportiva más poderosa del planeta, los Dallas Cowboys por primera vez en este país.

México (Ciudad de México), el país con mayor base de aficionados fuera de Estados Unidos, donde cada partido se vive como evento nacional.

España, como parte de la expansión hacia mercados futboleros con fuerte identidad deportiva.

Francia, (París) como parte de una alianza estratégica con los Santos de Nuevo Orleans.

Australia (Melbourne), una apuesta estratégica hacia Oceanía con infraestructura de clase mundial.

A estas sedes se sumarán repeticiones en mercados ya consolidados hasta completar nueve encuentros.

El mensaje es claro: el calendario de la NFL ya no gira alrededor de un país… gira alrededor del mundo.

Dentro de este mapa global, el regreso de San Francisco al Azteca no es solo una fecha más del calendario. Representa una línea histórica que conecta el origen de la expansión con su presente consolidado siendo el equipo que ha visitado México en partidos oficiales.

México no es una sede emergente. Es el lugar donde la NFL comprobó por primera vez su verdadera dimensión internacional.

Por eso cada regreso tiene un significado especial: es un retorno al punto de partida, pero en un contexto completamente distinto. Lo que antes fue una apuesta… hoy es una certeza.

Durante años hablamos de “expansión global” como si se tratara de un proceso en curso. Pero el calendario de 2026 sugiere algo diferente.

La NFL ya no está expandiéndose.

Está transformando su identidad. Incluso él mismo Comisionado Roger Goodell en declaraciones dejó en claro que le gustaría que todas las franquicias tuvieran una experiencia en la temporada en el exterior de los Estados Unidos.

Los equipos viajan como embajadores culturales.

Los estadios extranjeros se convierten en territorios emocionales que se apropian de la identidad de la pasión del football moldeado con el folclore particular de cada entidad.

Y así los aficionados, sin importar idioma o continente, comparten la misma narrativa deportiva.

El juego que comenzó como tradición estadounidense ahora le pertenece al mundo.

Y curiosamente, todo empezó y sigue siendo el mismo lugar donde más de cien mil personas demostraron que el football nunca tuvo fronteras reales.

El Azteca no fue solo el primer paso. Fue la revelación.

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El show de Marx Arriaga

El show de Marx Arriaga

Patético espectáculo. 

Un funcionario menor metió en crisis a Sheinbaum. En Improvisado reality del bienestar, Marx Arriaga se atrincheró por más de 100 horas en la oficina que se rehusaba desalojar. Desde ahí llamaba, en transmisiones en vivo y asambleas digitales, a la insurrección magisterial para defender los libros de texto y la nueva escuela mexicana de las autoridades de la SEP, a las que califica de neoliberales y corruptas.

Expertos han cuestionado con dureza dichos textos porque se hicieron con las patas y a las prisas, tienen errores elementales y didáctica deficiente, relegaron la enseñanza de matemáticas y contienen un marcado sesgo ideológico. Fue tan turbia su elaboración que reservaron por 10 años la información del proceso. Más que aprendizaje, buscan adoctrinar a los niños.

Marx Arriaga fue el encargado de hacer los libros gracias a su cercanía con Beatriz Gutiérrez y al pernicioso 90% lealtad, 10% capacidad. Con folclore guevarista, busca ser mártir de su mediocre obra, presentándola como expresión pura del obradorismo y recurriendo a ridículos desplantes teatrales como el de emplazar a un policía a ponerle las esposas.

Rechaza cualquier cambio, apelando a los sectores más fanatizados de Morena. El cogobierno de Palacio y Palenque, aunado a la probada incapacidad política del régimen, hicieron que estallará el problema y se complicara. 

Ahora sabemos que Mario Delgado le ofreció una Embajada en Costa Rica y vimos a la Presidenta elogiarlo hasta casi pedirle disculpas, ignorando las denuncias de empleados extorsionados para ser contratados. Salió cinco días después con el oficio de su remoción y 105 plazas para colaboradores que le heredó a su sustituta.

Penosa anécdota de una educación pública en declive, con deserción y menos recursos, sin profesionalización ni proyecto para enfrentar los enormes retos de la globalización y la revolución tecnológica. Desastre que daña las perspectivas del país y las oportunidades de los niños.

