Cuatro reformas que México necesita 

Cuatro reformas que México necesita 

El Ágora

Por Ana Gómez

Un periodo extraordinario abre la puerta para mejorar la elección judicial, frenar al crimen organizado en las urnas y defender la soberanía electoral del país.

Hay semanas en la vida legislativa de un país que definen el rumbo de años. Esta es una de ellas. El martes 27 de mayo arranca el Primer Periodo Extraordinario de Sesiones del Congreso de la Unión, convocado a petición de la Comisión Permanente para discutir cuatro iniciativas impulsadas por la presidenta Claudia Sheinbaum. No son reformas menores, tocan la forma en que elegimos a nuestros jueces, la manera en que los partidos seleccionan a sus candidatos y los mecanismos que tiene el Estado para defender el voto de influencias externas.

La senadora Laura Itzel Castillo Juárez, presidenta de la Comisión Permanente, lo resumió con claridad, se discutirán iniciativas para modificar la Constitución en materia de elección del Poder Judicial, crear un órgano en el INE que revise la probidad de los candidatos y establecer la injerencia extranjera como causal de nulidad de una elección. Todo debe quedar listo antes del primero de junio para que las nuevas reglas puedan aplicarse en los comicios de 2027. El tiempo apremia, pero las razones para actuar son urgentes.

Mejorar la elección judicial

En junio de 2025, México hizo algo que ningún otro país había intentado a esa escala, elegir por voto popular a más de dos mil seiscientos jueces y magistrados. El intento fue valioso, pero los resultados mostraron que el modelo necesita ajustes antes de repetirse.

La iniciativa de la Presidenta Claudia Sheinbaum propone mover la segunda ronda de esa elección, programada para 2027, al 4 de junio de 2028. La razón es práctica y sensata, en 2027 ya habrá comicios para gobernadores, diputados federales y presidentes municipales en decenas de estados. Organizar dos elecciones distintas el mismo día, con dos tipos de casilla y dos tipos de boleta, significaría una logística imposible y un costo desorbitado para el INE. Separarlas es simplemente lo correcto.

Pero el aplazamiento viene acompañado de mejoras concretas, boletas más simples, menos candidatos por cargo y el conteo de votos en la misma casilla donde se vota, no en sedes lejanas como ocurrió la última vez. Son cambios que responden directamente a las críticas ciudadanas y que buscan que la siguiente elección judicial sea más comprensible, más confiable y participativa.

Que el crimen organizado no llegue a las boletas

Uno de los problemas más graves que enfrenta México es la infiltración del crimen organizado en los gobiernos locales. La Operación Enjambre en el Estado de México, los casos de municipios en Jalisco y las detenciones recientes en Morelos han dejado en evidencia que algunos partidos, a veces por descuido, a veces por conveniencia, han postulado a personas con vínculos con la delincuencia. Esta iniciativa busca poner un freno antes de que lleguen a las urnas.

La propuesta crea la Comisión de Verificación de Integridad de Candidaturas dentro del INE. Antes del registro formal, los partidos podrán someter sus listas a una revisión conjunta del instituto electoral, la Fiscalía General de la República y la Unidad de Inteligencia Financiera. Si se detecta un «riesgo razonable» de vínculos con el crimen, el partido recibe una notificación confidencial y decide si mantiene o retira esa candidatura. No hay cancelaciones automáticas, no hay expedientes filtrados, no se viola la presunción de inocencia. Es un filtro preventivo, no un tribunal. Y México lo necesita con urgencia.

Defender el voto de las manos extranjeras

Para entender por qué estas dos iniciativas son necesarias, basta con mirar lo que ocurrió a finales de abril de 2026 en la región, el escándalo conocido como el Hondurasgate. Una serie de audios filtrados, atribuidos al expresidente hondureño Juan Orlando Hernández, condenado en Estados Unidos a 45 años de prisión por narcotráfico e indultado por Donald Trump, reveló la presunta existencia de una red de injerencia política y desinformación coordinada desde el exterior para desestabilizar a gobiernos progresistas de América Latina, entre ellos el de México y Colombia.

