El precio de los sueños: cuando el football deja de ser un juego

El precio de los sueños: cuando el football deja de ser un juego

Desde la Tribuna 

Por Laura Sandoval

Hay algo profundamente nostálgico en el football americano.

Tal vez porque quienes crecimos amándolo no solamente recordamos partidos. Recordamos domingos. Recordamos jerseys. Recordamos voces en la televisión, estadios llenos, jugadores que parecían inmortales y aquellas jugadas que se quedaron para siempre en nuestra memoria.

Recordamos al niño que alguna vez vio un partido y pensó: “Yo quiero ser como él.”

Porque el football también es eso.

Es una fábrica de sueños.

Para miles de niños, especialmente aquellos que nacen en circunstancias difíciles, el football puede representar una salida. Una beca universitaria. Una oportunidad. Un boleto que los lleva de un barrio donde quizá no había demasiado, hasta una universidad, un estadio, una carrera profesional y, en algunos casos, una vida completamente distinta.

El football cambia vidas.

Y precisamente por eso resulta tan difícil hablar de su lado más oscuro.

Esta semana, un nuevo estudio publicado en The BMJvolvió a abrir una herida que el football lleva años intentando entender. Los investigadores analizaron a exjugadores de la NFL fallecidos entre 2016 y 2021. De 878 jugadores que murieron durante ese periodo, 235 donaron sus cerebros para investigación y 215 presentaron evidencia de encefalopatía traumática crónica, conocida como CTE.

Eso significa que la estimación mínima de prevalencia fue de 24.5%.

Al menos uno de cada cuatro.

Y esa frase debería obligarnos a detenernos.

Porque detrás del número no hay estadísticas.

Hay nombres.

Hay familias.

Hay hijos.

Hay esposas.

Hay padres.

Hay compañeros de equipo.

Hay hombres que alguna vez entraron a un estadio frente a decenas de miles de personas y escucharon una ovación que parecía capaz de detener el tiempo.

Y que años después pudieron terminar luchando contra una enfermedad que no aparece en una fotografía, que no siempre puede verse en una resonancia y que, hasta hoy, solamente puede diagnosticarse definitivamente después de la muerte.

El CTE es uno de los grandes claroscuros del football.

Por un lado está la espectacularidad.

El golpe.

La velocidad.

La estrategia.

El touchdown.

El quarterback lanzando en el último segundo.

El linebacker destruyendo una jugada.

El estadio rugiendo.

La televisión convirtiendo cada domingo en un espectáculo global.

Y detrás de todo eso existe una industria multimillonaria.

La NFL es uno de los negocios deportivos más poderosos del planeta.

Pero el negocio no comienza en la NFL.

Comienza mucho antes.

En las universidades.

En las preparatorias.

En los programas juveniles.

En los niños que comienzan a jugar soñando con una beca.

El football universitario mueve dinero, audiencias, patrocinios, derechos de televisión y construye marcas que representan millones de dólares.

Y la NFL recibe a muchos de esos jóvenes convertidos en atletas extraordinarios.

El sistema funciona.

El sueño funciona.

La maquinaria funciona.

Y funciona extraordinariamente bien.

El problema aparece cuando nos preguntamos cuánto cuesta realmente ese sueño.

Porque durante décadas celebramos la capacidad del jugador para levantarse después de un golpe.

“Es parte del juego.”

“Así es el football.”

“Los hombres de verdad juegan con dolor.”

Frases que alguna vez fueron símbolos de fortaleza y que hoy debemos mirar con otros ojos.

Porque quizá uno de los mayores errores del football fue confundir resistencia con invulnerabilidad.

Un jugador puede ser físicamente indestructible durante tres horas un domingo y, al mismo tiempo, estar acumulando silenciosamente las consecuencias de cientos o miles de impactos a lo largo de su vida.

Y aquí aparece una de las revelaciones más importantes de este estudio: buena parte de los impactos que estos jugadores recibieron no necesariamente ocurrió en la NFL.

También ocurrieron en la universidad.

En la preparatoria.

Incluso en etapas juveniles.

Es decir, el problema no pertenece exclusivamente a la liga profesional.

Pertenece a todo el ecosistema del football.

Y eso cambia la conversación.

Porque no se trata de dejar de amar el football.

Se trata de dejar de romantizar aquello que puede destruir a quienes lo practican.

El football puede ser una extraordinaria herramienta de movilidad social.

Puede enseñar disciplina, trabajo en equipo, responsabilidad, liderazgo y resiliencia.

Puede darle una beca a un joven que jamás imaginó entrar a una universidad.

Puede convertir a un muchacho desconocido en un héroe.

Puede transformar una familia.

Pero también puede dejar heridas que aparecen cuando los reflectores ya se apagaron.

Y quizá esa sea la parte más dolorosa.

Nosotros recordamos al jugador en su mejor momento.

Recordamos el jersey.

La fotografía.

El touchdown.

El campeonato.

El número retirado.

La entrada al Salón de la Fama.

Pero la familia conoce otra historia.

Conoce al hombre después del estadio.

Al padre que empieza a olvidar.

Al esposo que cambia de personalidad.

Al exjugador que ya no reconoce a quienes estuvieron a su lado.

Al hombre que alguna vez fue celebrado por miles y que, en el ocaso de su vida, puede terminar enfrentando en silencio las consecuencias de aquello que alguna vez lo convirtió en héroe.

Ahí está el verdadero horror.

No en el golpe.

Sino en lo que puede venir después.

El football nos ha regalado personajes inolvidables.

Hombres que llegaron de lugares donde parecía imposible llegar y terminaron convertidos en leyendas.

Historias de superación que justifican por qué millones de personas seguimos enamoradas de este deporte.

Pero una historia de amor también debe ser capaz de reconocer aquello que duele.