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México vs. Argentina: la dignidad laboral

México vs. Argentina: la dignidad laboral

El Ágora

Por Ana Gómez

Desde 2018, México emprendió un viraje profundo en su política laboral. No fue un ajuste menor, ni una reforma técnica. Fue una reconfiguración estructural del trabajo, orientada a restituir derechos históricamente olvidados y a desmontar prácticas precarizaron la vida de millones de mexicanos.

En un país donde la desigualdad se normalizó como paisaje, la agenda laboral del último sexenio se convirtió en uno de los pilares más sólidos de la transformación pública.

La primera gran sacudida llegó en 2019, cuando se aprobó la reforma que garantizó la libertad sindical real y la democracia en la negociación colectiva. Por primera vez en décadas, los trabajadores pudieron elegir a sus representantes mediante voto personal, libre, directo y secreto. Se acabó la era de los contratos de protección, esos acuerdos firmados a espaldas de los trabajadores que blindaban intereses patronales y sindicales cupulares. 

A la par, se transformó el sistema de justicia laboral. Las viejas Juntas de Conciliación y Arbitraje, marcadas por rezagos, opacidad y captura política, dieron paso a tribunales laborales imparciales, con jueces especializados y procedimientos más ágiles. 

Otro pilar fundamental de esta transformación ha sido el incremento histórico del salario mínimo, que prácticamente se ha duplicado en términos reales desde 2018. Lejos de provocar los efectos catastróficos que algunos pronosticaban, el aumento sostenido del salario mínimo se convirtió en una de las políticas públicas más efectivas para recuperar el poder adquisitivo de la clase trabajadora y para que millones de personas salieran de la pobreza laboral.

En 2021, México dio un paso decisivo al regular la subcontratación u outsourcing. Sin extenderse en tecnicismos, la reforma cerró la puerta a esquemas abusivos que simulaban relaciones laborales y privaban a los trabajadores de prestaciones y seguridad social. El resultado fue inmediato, millones de personas recuperaron antigüedad, estabilidad y derechos básicos.

A partir de ahí, el país avanzó hacia sectores históricamente invisibilizados. Un ejemplo emblemático es la reciente reforma para trabajadores de plataformas digitales, como repartidores y conductores de aplicaciones. Por primera vez, se reconoce su derecho a la seguridad social, a la protección frente a riesgos de trabajo y a reglas claras sobre tarifas y algoritmos. 

Este impulso a la dignidad laboral también ha alcanzado a sectores creativos. La industria cinematográfica, históricamente vulnerable a la informalidad y a la falta de garantías laborales, ha comenzado a recibir apoyos renovados. El reciente encuentro entre Salma Hayek y nuestra Presidenta Claudia Sheinbaum, celebrado públicamente el fin de semana, no fue solo un gesto simbólico, sino también reflejó el compromiso de fortalecer un sector que emplea a miles de técnicos, artistas y trabajadores cuya labor suele quedar fuera del foco político. Impulsar el cine es también proteger a quienes lo hacen posible.

En este contexto, la reforma más simbólica, es la que hoy se encuentra en su fase final en la cámara de diputados, hablo de la reducción de la jornada laboral de 48 a 40 horas semanales. 

No se trata de un capricho político ni de una concesión populista, como algunos sectores empresariales han intentado caricaturizar. Es una medida alineada con estándares internacionales, con evidencia científica sobre salud laboral y con una visión moderna del trabajo como espacio que debe coexistir con la vida personal, familiar y comunitaria.

Reducir la jornada no solo mejora la calidad de vida, sino redistribuye el tiempo, ese recurso que, en sociedades desiguales, suele concentrarse en quienes más dinero tienen. 

La reforma reconoce que el bienestar no se mide únicamente en productividad, sino en la posibilidad de vivir con dignidad, descansar, convivir y desarrollarse plenamente. México, uno de los países con las jornadas más largas del mundo, finalmente se mueve hacia un modelo más humano y equilibrado.

El contraste argentino: cuando la “modernización” significa retroceso

Mientras México avanza hacia la ampliación de derechos, Argentina vive un proceso inverso. La reforma laboral impulsada recientemente por su gobierno se presenta bajo el discurso de la “modernización”, pero en los hechos implica una flexibilización regresiva, abaratando el despido, debilitamiento de la negociación colectiva, ampliación de modalidades precarias de contratación, aumentando la jornada laboral a 12 horas e incluso dando la posibilidad de que el salario se pague en especie en lugar de en dinero, es un desplazamiento del poder laboral hacia la discrecionalidad empresarial.