En las grabaciones, según la investigación publicada por el medio español Diario Red, se describe la construcción de plataformas digitales de desinformación operadas desde Estados Unidos, financiamiento externo para campañas de desprestigio y contactos con figuras políticas internacionales. El presidente de Colombia, Gustavo Petro, denunció públicamente la operación y exigió activar mecanismos de protección electoral. México, con elecciones intermedias en 2027, no puede darse el lujo de ignorar una advertencia tan concreta.

Es en ese contexto donde cobran toda su fuerza las dos últimas iniciativas del paquete legislativo. La primera reforma el artículo 41 constitucional para añadir una nueva causal de nulidad electoral, cuando que se compruebe intervención de gobiernos, organizaciones o individuos extranjeros con la intención de influir en el resultado de los comicios. La segunda actualiza la Ley General del Sistema de Medios de Impugnación en Materia Electoral para establecer cómo operaría esa nulidad en la práctica: los procedimientos, las sanciones y los plazos para que el INE y el Tribunal Electoral emitan protocolos de investigación.

Tres problemas reales, cuatro respuestas concretas, que son reformas que no nacen de la nada, nacen de errores documentados, de operativos fallidos, de una ciudadanía que merece procesos electorales más limpios y más suyos.

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El último mohicano… Aaron Rodgers

El último mohicano… Aaron Rodgers

Desde la Tribuna 

Por Laura Sandoval

Aaron Rodgers confirmó que la temporada 2026 será la última de su carrera con los Pittsburgh Steelers, y con ello no sólo anunció el retiro de un quarterback. También abrió la puerta de salida para una generación que convirtió a la NFL en algo más que un deporte: una época que hizo de los domingos una tradición emocional para millones de personas.

Porque Rodgers pertenece a la última camada de mariscales de campo que todavía parecían gigantes inevitables. La generación de Tom Brady, Peyton Manning, Drew Brees y Ben Roethlisberger. Hombres que no solo ganaban campeonatos, sino que construían identidades completas alrededor de una franquicia. Quarterbacks que podían definir el estado de ánimo de una ciudad entera.

Ellos fueron el soundtrack de una época.
La voz de los narradores los acompañó durante más de veinte años. Crecimos viendo sus remontadas, sus derrotas, sus gestos de frustración en la banca y sus brazos levantando trofeos bajo la nieve o los reflectores de febrero. Mientras el mundo cambiaba, ellos seguían ahí cada otoño, recordándonos que algunas cosas todavía podían sentirse eternas.

Y dentro de esa generación, Rodgers siempre fue distinto.

Mientras Brady era la obsesión por la perfección y Manning parecía un coordinador ofensivo atrapado dentro de un uniforme, Rodgers era poesía improvisada. Talento puro. Instinto. El quarterback capaz de lanzar un pase imposible mientras escapaba del colapso, como si el caos fuera el lugar donde mejor respiraba.

Había algo casi mágico en verlo jugar.
No parecía ejecutar el fútbol americano; parecía reinterpretarlo.

Su historia también tuvo el peso de las grandes películas deportivas.
El joven ignorado en el Draft. El heredero incómodo sentado durante años detrás de Brett Favre en Green Bay. La paciencia silenciosa. Después, la explosión. El Super Bowl. Los cuatro MVP. Las temporadas donde parecía tan adelantado a su tiempo que el resto de la liga simplemente intentaba alcanzarlo.

Pero Rodgers nunca fue un héroe sencillo de entender.

Fue brillante y complejo. Admirado y discutido. Un líder que muchas veces parecía vivir en conflicto con el mismo espectáculo que ayudó a engrandecer. Tal vez por eso conectó tanto con la gente: porque detrás del talento sobrenatural siempre se alcanzaba a ver al ser humano. El cansancio. La rebeldía. La necesidad constante de desafiarlo todo, incluso a sí mismo.

Por eso su último capítulo con los Steelers se siente tan simbólico.