Y quizá hoy el football tenga que preguntarse algo incómodo:

¿Podemos seguir haciendo crecer el negocio sin seguir heredando el costo a las generaciones que vienen?

La respuesta no debería ser abandonar el deporte.

Debería ser hacerlo mejor.

Reducir los impactos innecesarios.

Cambiar prácticas.

Proteger a los jóvenes.

Investigar más.

Escuchar a los exjugadores.

Acompañar a sus familias.

Y entender que un jugador no deja de ser responsabilidad del football cuando abandona el estadio.

Porque un contrato termina.

Una carrera termina.

Un uniforme se guarda.

Pero las consecuencias pueden durar toda una vida.

Quizá algún día, cuando volvamos a mirar aquellas viejas fotografías en blanco y negro, cuando escuchemos una narración que nos devuelva a un domingo de nuestra infancia y cuando veamos a aquel jugador correr hacia la zona de anotación, podamos sentir la misma emoción de siempre.

Pero también una nueva conciencia.

Porque detrás de cada casco hay una persona.

Detrás de cada golpe hay un riesgo.

Y detrás de cada leyenda hay una vida.

El football nos enseñó a admirar a los hombres que podían levantarse después de caer.

Ahora le toca al football aprender algo mucho más difícil:

protegerlos antes de que sea demasiado tarde.

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El motín de Rocha Moya

Lo dejaron solo, pero impune y con poder.
Después de que aterrizara Fernando Farías en México, Rubén Rocha Moya regresó a la gubernatura de Sinaloa. El sorpresivo anuncio era una provocación, no solo para los sinaloenses que padecen las consecuencias de su colusión y desgobierno, sino para el país entero que repudia su impunidad y, por supuesto, para Estados Unidos que busca juzgarlo en Nueva York y cuya intervención fue fundamental para que Argentina entregara al vicealmirante que le causa insomnio a Andy.

Los voceros del régimen se apresuraron a felicitar al gobernador, insistiendo en la mentira de la falta de pruebas.A pesar de que la televisión pública alemana DW, acaba de transmitir un documental sobre la participación criminal en la elección de Rocha de 2021.

Pero pronto tuvieron que recular, desnucándose con la maroma.

Frente a la ola de deslindes y un tuit de la Presidenta en el que, sin mencionarlo, cuestiona a quienes ponen por delante el interés personal, Rocha Moya pidió de nuevo licencia.

Duró solo 34 horas en el cargo y se confirmó que su reputación no tiene salvación. Sin embargo, sigue gozando de impunidad y la sustituta nombrada, Graciela Domínguez, lo acompaña desde la Universidad de Sinaloa y estuvo con él en su paso por el PRD. Fue su secretaria de Educación y la promovió a la diputación federal, desde donde lo apoyó, descalificando las acusaciones en su contra. Rocha se fue, pero el rochismo permanece.

Si el motín del efímero retorno buscaba mantener la protección del obradorato e incidir en la sucesión, cada día que pasa sin que Rocha Moya sea entregado a Estados Unidos demuestra que lo logró.

Inzunza conservará el fuero en una salida pactada de la bancada y la FGR quiere que Fausto Corrales, asistente de Melesio Cuén, cargue con el montaje de la gasolinera, exonerando a la entonces fiscal, Sara Bruna Quiñonez.

Rocha es un cadáver político, cuya impunidad incrimina a Morena, pero no le tocan ni un pelo. Imagínense lo que sabe.

Fernando Belaunzarán en Instagram: @fer_belaunzaran, en X: @ferbelaunzaran

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Nadie por encima del movimiento

Nadie por encima del movimiento

El Ágora

por Ana Gómez

El caso de Rubén Rocha Moya se convirtió, sin quererlo, en una prueba de carácter para la Cuarta Transformación. El gobernador de Sinaloa, señalado desde abril por una acusación de la fiscalía del Distrito Sur de Nueva York, pidió licencia, se ausentó 112 días y el 21 de agosto reapareció sin avisar a nadie para retomar el cargo. Poco más de treinta horas después volvió a pedir licencia, ahora indefinida. Entre el ir y venir quedó una certeza. Cada movimiento fue suyo y de nadie más.

Conviene subrayarlo, porque ahí está el fondo del asunto. No hubo instrucción del partido, ni gestión desde Palacio Nacional, ni una jugada coordinada desde arriba. Hubo un gobernador tomando decisiones por su cuenta, y un movimiento que, en lugar de seguirlo, marcó distancia.

Una decisión personal

La reacción del gobierno federal y de Morena fue clara y, para los estándares de la política mexicana, inusual. Morena informó por escrito que “no tuvo conocimiento previo de la decisión personal del gobernador”. La Secretaría de Gobernación repitió la fórmula y habló de una “decisión personal”. No hubo cobijo, no hubo el clásico cierre de filas, no hubo el viejo reflejo de proteger al de casa a cualquier costo.

La presidenta Claudia Sheinbaum fue todavía más directa. El sábado escribió una frase que funciona casi como línea editorial de todo el sexenio. “Ningún interés personal puede estar jamás por encima de los intereses del pueblo y de la Nación”. Dos días después, en la mañanera, calificó el regreso de Rocha de “imprudente” y “no pertinente”, y aclaró que se enteró “por la publicación del propio gobernador”. Nadie le avisó. Nadie salió a defenderlo. Dentro del propio Morena, voces como la de Ricardo Monreal le pidieron abiertamente reconsiderar mientras la Fiscalía General de la República concluye sus investigaciones. Esa distancia no es un detalle menor. Es, en los hechos, una definición.

Más grande que un nombre

Para dimensionarlo hay que mirar hacia atrás. Durante décadas, cuando un gobernador quedaba embarrado, el sistema entero se movía para blindarlo. El fuero servía de escudo, el partido de coartada, el presidente de padrino. El poder se organizaba alrededor de las personas, y las personas se volvían intocables. Un gobernador incómodo no se soltaba; se protegía, se negociaba, se escondía debajo de la alfombra hasta que pasara la tormenta.