La comparación es inevitable. Mientras México fortalece sindicatos, Argentina los fragmenta. Mientras México reconoce derechos a trabajadores de plataformas, Argentina promueve esquemas más flexibles sin garantías claras. Mientras México discute cómo reducir la jornada para mejorar la vida de las personas, Argentina debate cómo reducir costos a costa de los trabajadores.

México elige un camino distinto

En un contexto global donde la precarización se ha normalizado como estrategia económica, México decidió caminar en sentido contrario. Apostó por la dignidad laboral, por la justicia, por la democratización del trabajo y por la construcción de un modelo donde la productividad no se sostenga sobre el desgaste humano, y esto ha permitido que millones de mexicanos salgan de la pobreza. 

La reducción de la jornada laboral, la regulación del outsourcing, el aumento salario mínimo, el reconocimiento de derechos para trabajadores de plataformas y el impulso a industrias creativas como el cine son más que reformas son mensajes para las y los trabajadores de México. 

Nuestro país está diciendo que el futuro del trabajo no puede construirse sacrificando a quienes lo sostienen, en un continente donde los péndulos políticos suelen oscilar con violencia, esta decisión coloca al país en una ruta distinta, la ruta de los derechos, la ruta del bienestar, la ruta de la dignidad.

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La noche de los doces. Seahawks Campeón del Super Bowl LX

La noche de los doces. Seahawks Campeón del Super Bowl LX

Desde la Tribuna 

Por Laura Sandoval

Hubo una sensación distinta desde el primer golpe. No era sólo la tensión habitual del partido más importante del año. Era algo más profundo, más denso… como si el juego hubiera decidido regresar a su forma más pura. A su esencia más brutal y hermosa.

Este Super Bowl no fue una exhibición ofensiva ni un festival de fuegos artificiales tácticos. Fue una guerra de resistencia. Una batalla donde cada yarda se disputó como territorio sagrado y cada jugada fue una prueba de supervivencia.

Las defensivas dominaron el ritmo del mundo.

No sólo ejecutaron bien: impusieron su voluntad. Presiones que parecían inevitables, coberturas que borraban rutas antes de que existieran, tackleadas que sonaban como sentencias. El tiempo para los quarterbacks se redujo a instantes microscópicos. El margen de error desapareció por completo. El juego no fluía… se conquistaba.

Y en medio de ese campo minado, donde la paciencia era más valiosa que el talento, emergió una de las historias más improbables de la noche: Sam Darnold.

No fue el protagonista que los reflectores esperaban, pero sí el que el momento exigía. Bajo presión constante, leyó coberturas complejas, sobrevivió al colapso del bolsillo y sostuvo la calma cuando el partido parecía desmoronarse en cada serie ofensiva. No construyó su actuación desde la espectacularidad, sino desde la resiliencia. En un juego donde el error significaba muerte competitiva, su serenidad fue una forma de valentía. La sorpresa no fue que jugara bien… fue que jugara como si ese escenario siempre le hubiera pertenecido.

Pero cuando el aire se volvió demasiado hostil para atacar, el destino del partido descendió al terreno más primitivo del fútbol americano: el dominio físico del juego terrestre. Y ahí apareció la fuerza imparable de Kenneth Walker III.

No corrió para avanzar yardas. Corrió para imponer presencia. Cada acarreo fue un impacto, cada contacto una declaración de poder. Mientras las defensivas destruían esquemas en el perímetro, él respondía destruyendo resistencia entre los tackles. Su actuación no sólo acumuló producción… cambió el pulso emocional del juego. Fue el jugador que transformó el desgaste en ventaja, el esfuerzo en control, la fricción en destino. Su nombramiento como MVP no fue un reconocimiento estadístico, sino simbólico: cuando todo se vuelve incierto, el fútbol siempre regresa a quien puede conquistar el suelo.

En medio de la intensidad y la gloria, también hubo espacio para el cierre silencioso de un ciclo. La salida de Klint Kubiak dejó la sensación melancólica que sólo el deporte puede provocar. Los arquitectos del orden rara vez permanecen para contemplar la eternidad que ayudan a construir. Su influencia se percibió en la disciplina, en la estructura, en la precisión con la que cada decisión parecía formar parte de un diseño mayor. No necesitó protagonismo para estar presente. Su legado se expresó en cada ejecución perfecta, en cada ajuste oportuno, en cada momento donde la preparación venció al caos.
Pero en un partido donde todo se peleaba al límite, hubo un territorio donde la precisión no sólo importó… definió el destino.