Pittsburgh representa la memoria viva de la vieja NFL: acero, frío, defensas legendarias y tradición. Rodgers representa al último gran artista de aquella generación dorada de quarterbacks. Verlo vestir esos colores no se siente como un movimiento deportivo; se siente como el último acto de una obra que está por bajar el telón.

Y sí, probablemente este ya no sea el Rodgers devastador que dominaba la liga hace una década. El tiempo nunca pierde. Las piernas pesan más, los golpes duran más y el reloj empieza a notarse incluso en los inmortales.

Pero quizá ahí está la belleza de esta despedida.

Porque esta temporada no veremos al superhéroe invencible. Veremos al hombre enfrentando el final de aquello que le dio sentido a toda su vida. Y hay algo profundamente humano en eso. Algo que inevitablemente nos obliga a mirar nuestra propia nostalgia.

La NFL seguirá adelante. Siempre lo hace.

Vendrán nuevas estrellas, nuevas ofensivas, nuevos fenómenos diseñados para la velocidad de las redes sociales. Patrick Mahomes, Josh Allen y Lamar Jackson ya lideran la nueva era. Pasando por encima de nombres como el de Dak Prescott, Russell Willson entre otros. Sin duda estamos frente a una era más atlética, más rápida y más inmediata.

Pero cuando Rodgers se retire, desaparecerá algo más profundo que un nombre en un roster.

Desaparecerá la sensación de haber vivido durante dos décadas viendo construirse leyendas en tiempo real.

Porque cuando Brady se fue, parecía el final de un imperio.
Cuando Manning dijo adiós, sentimos que el juego perdía a su gran ajedrecista.
Pero cuando Rodgers salga por última vez del campo, probablemente estaremos viendo desaparecer el último reflejo de aquella generación que hizo de los quarterbacks figuras mitológicas.

La generación que convirtió cada domingo en un recuerdo que hoy, inevitablemente, ya comienza a sentirse lejano.

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La encuesta de Lorena Becerra

La encuesta de Lorena Becerra

Se les acabó el teflón.
La prestigiada encuestadora, politóloga y animalista Lorena Becerra, presentó su encuesta nacional en el programa de Carlos Loret de Latinus y días después subió las gráficas a su cuenta de X. Aunque Claudia Sheinbaum quiso descalificar los resultados con mentiras, acusando a Lorenade presentar números erróneos en 2024, siendo que ella no publicó entonces ninguna medición, lo que hemos visto de la Presidenta y su partido constata que sus datos no son distintos y saben que estamos ante un punto de quiebre en la percepción pública.

Fueron 800 entrevistas en vivienda, del 7 al 12 de mayo, con un margen de error del 3.8%. Es la radiografía de un país dividido, en donde la mitad piensa que México no va por el camino correcto y requiere alternancia, y la otra que vamos bien y debe haber continuidad. Sin embargo, el 68% considera que Sheinbaum no tiene las riendas y hay cosas que se le salieron de control.

El contraste con la misma encuesta de hace un año muestra el tamaño de la caída. La Presidenta pasó del 80 al 59% de aprobación y del 15 al 39% en rechazo, el cual crece a medida que aumenta la escolaridad. La intención del voto de Morena disminuyó del 45 al 33%.

Doce meses de desgaste, recordemos el atentado contra Carlos Manzo, el descarrilamiento del Tren Interoceánico, el derrame en el Golfo de México, el drama de los desaparecidos y, por supuesto, las acusaciones de Estados Unidos contra Rocha Moya y otros nueve morenistas que tienen al obradorato en un pantano.

Antes de conocerse las entregas voluntarias de los exsecretarios de Seguridad y de Finanzas, el 60% ya consideraba culpable al gobernador y el 63% piensa que autoridades de Morena han recibido dinero del crimen. Hay otros datos interesantes, pero los amagos de censura a medios, el acoso a periodistas e influencers, la nueva sección en la mañanera de Luisa Alcalde y la reunión de Ariadna Montiel con youtubers oficialistas confirman su desesperación.