Lo que se vio con Rocha apunta en otra dirección. Ni la presidenta ni el partido salieron a cargarlo en hombros. Al contrario, tomaron distancia y dejaron que las instituciones, la FGR y el Congreso de Sinaloa, siguieran su curso. El mensaje, dicho sin adornos, es que nadie está por encima del proyecto. Ni un gobernador, ni un fundador, ni un histórico.

Y ahí hay una idea que vale la pena defender. Un movimiento que se sostiene en una sola figura es frágil, porque cae con ella. Basta derribar a una persona para derribarlo todo. Un proyecto que se sostiene en una idea, la de gobernar para las mayorías, puede sobrevivir a los errores, y hasta a las traiciones, de cualquiera de sus integrantes. Esa parece ser la apuesta de fondo de la Cuarta Transformación, no depender de ningún indispensable, no tener un solo hombre imprescindible cuya caída signifique la caída del conjunto.

Lo que falta

Ahora bien, tomar distancia no es lo mismo que hacer justicia, y sería un error confundir una cosa con la otra. Mientras se resuelve el futuro político de Rocha, Sinaloa sigue sangrando. Los homicidios en el estado crecieron cerca de 75 por ciento en 2025, el mayor incremento del país; miles de empleos se perdieron entre cierres y desplazamientos; y el asesinato de Héctor Cuén, ocurrido el mismo día del secuestro de Ismael “El Mayo” Zambada, todavía carga contradicciones que nadie ha terminado de aclarar.

El desmarque político es un buen comienzo, pero no puede ser el punto final. La vara con la que se medirá a la Transformación no es la rapidez con la que suelta a un gobernador incómodo, sino la seriedad con la que investiga y la paz que le devuelve a un estado exhausto. Distanciarse de una persona es fácil cuando esa persona ya se volvió un problema; lo difícil, y lo verdaderamente valioso, es garantizar que las víctimas no se queden esperando justicia.

Por eso conviene celebrar lo que hay que celebrar sin perder el piso. Que Morena y la presidenta hayan preferido el proyecto por encima de la lealtad personal dice algo bueno sobre la naturaleza de este movimiento. No es propiedad de nadie y no cabe en una sola persona. Pero esa misma firmeza tiene que llegar hasta donde de verdad duele. Un movimiento se pone a prueba no cuando todo marcha bien, sino cuando alguien de casa se equivoca. La primera parte del examen, no taparlo, parece resuelta. Falta la más importante, que es la justicia para las víctimas y la seguridad para quienes, en Sinaloa, llevan dos años viviendo bajo el fuego.

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NFL: Pretemporada con tintes de premonición

NFL: Pretemporada con tintes de premonición

Desde la Tribuna

Por Laura Sandoval

Hay una frase que se repite cada agosto: “Es solamente pretemporada”. Y sí, lo es. Los partidos no cuentan en la clasificación, los titulares juegan poco y los entrenadores esconden buena parte de su libreto.

Pero decir que la pretemporada no importa sería equivocarnos.

Porque estos partidos no están diseñados para decirnos quién ganará el Super Bowl. Están diseñados para mostrarnos quién está listo, quién está creciendo y quién empieza a quedarse sin argumentos.

Después de lo visto en estas primeras semanas de la pretemporada 2026, hay una conclusión que me parece especialmente interesante: la NFL está entrando en una etapa donde la profundidad de los rosters puede ser tan determinante como el talento de sus estrellas.

Y ahí está una de las historias que menos titulares genera.
El quarterback no juega solo.
El caso más evidente es Las Vegas.

Fernando Mendoza llegó a la NFL con una etiqueta gigantesca: primera selección global y ganador del Heisman. En su debut mostró cosas interesantes; ante Houston, en cambio, tuvo una noche complicada. Lanzó una intercepción que terminó en touchdown, sufrió presión constante y terminó la primera mitad con 8 completos de 15 intentos para 86 yardas.

¿Es momento de preocuparse? No.

¿Es momento de observar? Absolutamente.

Porque el verdadero debate no debería ser si Mendoza es “bueno” o “malo”. El debate debería ser si los Raiders tienen la estructura necesaria para permitir que un quarterback novato aprenda sin convertir cada error en una sentencia.

La NFL no perdona las malas líneas ofensivas. Tampoco perdona a los equipos que creen que un quarterback joven puede resolverlo todo.

Y Mendoza acaba de recordarnos algo que a veces olvidamos: ser la primera selección no te convierte automáticamente en un quarterback terminado.
La profundidad también gana partidos.

Los 49ers dieron otro mensaje.

San Francisco aplastó 41-17 a los Chargers, mientras que los quarterbacks titulares apenas estuvieron una serie.

¿Significa que los 49ers son mejores que los Chargers? Por supuesto que no.

Pero sí significa que hay jugadores intentando convertir sus oportunidades en boletos para septiembre.

La pretemporada es, en realidad, una guerra silenciosa.

Mientras nosotros discutimos quién será MVP, quién llegará al Super Bowl o qué quarterback tendrá mejores números, cientos de jugadores están intentando demostrar que merecen ocupar uno de los 53 lugares de un roster.

Y quizá esa sea la historia más humana de agosto.

Para una superestrella, un mal partido puede ser anecdótico.

Para un jugador que pelea por su puesto, un buen cuarto puede cambiarle la carrera.

El fenómeno de los quarterbacks jóvenes en esta pretemporada también nos está regalando una narrativa irresistible: una nueva generación de quarterbacks está tocando la puerta.

Fernando Mendoza, Ty Simpson, Drew Allar y otros jóvenes han comenzado a llamar la atención. Ty Simpson, por ejemplo, tuvo una presentación particularmente eficiente en su debut con los Rams, completando 21 de 25 pases para 190 yardas y dos touchdowns.