Los equipos especiales.

Ahí emergió la mente meticulosa de Jay Harbaugh, heredero de una de las grandes dinastías del fútbol americano. Hijo de Jim Harbaugh y tercer eslabón de una familia que convirtió la obsesión competitiva en legado generacional, Jay dirigió la fase más silenciosa del juego con la exactitud de un relojero.

Nada fue improvisado. Nada quedó al azar.
La disciplina fue total. El control emocional, absoluto.

Y en el centro de esa maquinaria perfecta apareció la pierna más serena de la noche: Jason Myers.

En un estadio cargado de tensión, cuando el ruido podía fracturar la concentración de cualquiera, su ejecución fue quirúrgica. Técnica impecable. Respiración controlada. Impacto limpio. Cada intento fue una declaración de dominio mental sobre el caos emocional del momento.

No sólo sumó puntos.
Selló el marcador.
Aseguró el destino.

En un Super Bowl definido por la resistencia, los equipos especiales fueron la confirmación de que la grandeza también vive en los detalles que muchos no ven… pero que todos terminan recordando.

Y entonces, cuando el cuerpo del juego estaba marcado por el desgaste y la tensión acumulada, el estadio dejó de ser un campo de batalla y se transformó en un epicentro cultural.

El medio tiempo llegó… y con el, Bad Bunny.

No fue sólo un espectáculo musical. Fue una afirmación de identidad, de presencia, de energía colectiva. Durante esos minutos, el Super Bowl dejó de ser únicamente deporte para convertirse en un escenario global donde la cultura respiró con intensidad propia. Ritmo, luces, movimiento… pero sobre todo significado. No fue una pausa en la guerra deportiva, sino un recordatorio de que este evento ya pertenece al mundo entero, a sus voces, a sus símbolos, a sus generaciones.

Cuando el juego volvió, algo había cambiado. No sólo en el marcador, sino en la atmósfera. El Super Bowl había mostrado sus dos almas: la del combate físico absoluto y la del espectáculo cultural sin fronteras.

Y al final, eso fue lo que definió esta noche histórica.

No será recordada por una sola jugada ni por un instante aislado de genialidad. Será recordada por la resistencia colectiva de dos defensivas que transformaron el juego en arte estratégico. Por la serenidad inesperada de un quarterback que desafió su propia narrativa. Por la fuerza terrestre de un corredor que impuso la ley del contacto. Por la despedida silenciosa de un arquitecto del sistema. Por la precisión implacable de unos equipos especiales que aseguraron el destino. Y por un espectáculo de medio tiempo que convirtió al estadio en el centro del pulso cultural del planeta.

Fue un Super Bowl que no sólo se jugó… se vivió como un mito.

Una noche donde el fútbol regresó a su esencia más cruda y, al mismo tiempo, abrazó su dimensión más universal.

Una noche de resistencia, precisión y legado.

Una noche destinada a ser recordada para siempre.

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Scherer contraataca

Scherer contraataca

La podredumbre no para.

El 11 de febrero salió a la venta Ni venganza ni perdón, libro de Julio Scherer Ibarra y Jorge Fernández Menéndez. El prólogo explica que la publicación es producto de largas conversaciones del ex consejero jurídico con su amigo periodista sobre la estrecha relación de aquél con López Obrador, desde que lo conoció en 1997.

Ahí aprovecha para dar respuesta a señalamientos en su contra, provenientes del círculo más cercano del entonces Presidente, al que él también pertenecía, haciendo a su vez acusaciones muy graves. Fuego amigo cruzado con Jesús Ramírez Cuevas, Olga Sánchez Cordero y Alejandro Gertz Manero.

El texto recién salido merece extenso análisis, pero una joya que adelantaron antes de su publicación basta para dimensionar el golpe demoledor que le asesta al obradorato. El testimonio de Scherer confirma lo que tanto han negado: el crimen organizado financia a Morena.