Fernando Belaunzarán en Instagram: @fer_belaunzaran, en X: @ferbelaunzaran

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El laboratorio autoritario de Chihuahua 

El laboratorio autoritario de Chihuahua 

El Ágora 

Por Ana Gómez 

La represión ya no llega con granaderos. Eso era de antes, demasiado evidente, demasiado fotogénico. Hoy los gobiernos conservadores del país aprendieron un truco mucho más conveniente, usar el propio aparato del Estado, la burocracia, las obras públicas, las fiscalías, para ahogar la protesta sin que salga ni una sola policía en cámara.

El laboratorio más avanzado de este experimento está en Chihuahua. Allí, Maru Campos lleva meses con el agua al cuello, literal y figuradamente, y cuando la ciudadanía decidió salir a exigirle cuentas, su gobierno convirtió la infraestructura pública en un arma.

El boicot hidráulico 

El sábado 16 de mayo, miles de chihuahuenses salieron a marchar exigiendo el desafuero de la gobernadora, tras los indicios de injerencia extranjera y la presencia de agentes de la CIA en la Sierra Tarahumara. Era una marcha pacífica, organizada, con ciudadanos de todo el estado. Maru Campos no los recibió, no los escuchó, no salió a dar la cara. En cambio, mandó a sus equipos a ponerles el mayor número de obstáculos posibles.

Primero aparecieron los tráileres. Así, de repente, cruzados «casualmente» en los accesos de Sacramento y Lázaro Cárdenas justo cuando llegaban decenas de autobuses con manifestantes de Ciudad Juárez y el sur del estado. El transporte público local también fue suspendido ese día, para que los capitalinos que quisieran sumarse tampoco pudieran moverse.

Pero lo más descarado ocurrió frente al Palacio de Gobierno, sobre la avenida Venustiano Carranza. Horas antes de la marcha, cuadrillas de la JMAS, el órgano operador de agua de la entidad, aparecieron con maquinaria a «reparar una fuga de emergencia» que nadie había reportado, abriendo una zanja llena de lodo justo donde iba a concentrarse la gente. Para cerrar el paquete, el gobierno lanzó una campaña llamando «provocadores» a los marchantes y montó un operativo de hostigamiento cerca del aeropuerto. Todo muy coordinado. Todo muy oportuno.

El contraste con el gobierno federal no podría ser más claro. La presidenta Claudia Sheinbaum no manda tráileres a bloquear marchas: las deja pasar, aunque sean en su contra. Y sobre lo ocurrido en Chihuahua no guardó silencio:

« Es parte del momento político, pero también que la gente haga su análisis cuando hablamos de libertad….

Nosotros no detenemos a nadie cuando sea un dirigente que se manifiesta, hay total libertad de expresión…».

El patrón conservador

Lo de Chihuahua no es un accidente ni una coincidencia, es el manual. Cuando los gobiernos del PAN se sienten acorralados por la ciudadanía, su respuesta no es el diálogo ni la rendición de cuentas. Es la represión, disfrazada de burocracia o de justicia.

El caso más crudo está en Aguascalientes. Aquí un joven activista de 27 años, Carlos Darío, fue a protestar de forma pacífica frente al Teatro Morelos contra la condecoración de Isabel Díaz Ayuso, la política ultraconservadora española, días después casualmente fue detenido de manera violenta e ilegal. Miembros de asociaciones civiles aseguran que para que no saliera rápido, le sembraron droga.

Hoy Carlos Darío está en prisión preventiva, enfrentando un proceso lleno de irregularidades, acusado de narcomenudeo por una droga que dice no era suya y algunos de sus compañeros aseguran que han sido amenazados por el mismo motivo. Su caso es el retrato más fiel de lo que es la «justicia» en los estados que gobierna la derecha, no es un sistema para proteger a la gente, sino una herramienta para silenciar a quienes se atreven a protestar.

Dos visiones de país

Lo que está pasando en con los gobiernos conservadores no es un problema menor de «estilos de gobierno». Es una señal de lo que ocurre cuando la derecha mexicana pierde el consenso, se aferra al poder usando las instituciones que deberían servirle a la gente para golpear a quienes la cuestionan.