Pero aquí viene la advertencia.

No convirtamos tres partidos de agosto en una carrera hacia el Salón de la Fama.

La historia de la NFL está llena de quarterbacks que dominaron la pretemporada y desaparecieron cuando llegaron los partidos importantes.

La pregunta correcta no es: ¿Quién está jugando espectacular?
La pregunta correcta es: ¿Quién está tomando mejores decisiones?

Porque cuando llegue septiembre, los coordinadores defensivos no regalarán ventanas. Las coberturas serán más complejas, las defensas jugarán con mayor intensidad y cada error tendrá consecuencias.

Mientras los jóvenes reciben los reflectores, los veteranos están jugando otro partido.

Kirk Cousins y Fernando Mendoza protagonizan una competencia intensa y particularmente interesante en Las Vegas. Mendoza tiene el futuro pero Cousins tiene experiencia. Y el entrenador Klint Kubiak ha decidido mantener abierta la competencia. 

Eso plantea una pregunta que puede generar conversación: ¿Qué debe priorizar un equipo que quiere ganar ahora, experiencia o futuro?

No existe una respuesta universal.

Porque la NFL no es una liga de paciencia infinita.

Los aficionados quieren desarrollo, pero también quieren victorias.

Los dueños quieren construir para cinco años, pero también quieren resultados esta temporada.

Y los entrenadores saben que en esta liga puedes tener razón sobre el futuro y aún así perder tu trabajo en el presente.

El verdadero espectáculo está en la banca.

Quizá por eso deberíamos cambiar nuestra forma de mirar la pretemporada.

No mirar únicamente al quarterback.
Mirar al liniero que está entrando en el segundo cuarto.
Al receptor que consigue tres recepciones y aparece en equipos especiales.
Al cornerback que intercepta un pase cuando nadie estaba hablando de él.
Al corredor que está peleando por ser el tercero del depth chart.
A ese jugador que, dentro de diez días, puede estar recibiendo una llamada de otro equipo porque su actuación llamó la atención de un scout.

La NFL está llena de historias así.
Y muchas comienzan en agosto.

Dallas también merece atención ¡Por cierto!

Los Cowboys llegan a esta etapa después de una victoria 17-7 sobre Seattle el actual campeón y tienen otra prueba frente a Arizona.

Pero más que preguntarnos cuántos partidos ganarán en pretemporada, habría que preguntarnos algo mucho más interesante:
¿Qué Cowboys llegarán vivos al 53?
Porque el verdadero partido está ocurriendo detrás del marcador.
Cada repetición está construyendo jerarquías.
Cada error está modificando decisiones.
Cada joven que aparece está poniendo presión sobre un veterano.

Y con el corte definitivo del roster acercándose, la tensión aumentará sus decibeles todavía más. La NFL contempla que los equipos reduzcan sus plantillas a 53 jugadores el próximo 30 de agosto.

Agosto no predice septiembre… pero sí revela cosas.
Ese es para mí, el gran aprendizaje de esta pretemporada.
No debemos tomar los resultados literalmente. Pero tampoco debemos ignorarlos.

La pretemporada no nos dice quién será campeón.
Nos dice quién está creciendo.
Nos enseña qué posiciones tienen problemas.
Nos muestra qué equipos tienen profundidad.
Nos presenta a los desconocidos que pueden convertirse en protagonistas y sobre todo, nos recuerda que la NFL no empieza cuando llega septiembre.

Empieza mucho antes.
Empieza cuando un novato se pone el casco por primera vez.
Cuando un veterano pelea por conservar su lugar.
Cuando un entrenador decide darle una oportunidad a alguien que nadie tenía en el radar.
Y cuando un jugador entiende que quizá tenga solamente 30 jugadas para cambiar su vida.

Por eso, quizá la pregunta no sea si debemos tomarnos en serio la pretemporada.
La pregunta es: ¿Estamos mirando los partidos con los ojos correctos?

Porque mientras nosotros esperamos que regresen las grandes estrellas… la NFL está buscando a sus próximas.

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De Ruffo a Andy

De Ruffo a Andy

Están peor que Díaz Ordaz.
La manipulación política de la justicia en México es notoria, ni siquiera se preocupan por disimular. Sheinbaum condena adversarios y exonera correligionarios sin ningún rubor desde Palacio Nacional. Ejemplos sobran, pero ninguno es tan nítido y didáctico como el trato diferenciado a Ernesto Ruffo y Andy López Beltrán.

La presidenta conculcó la presunción de inocencia de Ruffo al grado de afirmar que ya había sido juzgado, mentira que sintoniza con la campaña mediática y digital del oficialismo para presentarlo como culpable, aunque el caso no tiene pies ni cabeza.

Sabían que le habían cancelado la visa a Andy y que, de hacerse público, lo relacionarían con el huachicol fiscal. Por eso salió intempestivamente de la dirección de Morena en busca de fuero y, para emparejar cartones, convirtieron al primer gobernador de oposición en chivo expiatorio, fabricándole delitos por un asunto que él ya había aclarado por iniciativa propia.

No les bastó con detenerlo, lo llevaron a un penal de alta seguridad a pesar de sus 74 años y sus problemas de salud, donde lo tienen prácticamente incomunicado y cada visita es un viacrucis.

Ernesto Ruffo no es rico y vive modestamente, siempre ha sido una persona sencilla y su familia requiere de colectas para pagar la defensa.

Nada que ver con el ostentoso estilo de vida de Andy, un junior cuya riqueza no ha explicado, pero la presidenta, los gobernadores, las mayorías legislativas y el partido hegemónico insisten en convertir en mártir de la soberanía porque le revocaron una visa.