Apoyado en información de inteligencia, cuenta que Ramírez Cuevas, vocero de López Obrador y actual coordinador de asesores de Sheinbaum, introdujo al entorno presidencial a Sergio Carmona, El Rey del Huachicol, que para 2020 controlaba la tercera parte del mercado negro de combustibles en la frontera, y lo presentó con Mario Delgado, entonces presidente del partido oficial, para que apoyara con dinero ilegal campañas en Tamaulipas, Sinaloa y Sonora, lo cual es investigado en Estados Unidos.

En ambos lados se cuecen habas y Scherer no es un querubín. La operación de cañerías, así como el uso del cargo y sus relaciones a favor de intereses privados marcaron su gestión. El abogado Paulo Diez lo denunció penalmente y fue señalado por vender sentencias, aprovechando su cercanía con Arturo Zaldívar.

Ni a cual irle, se acusan unos a otros de todo y a ninguno le falta razón. Sumen la casa de bolsa cerrada de Alfonso Romo por lavar dinero y el escándalo del huachicol fiscal operado por los sobrinos del almirante Rafael Ojeda.

Con López Obrador llegó la mafiocracia.

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Super Bowl: identidad en resistencia 

Super Bowl: identidad en resistencia 

El Ágora

Por Ana Gómez

El Super Bowl 2026 ofreció un buen espectáculo deportivo, pero sería ingenuo fingir que el partido fue lo más relevante de la noche. 

Estados Unidos está atravesado por discursos de odio, políticas excluyentes y un resurgimiento del racismo sin disimulo, el encuentro entre Patriots y Seahawks terminó siendo apenas el telón de fondo de un mensaje cultural que incomodó a quienes insisten en un país que ya no existe.

La narrativa deportiva quedó pequeña frente a la potencia simbólica del medio tiempo, que para muchos, fue precisamente el problema.

Bad Bunny

La presentación de Bad Bunny no fue solo un show, fue una irrupción política. Un artista latino, cantando en español, en el evento televisivo más visto del país, es un recordatorio incómodo para quienes preferirían que la diversidad se mantuviera en silencio. 

Su estética caribeña, su identidad sin concesiones y su mensaje directo fueron una bofetada simbólica a la narrativa que pretende reducir a los latinos a mano de obra barata o a un “problema migratorio”.

En un país donde se criminaliza a migrantes, se levantan muros y se normaliza el discurso xenófobo, ver a un latino dominar el escenario del Super Bowl es un acto de resistencia cultural.

Lady Gaga

La presencia de Lady Gaga fue más que un gesto artístico, fue una postura. Una de las figuras más influyentes de la música estadounidense decidió acompañar, amplificar y legitimar un mensaje latino en un momento en el que hacerlo implica tomar partido. Gaga no apareció para suavizar el espectáculo, sino para subrayar que la cultura estadounidense no tiene por qué alinearse con la intolerancia.

Su colaboración con Bad Bunny mostró que dos identidades pueden encontrarse sin jerarquías, sin apropiación y sin miedo. Fue un recordatorio de que la cultura puede ser un puente cuando la política insiste en ser un muro.

Trump 

La reacción de Donald Trump fue tan predecible como reveladora. Calificó el espectáculo como “terrible” y criticó que estuviera en español diciendo que “Nadie entiende una palabra de lo que dice este tipo”. No habló de música, habló de identidad. Su molestia no fue estética, sino fue ideológica.

Trump expresó lo que una parte del país piensa pero no siempre dice en voz alta, que la presencia latina les incomoda, que la diversidad les amenaza, que un show en español es una afrenta a su idea de nación. Su reacción dejó claro que el racismo no es un accidente, sino una herramienta política que sigue rindiendo frutos.

Pero también dejó claro que la cultura está avanzando más rápido que la política.

Sheinbaum

En medio de este escenario, la postura del gobierno de México y de nuestra Presidenta Claudia Sheinbaum adquiere un peso particular. No porque hayan opinado sobre el espectáculo, sino porque su posición general frente a la comunidad migrante contrasta abiertamente con la hostilidad que se escuchó desde Washington.

La Presidenta con su frase: “Muchos símbolos y, en efecto, el mejor antídoto contra el odio, es el amor”, deja claro que un país donde millones de mexicanos viven bajo la sombra del racismo, ese mensaje importa

México ha insistido en la dignidad, los derechos y la aportación de los migrantes. Ha defendido que la identidad cultural no debe ser motivo de discriminación, sino un elemento de cohesión. En un momento en el que un artista latino es atacado por cantar en español, esa postura se vuelve un contrapeso necesario.