Para el conservadurismo mexicano, la libertad de expresión sirve cuando la gente aplaude y calla cuando la gente cuestiona. Este mes de mayo lo dejó muy claro, si te atreves a marchar, te ponen una zanja. Si te atreves a protestar, te siembran droga. La amenaza a la democracia no viene de arriba, sino de los gobiernos estatales que se creen intocables y de las fiscalías que les sirven de escudo.

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La NFL y su vuelta al mundo en 152 días

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Desde la Tribuna

Por Laura Sandoval

Lo que veremos en 2026 no es simplemente una expansión internacional: es la transformación definitiva de la liga en un fenómeno global. Nueve partidos fuera de Estados Unidos, presencia en cuatro continentes y una estrategia que confirma algo que hace años parecía imposible: el fútbol americano dejó de ser exclusivamente estadounidense.

Ahora es un producto cultural planetario.

La National Football League entendió antes que muchas otras ligas que el verdadero negocio del deporte moderno no está únicamente en ganar audiencias locales, sino en conquistar atención global. Y para lograrlo, la NFL dejó de exportar partidos; comenzó a exportar experiencias, símbolos e identidad.

Australia, Brasil, Inglaterra, Francia, España, Alemania y México no serán sedes improvisadas. Serán capítulos de una gira internacional diseñada para consolidar a la NFL como la propiedad deportiva más poderosa del planeta. Ver a los San Francisco 49ers jugando en Melbourne o a los Pittsburgh Steelers en París ya no parece extraño. Se siente inevitable.

Porque el fútbol americano entendió que en 2026 no basta con dominar Estados Unidos. Hay que dominar la conversación mundial.

Y en medio de toda esa expansión, México ocupa un lugar distinto.

No como un mercado emergente.
No como una apuesta exótica.
Sino como una base histórica.

El partido histórico entre los Minnesota Vikings y los San Francisco 49ers en el Estadio Banorte representa mucho más que un evento internacional. Es el reconocimiento oficial de una relación que existe desde hace décadas entre México y la NFL. Mientras otros países apenas comienzan a enamorarse del deporte, la afición mexicana lleva generaciones construyendo esa pasión.

México no aprendió a consumir NFL por moda. La convirtió en parte de su cultura deportiva.

Por eso el regreso de un juego a la Ciudad de México tiene un peso especial. El duelo entre Vikings y 49ers no sólo enfrentará a dos franquicias históricas; enfrentará dos de las aficiones más intensas y reconocibles de la liga en uno de los escenarios internacionales más apasionados del mundo.

Y hay un ingrediente emocional imposible de ignorar: los 49ers tienen una conexión histórica con México. Desde la era de Joe Montana y Jerry Rice hasta generaciones más recientes, San Francisco se convirtió en una de las franquicias más queridas del país. Sus colores, su legado y su tradición encontraron eco en millones de aficionados mexicanos que crecieron viendo a los Niners dominar épocas enteras de la NFL.

Del otro lado estarán unos Vikings que llegan con una identidad renovada y una afición internacional que ha crecido de forma impresionante en los últimos años. El contraste entre ambas franquicias crea algo atractivo: tradición histórica contra hambre de consolidación.

Y la atmósfera promete ser única.

La Ciudad de México no vive estos partidos como simples espectáculos. Los transforma en celebraciones culturales. Desde días antes, la ciudad se llena de jerseys, eventos temáticos, reuniones entre aficionados y una sensación colectiva de que el fútbol americano, por unas horas, se convierte en el centro del mundo deportivo. Pocas sedes internacionales generan ese nivel de energía.

Pero detrás de todo el brillo también existe una discusión legítima.

Cada partido internacional implica vuelos interminables, ajustes competitivos y desgaste físico para los jugadores. La temporada empieza a parecerse más a una gira global que a una competencia local. J. J. Watt llegó a describirlo como un “circo itinerante”, y aunque la frase puede sonar dura, revela una preocupación real: que la NFL priorice el espectáculo comercial sobre la esencia deportiva que la hizo gigante.