La Fiscalía Carnal se apresuró a exonerarlo con mentiras, negando los testimonios del expediente que lo implican en el huachicol fiscal.

Para eso se hicieron de todo el poder, para determinar quién es culpable y quién es inocente, aunque el culpable sea inocente y el inocente culpable. Ernesto Ruffo es preso político de quien se dice “hija del 68”. No importa que la decisión se haya tomado en Palenque, la responsabilidad es suya.

Fernando Belaunzarán en Instagram: @fer_belaunzaran, en X: @ferbelaunzaran

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Villa Juárez ¿municipio 12?

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El Ágora 

Por Ana Gómez 

Aguascalientes no se redibuja seguido. La última vez que el estado cambió de forma fue en 1992, cuando nacieron El Llano y San Francisco de los Romo. Treinta y cuatro años después, el mapa volvió a la mesa, el 21 de mayo de 2026, se presentó una iniciativa ante el Congreso para crear el municipio de Villa Juárez, hoy parte de Asientos, y reformar el artículo 9° de la Constitución local.

Conviene decirlo de entrada, porque aquí la prisa suele ganarle a la información, no hay nada decidido. Hay un procedimiento especial, contemplado en los artículos 139 y 140 de la Ley Orgánica del Poder Legislativo, que obliga a escuchar antes de resolver. Escuchar de verdad, no de a mentiritas.

Lo que propone la iniciativa

Villa Juárez nacería con 26 mil 667 habitantes en 112 localidades y una cabecera de 5 mil 976 personas. La ley pide mínimo 15 mil habitantes en la zona y 5 mil en la cabecera, en ese renglón los números cuadran. Asientos conservaría 54 localidades y poco más de 24 mil habitantes.

En lo financiero, la iniciativa proyecta para el nuevo municipio ingresos por 112.8 millones de pesos y egresos por 103.7, con un superávit de 9.08 millones. Le atribuye 8 mil 993 cuentas catastrales y un predial estimado en 2.4 millones. Para Asientos, ya sin ese territorio, calcula 169.1 millones de ingresos y 155.6 de egresos. Conviene subrayar que esas son las cifras que presenta la iniciativa, proyecciones de sus promotores y no un veredicto. La viabilidad financiera todavía debe revisarse en los dictámenes correspondientes.

Detrás de las cifras hay algo que ninguna hoja de cálculo registra, una demanda de casi cuarenta años, una lucha social que ha tenido Villa Juárez por cerca de 40 años y es la primera vez que se inicia este proceso de consulta. 

Lo que objetan los críticos

El Colegio de Economistas de Aguascalientes puso la otra mitad del asunto. Su presidenta, María del Carmen Corchado Reyes, lo explicó sin tecnicismos, en el foro de expertos del lunes pasado. «Nos dan 10 pesos para gastar, se tendrán que repartir los 10 pesos». Se refiere a que el dinero federal no aumenta porque haya un municipio más. Se parte en más pedazos y a cada quien le toca un poco menos.

Sus otros argumentos se entienden igual de fácil. El primero se refiere a que la ley pide que la zona crezca al doble del ritmo del estado, y el Colegio sostiene que ahí se compararon peras con manzanas en la iniciativa, diez años de crecimiento contra uno solo, de modo que el requisito no queda acreditado. Dos, 87 de cada 100 pesos del nuevo municipio vendrían de lo que mandan la Federación y el estado; apenas 13 saldrían de lo que cobre por su cuenta. Tres, las cuentas no empatan. Asientos tiene aprobados 326.5 millones para 2026, pero lo proyectado para los dos municipios suma 282. Faltan 44.5 millones por explicar dentro del dictamen.

Está además el gasto que se duplica, cada municipio necesita presidencia, cabildo, tesorería, contraloría. El Colegio calcula que ese aparato pasaría de consumir 35% del gasto de Asientos a entre 60% y 65%; más dinero para oficinas, menos para calles, agua y alumbrado. Y todo esto en un estado cuya deuda pública iba en 5 mil 329 millones al 30 de abril, después de tres créditos contratados en los primeros cuatro meses de 2026.

Los foros, escuchar a quien vive ahí

Del 14 al 17 de agosto se realizaron ocho foros: dos en el Palacio Legislativo con especialistas y seis en las comunidades de Villa Juárez, Adolfo López Mateos, Pilotos, Ciénega Grande, Guadalupe de Atlas y Asientos. Se trabajó en mesas de hasta diez personas, boleta anónima fácil de contestar y coordinadores con prohibición expresa de opinar o inducir respuestas. Quien no supiera leer podía pedir ayuda, pero nadie podía sugerirle qué contestar.

Ahí apareció lo que las fichas técnicas dejan al final, la gente pide hospital regional, universidad, servicios bancarios, servicio que debe de otorgar el municipio e incluso algunos poblados preferían pertenecer al municipio vecino de Pabellón de Arteaga.

Lo que falta

Los once ayuntamientos deben enviar su opinión por escrito. Las Comisiones Unidas de Fortalecimiento Municipal y de Gobernación integrarán boletas, minutas y opiniones al expediente, y de ahí saldrá el dictamen. Al final, el Pleno del Congreso, votará y se necesitarán para aprobarse dos terceras partes, 18 de 27 votos. Si prospera, la elección sería extraordinaria, fuera de la próxima elección de 2027.

Entre la demanda social y la viabilidad técnica hay una distancia que este proceso todavía no termina de medir. Cuarenta años de espera no acreditan por sí solos que las cuentas salgan; tampoco una hoja de cálculo cancela cuarenta años de espera.

La pregunta, entonces, queda abierta para quien la quiera contestar ¿qué pesa más a la hora de dibujar un municipio, lo que la gente pide o lo que el presupuesto alcanza?