Sheinbaum ha reiterado que México no permitirá que se criminalice a sus comunidades en el exterior y que la defensa de los migrantes es una responsabilidad de Estado. 

Un país dividido

El Super Bowl LX no solo entretuvo, sino que mostró un Estados Unidos fracturado entre quienes abrazan la diversidad y quienes la temen. Entre quienes entienden que la cultura evoluciona y quienes quieren congelarla en una versión idealizada del pasado.

La presentación de Bad Bunny y Lady Gaga fue un recordatorio de que la identidad latina no solo está presente, sino que está influyendo, transformando y reclamando su lugar. 

Porque lo que ocurrió en ese escenario no fue solo música, fue una declaración y un desafío. Fue un recordatorio de que, pese a los muros físicos y simbólicos, la cultura latina sigue avanzando y a pesar de las adversidades lo seguirá haciendo.

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Super Bowl 60: La batalla final del invierno por la gloria

Super Bowl 60: La batalla final del invierno por la gloria

Desde la Tribuna

Por Laura Sandoval

Hay partidos que no se juegan con cifras, sino con historias. El Super Bowl 60 no enfrenta únicamente a dos equipos con talento de élite, sino a dos formas de entender la NFL contemporánea: la audacia ofensiva como vehículo del espectáculo y la solidez defensiva como cimiento del campeonato. Es un duelo de filosofías, de liderazgos y de contextos históricos que convergen en el escenario más grande del deporte, en un momento donde el fútbol americano no puede aislarse del pulso social que atraviesa a Estados Unidos.

Antes de hablar de quarterbacks, hay que hablar de las mentes que los dirigen. Mike Vrabel ha devuelto a su equipo una identidad que parecía diluida: dureza, disciplina y una obsesión por el detalle defensivo que hoy le valieron reconocimiento y prestigio. Su premio no es solo un galardón individual, sino la confirmación de que la defensa, la cultura y la autoridad emocional siguen siendo caminos válidos hacia el campeonato. A su lado, Josh McDaniels vuelve a consolidarse como uno de los arquitectos ofensivos más influyentes de su generación. El reconocimiento a su trabajo valida una idea clara: la creatividad solo funciona cuando se combina con estructura y lectura precisa del talento disponible.

En ese contexto emergen los quarterbacks, figuras centrales de este Super Bowl 60. De un lado, Drake Maye, el joven pasador que simboliza el futuro inmediato de la liga, con un brazo privilegiado, movilidad y la valentía de quien todavía no carga con cicatrices profundas. Su presencia en este escenario marca el tránsito definitivo de promesa a figura franquicia. Del otro lado, un quarterback que llega desde la redención, tras años de dudas y cambios, Sam Darnold, convertido hoy en líder absoluto. Su camino recuerda que la NFL también es una liga de resistencia mental, donde sobrevivir puede ser tan valioso como brillar.

Los quarterbacks, no caminan solos. Los receptores se han convertido en extensiones de su pensamiento. En este Super Bowl, los playmakers exteriores vuelven a ser determinantes: capaces de romper coberturas, cambiar inercias y forzar ajustes defensivos que alteran por completo el guión del partido. No se trata solo de estadísticas, sino de presencia escénica en los momentos donde el juego exige personalidad. Caso sobresaliente de Jaxon Smith-Njigba que fue galardonado como el ofensivo del año.

Y aun así, la historia del Super Bowl insiste en una verdad incómoda: el espectáculo ofensivo puede derrumbarse ante una defensa preparada. Ambas unidades defensivas llegan con identidad clara, presión constante y la capacidad de provocar errores en el instante exacto. En un partido de esta magnitud, una intercepción, un sack o un balón suelto pesan más que cualquier serie perfecta. La defensa no será un actor secundario; será juez y verdugo en múltiples momentos del choque.

Pero el Super Bowl 60 trasciende lo deportivo. La narrativa se amplifica cuando se observa el contexto social que rodea al evento. En un país marcado por la tensión migratoria y el endurecimiento de políticas de agencias como ICE, la presión sobre las comunidades latinas es una realidad ineludible que convive con la celebración mediática de la NFL. En ese telón de fondo, la presencia de talento latino en los rosters adquiere un peso simbólico imposible de ignorar: como el de Andy Borregales e Elijah Arroyo, no son figuras decorativas, sino protagonistas reales de un deporte que ya no puede desligarse de las narrativas de identidad y diversidad.