Porque cuanto más crece la liga, más difícil será conservar autenticidad.

Sin embargo, reducir esta expansión únicamente al dinero sería simplificar demasiado el fenómeno. Para millones de aficionados fuera de Estados Unidos, estos partidos representan algo profundamente emocional: pertenencia. Durante años, seguir la NFL desde México, Europa o Sudamérica significaba madrugar, vivir pegado a transmisiones internacionales y consumir el deporte desde la distancia.

Ahora la liga finalmente reconoce a esos aficionados como parte central de su historia.

Y quizá ahí radica la verdadera victoria de la NFL.No en llenar estadios en Madrid, Londres o São Paulo.
No en vender más jerseys.
Ni siquiera en generar contratos multimillonarios.

Su mayor triunfo ha sido convertir al fútbol americano en un idioma universal sin perder por completo su identidad.

Aunque el riesgo sigue presente.

Expandirse demasiado rápido puede convertir algo especial en algo genérico. La NFL deberá encontrar el equilibrio entre globalización y esencia. Entre espectáculo y autenticidad. Entre negocio y tradición.

Porque el desafío ya no es conquistar el mundo.
Eso prácticamente ya ocurrió.

El verdadero reto será evitar que, en el intento de pertenecerle a todos, la liga deje de sentirse propia para alguien.

Y aun así, una realidad parece imposible de detener:

La NFL del 2026 ya no pertenece únicamente a Estados Unidos.


Ahora también le pertenece a México


Y al resto del mundo.

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La CIA en México

La CIA en México

Se la pasan escupiendo al cielo.
El día en que la presidenta de Morena anunció una marcha en Chihuahua para demandar el desafuero y juicio político contra la gobernadora Maru Campos por la presencia de cuatro agentes de la CIA en la destrucción de un narcolaboratorio en la Sierra Tarahumara, CNN dio a conocer que esa misma agencia ha participado en diversas acciones encubiertas contra los cárteles en México. Entre ellas la del atentado con explosivos que acabó con la vida de dos presuntos criminales que salieron del AIFA a finales de marzo.

El gobierno mexicano y la vocera de la CIA negaron la versión. Pero el medio la mantuvo y el New York Times la confirmó con la variante de que su participación fue logística y de inteligencia, y no estuvieron presentes cuando volaron la camioneta, de tal suerte que lo habrían cometido agentes mexicanos.

No será fácil esclarecer ése y otros hechos porque la naturaleza de la agencia es la secrecía y no acostumbran informar o admitir sus actuaciones. Pero sí sabemos que sobrevuelan cotidianamente el espacio aéreo mexicano con aviones espía no tripulados porque el Congreso norteamericano los autorizó y a la presidenta Sheinbaum no le quedó más remedio que decir que eran cooperación, no subordinación.

Sin embargo, el obradorato se envuelve en la bandera, tanto para perseguir a una gobernadora de oposición por enfrentar a los cárteles con el apoyo que ellos mismos han aceptado, como para proteger a un gobernador de Morena coludido con un cártel. La hipocresía es lo de menos, el tema de fondo es si el Estado mexicano puede cumplir con su responsabilidad y dar seguridad a la población.

Mujeres indígenas desplazadas y desesperadas de Chilapa piden ayuda a Donald Trump porque han sido ignoradas por los tres niveles de gobierno, a los que acusan de estar en connivencia con sus agresores.

En respuesta, la Secretaría de Gobernación comunicó que instalará mesas de diálogo con los dos grupos criminales en pugna. Así no se puede.

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Dignidad frente al desprecio 

Dignidad frente al desprecio 

El Ágora 

Por Ana Gómez

El pasado 6 de mayo, el Congreso del Estado de Aguascalientes celebró una sesión solemne para entregar la «Medalla de la Libertad» a Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid. El mismo día, el Ayuntamiento de Aguascalientes le otorgó las llaves de la ciudad y la Medalla Aguascalientes 450 Años.