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Estado Policiaco

Estado Policiaco

Acabaron con la democracia, poco a poco.
Los investigadores Sergio López Ayllón y Pablo Salazar Ugalde publicaron en la revista Nexos un ensayo muy comentado que se titula “Hacia un Estado policiaco”, aunque, como ellos mismos apuntan, su andamiaje ya está construido.

Sostienen que el régimen autoritario no surgió de manera intempestiva, sino que es resultado de una construcción metódica, gradual y jurídicamente sofisticada. En lo particular cada reforma podría tener sustento técnico, pero concatenadas dejaron a los ciudadanos en indefensión.

No es un fenómeno peculiar, el populismo se ha extendido en el mundo siguiendo un guión. Llegan por la vía democrática cuestionando a las élites. Luego se asumen únicos representantes del pueblo, niegan legitimidad a la oposición, acaban con la división de poderes y los contrapesos, se apropian del espacio comunicativo y rediseñan el sistema electoral a su medida.

López Obrador estableció el mapa de ruta con las iniciativas presentadas el 5 de febrero de 2024, conocidas como Plan C, mismas que fueron aprobadas gracias a que le obsequiaron al oficialismo una espuria mayoría calificada, pisoteando la Constitución.

Con fiscalías carnales, extensión de la prisión preventiva oficiosa, presidencialismo omnipotente, incontrovertibilidad de reformas constitucionales, jueces de acordeón, militarización de la seguridad pública, congelamiento discrecional de cuentas, acceso irrestricto del SAT a bases de datos públicas y privadas, registro biométrico de celulares y debilitamiento del amparo, todos somos susceptibles de espionaje y vulnerables ante el Estado policiaco.

Súmenle el hostigamiento a medios y periodistas; que los lineamientos que pretextan defender audiencias buscan controlar contenidos y determinar qué es verdad y que no desde el gobierno; que quieren extender la censura a redes sociales.

No nos engañemos, México ya no es una democracia. Es, en todo caso, una autocracia electoral que cada día enseña más los dientes.

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La solidaridad latinoamericana 

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El Ágora 

Por Ana Gómez

A las 7:30 de la mañana del día lunes, mientras millones de colombianos y colombianas desayunaban, dormían o se preparaban para comenzar la semana, la tierra se movió bajo el municipio de San José del Palmar, en el Chocó. Magnitud 7.4, noventa y seis kilómetros de profundidad, treinta y dos estaciones sismológicas registrando lo mismo. 

Esa profundidad, que suele amortiguar el golpe en la superficie, tuvo un efecto perverso, porque repartió el terremoto por medio país. Se sintió en Bogotá, en Cali, en Medellín, en Pereira, en Manizales. Se sintió en Ecuador, en Panamá, en Venezuela. Es el sismo más fuerte que Colombia registra en una década y al cierre de esta columna el saldo rebasaba los 111 muertos, con la certeza incómoda de que esa cifra va a ser vieja para cuando usted la lea.

Para quienes vivimos aquí, las imágenes llegan con una familiaridad que duele. Los edificios vaciándose a media mañana, la gente en la calle en pijama, el rumor que corre más rápido que el boletín oficial. En México sabemos de esto. Lo sabemos con 1985 y con 2017, y lo aprendimos de la peor manera, con la fuerza de escombro.

Conviene detenerse en un dato, el epicentro estuvo en el Chocó, que no es en cualquier parte de Colombia, sino en el departamento o lo que en nuestro país sería el Estado que lleva décadas encabezando todos los índices de pobreza y todos los rezagos de infraestructura del país. En Quibdó hubo heridos, edificaciones gravemente dañadas, cortes de energía y de telefonía. Los sismos, ya lo sabemos, no leen encuestas ni consultan mapas electorales. 

Además el Eje Cafetero de Pereira, Manizales, Armenia. Los mismos nombres de las portadas de 1999, cuando un terremoto dejó más de mil muertos en esa zona. Veintisiete años después, seis aeropuertos suspendidos por daños, veinte estructuras colapsadas nada más en Cali, carreteras estratégicas cerradas por deslizamientos. La memoria sísmica existe. Lo que falla es su traducción a presupuesto, a norma constructiva y a supervisión real de quien construye. 

DOS MANERAS DE TENDER LA MANO

El terremoto encontró a Colombia con un presidente de tres días de antigüedad. Abelardo de la Espriella decretó desastre nacional, instaló un Puesto de Mando Unificado en la UNGRD y se trasladó a la zona. Nada que objetar o felicitar, es lo que corresponde.

Lo que sí se puede leer, y con lupa, es la geografía de la solidaridad. El secretario de Estado Marco Rubio anunció que la administración Trump «monitorea de cerca» el terremoto y está «lista para apoyar». Monitorear de cerca es una modalidad de ayuda humanitaria notablemente económica. Desde Palacio Nacional, la presidenta Claudia Sheinbaum dijo otra cosa: «todo el apoyo que requiera, si es necesario, el pueblo de Colombia, ahí vamos a estar».

Podría sonar igual de protocolario si no fuera porque México ya lo demostró hace seis semanas. Cuando Venezuela fue golpeada por dos terremotos en junio, nuestro país no mandó un comunicado, mandó 250 elementos, 18 binomios caninos, insumos médicos y equipo de búsqueda y rescate. Ahí está la diferencia entre la solidaridad como gesto y la solidaridad como política de Estado. Una se redacta en la mañana y se olvida en la tarde; la otra exige brigadas entrenadas, perros certificados, aviones disponibles y la decisión previa de sostener todo eso con dinero del pueblo de México, para ayudar a nuestro hermano pueblo de Colombia. 

Colombia todavía no solicita formalmente asistencia mexicana, pero el ofrecimiento tiene detrás una institucionalidad y un antecedente. Que un país rescatado tantas veces se haya vuelto un país que rescata es, quizá, el gesto diplomático más digno que México ha acumulado en años y en gran parte gracias a la transformación. No se compra con publicidad ni se negocia en una mesa de aranceles.