Esa presencia latina se siente aún más y se vuelve más palpable en el espectáculo de medio tiempo. En esta edición, Bad Bunny encabezará el show de Medio Tiempo del Super Bowl 60, un hecho inédito y de enorme impacto cultural.

El artista puertorriqueño llega al escenario musical más visto del planeta en un momento de forma excepcional, tras dominar las listas globales y recoger premios significativos que ratifican su alcance internacional. Su presentación, programada para durar alrededor de 12 a 15 minutos inmediatamente después del segundo cuarto, es uno de los puntos más comentados de este Super Bowl. Se espera un show que celebre la cultura latina, integrando ritmos, baile y una energía que rompa con lo tradicional y convoque a una audiencia diversa y global. Aunque Bad Bunny ha mantenido en secreto los detalles de su setlist, ha insistido en que será una “gran fiesta” donde la música, el baile y la conexión emocional serán los protagonistas, y ha invitado a que los espectadores simplemente se entreguen al ritmo, subrayando que no es necesario hablar español para sentirse parte de su espectáculo. 

Este medio tiempo no es un simple interludio entre cuartos, sino un momento histórico donde la música y el deporte convergen. En una era donde las discusiones sobre inmigración y pertenencia están vigentes, ver a un artista latino llevando su cultura al corazón del entretenimiento estadounidense es un símbolo poderoso. Representa que, aun cuando miles enfrentan incertidumbres legales y sociales, la creatividad latinoamericana ocupa un lugar central en la narrativa global.

La moneda está en el aire y cuando el balón se eleve y la pasión de millones se concentre en esas yardas finales, el Super Bowl 60 no será solo un juego más; será la definición de una era. Este domingo, en el Levi’s Stadium de Santa Clara, se enfrentan no solo dos franquicias con historias rivales, sino dos visiones del deporte que hablan de control, rebeldía y destino, sin duda el Super Bowl 60 será recordado como uno de los grandes capítulos del deporte y la cultura global.  

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Obradorato

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Solo les importa el poder.

El recuento de los daños es inmenso y se pondrá peor. En México ya no hay división de poderes, ni contrapesos. Los equilibrios se rompieron y ni siquiera la ley sirve de límite porque los poderosos la violan a contentillo sin consecuencias.

El poder se ha concentrado tanto que una sola fuerza controla, a nivel federal y en la inmensa mayoría de los estados, policías, ministerios públicos y jueces. La justicia está al servicio de un solo grupo político que, a su vez, responde a un mando dual no simétrico. Uno despacha en Palacio Nacional y el otro gira órdenes desde las sombras. Siempre acaban poniéndose de acuerdo porque el poder formal nunca desafía al poder real.

Eso explica por qué Adán Augusto no se fue cuando quería Sheinbaum sino hasta que López Obrador consintió darle esa victoria como control de daños, tras difícil inicio de año con intenso desgaste presidencial. Pero se va manteniendo el fuero y sin ser investigado; el pacto de Impunidad es lo que cohesiona al régimen.

Los ataques a la libertad de expresión son cada vez más graves y frecuentes. Pervirtieron la figura de violencia política de género para perseguir periodistas y perfilan hacer lo mismo con los derechos de las audiencias para censurar medios.

Usan el SAT, la UIF y la Fiscalía para intimidar y alinear empresarios. El crimen organizado ha penetrado al Estado mexicano hasta la médula, financia campañas y opera a favor del partido oficial a cambio de cargos, presupuestos, control de policías y libertad de acción. Eso explica el crecimiento de la extorsión por derecho de piso en todo el país, incluyendo la capital.

Ya controlan los órganos electorales y solo les falta ponerlela cereza al pastel autoritario con la Ley Maduro que busca, según lo adelantado por Pablo Gómez, reducir la pluralidad, aumentar la inequidad y apoderarse de la organización y el cómputo de las votaciones. Quieren perpetuarse en el poder a cualquier costo y eso lleva a la dictadura.

Fernando Belaunzarán en Instagram: @fer_belaunzaran, en X: @ferbelaunzaran

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