El reconocimiento fue presentado como un gesto de hermandad entre Aguascalientes y la capital española, pero para quienes conocemos el historial de declaraciones de Ayuso sobre nuestro país, la ceremonia no fue un puente tendido entre pueblos, sino una señal de alarma que no podíamos ignorar. Por eso, el grupo parlamentario de Morena tomó la decisión de dejar vacíos nuestros curules, que representaban a todas las personas que sienten que hay algo profundamente indignante en entregar una «Medalla de la Libertad» a alguien cuyo concepto de libertad choca frontalmente con la soberanía y la historia de nuestro pueblo.

Un historial de desprecio que no se puede ignorar

La presidenta de la Comunidad de Madrid no vino a tender puentes. Vino con trincheras ya cavadas. En 2021 afirmó que «el indigenismo es el nuevo comunismo», criminalizando la reivindicación de nuestras raíces. En su gira de 2026 fue más lejos: sostuvo que los verdaderos «abusos» en este continente los cometían las poblaciones aztecas y mayas, y que la conquista española fue un acto de caridad civilizatoria. Con esa lógica, milenios de ciencia, cultura y organización social simplemente dejan de existir.

El desprecio tampoco se queda en el pasado remoto. El uso deliberado de «Méjico» con «j» es especialmente revelador, pues ignora a la misma RAE que la derecha acostumbra citar como autoridad, y que reconoce el origen náhuatl de nuestro nombre. A eso se suma tildar a México de «narcoestado» para alimentar el miedo en su propio electorado, usándonos como telón de fondo de su campaña permanente.

Una gira que se desmoronó sola

La visita de Ayuso fue, en la práctica, un desfile de vanidad pagado con dinero público madrileño. En Aguascalientes fue recibida con honores que no correspondían a su cargo, en un Congreso ocupado únicamente por diputados de derecha, mientras afuera ciudadanos inconformes se manifestaban. En ese mismo acto, una regidora de Morena tomó la palabra para recordarle a ella y a los conservadores presentes que los problemas sociales no se resuelven con medallas ni con eventos para visitantes extranjeros.

La gira había comenzado en la Ciudad de México, donde el rechazo marcó desde el principio el tono de los eventos, y Ayuso tuvo que cancelar un homenaje a Hernán Cortés en la Catedral Metropolitana. La presidenta Claudia Sheinbaum lo dijo sin rodeos: «¿Para qué viene esta persona a México? ¿A qué la traen? Piensan que eso les dará legitimidad aquí, pero ¿cómo pueden pensar que una persona que adora a Hernán Cortés les dará legitimidad? Están trasnochados.» La doctora Sheinbaum también subrayó que México vive en total libertad, que permite el debate abierto de ideas y una ciudadanía cada día más participativa.

Lo que empezó como una gira de diez días terminó en un regreso apresurado el 8 de mayo. Ayuso habló de «boicot», pero su agenda simplemente se derrumbó. El Grupo Xcaret negó cualquier presión oficial para excluirla de los Premios Platino, y el fiasco quedó expuesto ante la opinión pública.

Dinero del pueblo, gastado en vanidad

Mientras millones de familias enfrentan dificultades cotidianas, esta gira consumió recursos que ningún gobierno responsable debería dilapidar de esa manera. Según algunas estimaciones, el costo fue de alrededor de 300,000 euros solo en vuelos y hospedaje, otros 450,000 euros en patrocinios, y unos 50,000 euros adicionales en comunicación y autopromoción internacional. En total, cerca de 800,000 euros, alrededor de 16 millones de pesos, para una gira que no generó una sola inversión nueva: los compromisos de empresas como Alsea o CEMEX ya estaban anunciados de antemano.

Es difícil entender que legisladores mexicanos se conviertan en comité de bienvenida de alguien que malgasta fondos públicos para venir a insultarnos en nuestra propia casa. Cuando la validación se busca afuera porque adentro el pueblo no la otorga, algo está profundamente mal en esa postura política, y el pueblo lo sabe.