México y Colombia comparten hoy algo más que una vecindad cultural y una historia común de saqueos y resistencias, compartimos el suelo inquieto y la obligación de recordar. Que el ofrecimiento se convierta en aviones cargados y rescatistas en tierra. Y que, a nosotros, del otro lado, no se nos olvide estar preparados. Porque cuando la tierra se mueve, lo único que de verdad queda en pie es la manera en que nos cuidamos entre nosotros.

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Canton 2026: cinco leyendas, cinco caminos hacia la inmortalidad

Canton 2026: cinco leyendas, cinco caminos hacia la inmortalidad

Desde la Tribuna

Por Laura Sandoval

Una generación que demuestra que la grandeza en la NFL va mucho más allá de una posición o una estadística, es una generación mítica que sigue construyendo su legado.

Hay jugadores que pasan por la NFL.

Hay jugadores que dominan una época.

Y existen aquellos cuyo nombre termina inevitablemente asociado con la palabra leyenda.

La Clase 2026 del Pro Football Hall of Fame reúne cinco historias completamente diferentes: Adam Vinatieri, Drew Brees, Luke Kuechly, Larry Fitzgerald y Roger Craig.

Cinco posiciones. Cinco estilos. Cinco caminos hacia Canton.

Pero hay algo que los une: todos dejaron una marca que va mucho más allá de sus números.

Y, precisamente, los números ayudan a entender por qué están ahí.

ADAM VINATIERI: cuando tres puntos se convierten en historia

Si alguna vez hubo un jugador capaz de demostrar que un partido de NFL puede cambiarse con una sola patada, ese fue Adam Vinatieri.

Su carrera de 24 temporadas de 1996 a 2019 produjo 2,673 puntos, todavía una cifra monumental, además de 599 goles de campo convertidos, ambos registros que explican buena parte de su candidatura.

Pero reducir a Vinatieri a estadísticas sería quedarse corto.

Fue cuatro veces campeón del Super Bowl, tres veces Pro Bowler y tres veces First-Team All-Pro. Además, forma parte del NFL 100 All-Time Team.

Y hay un número que probablemente explica mejor su legado que cualquier otro:

238 puntos en playoffs.

Porque Vinatieri no solamente pateaba.

Aparecía cuando más importaba.

Los aficionados de los Patriots recuerdan la nieve de Foxborough. Los Colts recuerdan el Super Bowl XLI. La NFL recuerda a un pateador que convirtió situaciones de máxima presión en parte de su rutina.

Su elección también tiene un simbolismo enorme: Vinatieri ayudó a cambiar la percepción de lo que puede significar un kicker dentro de la historia de la NFL.

DREW BREES: precisión, consistencia y una franquicia transformada

Drew Brees llegó a la NFL sin el físico prototípico que muchos buscaban en un quarterback.

Y terminó convirtiéndose en uno de los grandes pasadores de todos los tiempos.

80,358 yardas por pase.

571 touchdowns.

13 Pro Bowls.

Siete veces líder de la NFL en yardas por pase.

Y por supuesto, un Super Bowl, un Super Bowl MVP y dos premios al Offensive Player of the Year.

Brees fue también seleccionado para el NFL 100 All-Time Team.

Pero hay algo que las estadísticas no pueden medir completamente: lo que significó para New Orleans.

Brees no solamente llegó a los Saints para producir números. Se convirtió en el rostro de una transformación.

Y cuando levantó el Lombardi después del Super Bowl XLIV, su legado quedó prácticamente sellado.

Que haya sido elegido como first-ballot Hall of Famer no sorprende.

La pregunta realmente interesante es otra:

¿Qué habría sido de la historia de los Saints sin Drew Brees?

Probablemente muy diferente.

LUKE KUECHLY: siete años que parecieron una carrera completa

Aquí aparece uno de los casos más fascinantes de esta generación.

Luke Kuechly jugó para Carolina entre 2012 y 2019.

Ocho temporadas.

Y fueron suficientes.

1,092 tackleadas.

18 intercepciones.

12.5 sacks.

Siete Pro Bowls.

Cinco selecciones First-Team All-Pro.

Defensive Rookie of the Year.

Defensive Player of the Year.

Y miembro del NFL 2010s All-Decade Team.

Kuechly fue uno de esos linebackers que parecían jugar un segundo antes que todos los demás.

Su mayor virtud no era únicamente la fuerza.

Era leer el football.

Entender formaciones. Anticipar movimientos. Identificar la jugada antes de que se desarrollara.

Y aquí aparece una discusión interesante alrededor del Hall of Fame:

¿Cuánto debe pesar la longevidad?

Kuechly se retiró después de la temporada 2019, con apenas 28 años. Su carrera terminó mucho antes que la de muchos de sus contemporáneos.

Pero su impacto fue tan grande que la duración dejó de ser el argumento principal.

No necesitó 15 años para demostrar que fue uno de los mejores.

LARRY FITZGERALD: 1,432 razones para estar en Canton

Hay receptores que son espectaculares.

Hay receptores que son consistentes.

Y hay receptores que terminan convirtiéndose en el estándar de una generación.

Larry Fitzgerald pertenece a la tercera categoría.

1,432 recepciones.

17,492 yardas.

121 touchdowns.

11 Pro Bowls.

Dos veces líder de la NFL en recepciones y dos veces líder en touchdowns por recepción.

Además, forma parte del NFL 2010s All-Decade Team y del NFL 100 All-Time Team.

Y hay otro dato que explica la magnitud de su carrera:

Fitzgerald terminó segundo de todos los tiempos en recepciones y yardas recibidas.

Pero quizá su legado más importante no esté en ningún libro de récords.

Está en la consistencia.

Durante 17 temporadas con Arizona, Fitzgerald fue una constante.

Incluso en equipos que no siempre estuvieron a la altura de su talento, él sí lo estuvo.

Y eso hace que su elección como first-ballot Hall of Famer sea prácticamente incuestionable.

ROGER CRAIG: el jugador que se adelantó a su época

Y entonces llegamos a Roger Craig.

Probablemente el nombre que más conversación generará entre los cinco.

No porque no sea digno de Canton.

Sino porque su candidatura obliga a recordar que las estadísticas deben entenderse dentro de su época.

Craig fue un elemento fundamental de los San Francisco 49ers de los años 80 y principios de los 90.

Ganó tres Super Bowls, fue una vez Offensive Player of the Year y acudió a cuatro Pro Bowls.

Pero hay un dato particularmente impresionante:

Fue el primer jugador en conseguir 1,000 yardas terrestres y 1,000 yardas por recepción en una misma temporada.

Terminó su carrera con:

8,189 yardas terrestres.

566 recepciones.

4,911 yardas por recepción.

73 touchdowns totales.

Craig fue, en muchos sentidos, un adelanto de lo que hoy entendemos por un running back moderno.

Hoy nos parece normal que un corredor sea una amenaza tanto por tierra como por aire.

En los 80, no lo era.

Craig ayudó a demostrar que un corredor podía ser mucho más que alguien que recibía el balón para correr.

Podía ser una pieza central del sistema ofensivo.

Y quizá por eso su llegada a Canton como selección del comité senior tiene un sabor especial: es también una reivindicación histórica.

Cinco jugadores, una misma pregunta

Lo fascinante de esta clase es que permite plantear una pregunta que debería estar en el centro de cualquier discusión sobre el Hall of Fame:

¿Qué significa ser inmortal en la NFL?

¿Son los récords?

Vinatieri tiene números históricos.

¿Son los campeonatos?

Craig tiene tres. Vinatieri tiene cuatro.

¿Es la producción?

Brees y Fitzgerald tienen estadísticas que los colocan entre los mejores de la historia.

¿Es el dominio de una posición?

Kuechly fue uno de los linebackers más extraordinarios de su generación.

La respuesta probablemente sea una combinación de todo.

Porque el Salón de la Fama no debería ser solamente un museo de estadísticas.

Debe ser un museo de impacto.

Y estos cinco jugadores tuvieron impacto de diferentes maneras.

Brees cambió una franquicia.

Fitzgerald personificó la excelencia durante 17 temporadas.

Kuechly demostró que una carrera corta puede ser extraordinariamente dominante.

Craig ayudó a redefinir lo que podía ser un running back.

Vinatieri convirtió el clutch en una identidad.

La verdadera grandeza no siempre se mide igual.

Tal vez esa sea la gran lección de Canton 2026.

En una época en la que constantemente discutimos quién es el GOAT, quién tiene más yardas, más touchdowns, más anillos o mejores estadísticas avanzadas, esta clase nos recuerda algo fundamental:

El football no se juega solamente en una hoja de estadísticas.

También se juega en los momentos.

En las generaciones.

En los equipos que cambian.

En los jugadores que obligan a los demás a replantearse cómo se juega una posición.

Y cuando finalmente llega el momento de entrar a Canton, todos esos caminos terminan en el mismo lugar.

Este 2026, cinco nombres quedarán grabados para siempre:

Adam Vinatieri.
Drew Brees.
Luke Kuechly.
Larry Fitzgerald.
Roger Craig.

Cinco carreras distintas.

Cinco legados diferentes.

Una misma inmortalidad.

Porque en la NFL puedes ser grande durante una temporada. Puedes ser una estrella durante una década.

Pero para llegar a Canton tienes que conseguir algo mucho más difícil: hacer que el football sea diferente después de ti.

Y ellos lo hicieron.

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Autocracia

Autocracia

Vamos de la dictablanda a la dictadura. 
El encarcelamiento de Ernesto Ruffo y la pretensión de fortalecer los mecanismos estatales de censura demuestran que el autoritarismo en México sigue escalando y que el obradorato no tiene ni tendrá escrúpulo alguno para mantenerse en el poder. No es interpretación, es el mensaje que quieren mandar.

A Ruffo le violaron sus derechos procesales desde el primer momento. No obstante o, mejor dicho, precisamente por ser un personaje emblemático de la oposición y la transición democrática. No tiene antecedentes penales, no está condenado, no hay riesgo de fuga e incluso colaboró con la Fiscalía por iniciativa propia. Y no obstante, con 74 años y problemas de salud lo ingresaron a un penal de alta seguridad por un delito que no cometió ni pudo cometer.

Violaron la presunción de inocencia desde la presidencia, impidieron el ingreso de la prensa a las audiencias, filtraron a columnistas supuestas triangulaciones financieras que no existen en el expediente y lo tratan como si fuera un violento y peligroso criminal a pesar de su buena fama pública y conocida sencillez. Si eso le hicieron a él, cualquiera puede ser la siguiente víctima de Ernestina Godoy, quien no ha rendido cuentas por encerrar a Alejandra Cuevas con delitos fabricados ni por espiar a la oposición, ambos hechos comprobados.

Para colmo, perfilan la aprobación de Lineamientos para coaccionar a concesionarios de radio y televisión, pretextando y pervirtiendo los derechos de las audiencias, y amenazan con censurar también a la prensa escrita y las redes sociales.

El gobierno quiere decidir qué es verdad y qué es mentira. Bajo amenaza de onerosas multas, y controlar la conversación pública de cara a las elecciones de 2027. Lo de menos es que el código de ética y el defensor de audiencia lo decida el medio cuando la última palabra del litigio la tiene una comisión gubernamental.

No es difícil entender su motivación: el autoritarismo crece porque Morena baja.

Fernando Belaunzarán en Instagram: @fer_belaunzaran, en X: @ferbelaunzaran

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