Memoria y justicia

Frente a todo esto, desde el Congreso de Aguascalientes hemos presentado una iniciativa para inscribir en el Muro de Honor la leyenda «Pueblos Originarios». No es un adorno. Es un acto de justicia ante siglos de silencio forzado y despojo cultural. México no es solo un Estado-nación moderno, es una civilización viva que no necesita el aval de ninguna funcionaria extranjera para reconocer su propio valor.

Juárez nos enseñó que la dignidad se defiende con voluntad, especialmente frente a quienes pretenden imponernos una historia que nos avergüence de nosotros mismos. La cosmovisión de nuestros pueblos originarios no es un lastre del pasado, es una identidad que nos da fortaleza y sentido de pertenencia.

No estuvimos en esa sesión porque nuestra lealtad está con esa historia de resistencia, con los caxcanes y guachichiles que habitaron estas tierras mucho antes de que alguien pretendiera «civilizarlas». Las medallas de conveniencia no nos interesan. Un pueblo que no honra su origen es un pueblo que camina sin brújula. La nuestra apunta hacia nuestra soberanía, y eso no está en negociación.

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Hispanos inmortales

Hispanos inmortales

Desde la Tribuna

Por Laura Sandoval

Existen noches que pertenecen al calendario. Y hay otras que pertenecen a la historia.

Lo ocurrido el pasado 5 de mayo en Las Vegas, Nevada no fue solamente una ceremonia. Fue una declaración. Un grito contenido durante generaciones que finalmente encontró un escenario digno de su magnitud. El nacimiento del Hispanic Football Hall of Fame no marcó únicamente la creación de una institución; marcó el momento en que la memoria del football hispano dejó de solo ser un mito o leyenda para ocupar su lugar en la eternidad.

Durante décadas, la comunidad latina vivió el fútbol americano desde las sombras del reconocimiento. Llenó estadios, heredó pasiones familiares, convirtió domingos en rituales sagrados y sostuvo culturalmente a la NFL como una de sus audiencias más fieles. Pero muchas veces, cuando se escribía la historia oficial, los nombres hispanos parecían notas al pie en un deporte que ellos mismos ayudaron a construir.

Hasta ahora.

Porque Tom Flores, Jim Plunkett, Anthony Muñoz, Ron Rivera, Ted Hendricks, Tom Fears y Steve Van Buren no entraron a este recinto por simbolismo político ni por corrección cultural. Entraron porque conquistaron el juego. Porque transformaron organizaciones. Porque levantaron trofeos, rompieron barreras y demostraron que el talento latino nunca necesitó validación, solo visibilidad.

Cada uno representa algo más grande que sus estadísticas.

Tom Flores representa al pionero que desafió una época donde un entrenador hispano parecía impensable. Jim Plunkett simboliza la dignidad de quien convirtió el rechazo en gloria. Anthony Muñoz es la definición misma de excelencia. Ron Rivera encarna liderazgo y carácter. Ted Hendricks fue rebeldía, intensidad y personalidad en estado puro. Y juntos forman algo más poderoso que una generación inaugural: forman un manifiesto.

Por eso la ceremonia tuvo un peso distinto.

Porque mientras las luces iluminaban Las Vegas, también iluminaban décadas de historias olvidadas. Historias de familias migrantes viendo partidos desde barrios donde soñar con la NFL parecía una fantasía imposible. Historias de niños que crecieron amando este deporte sin escuchar jamás un apellido parecido al suyo en los grandes relatos históricos.

Y eso cambia cuando un niño ve a Jim Plunkett levantarse como inmortal y entiende que su herencia no es un obstáculo dentro del football, sino parte de su legado.

Hay algo casi cinematográfico en que todo esto ocurriera bajo el aura de los Raiders en un 5 de mayo. Ninguna franquicia entendió antes la conexión entre identidad, rebeldía y cultura latina como los “Silver and Black”. Los Raiders no solo tuvieron figuras hispanas; construyeron una relación emocional con comunidades enteras que encontraron en ese escudo una representación de orgullo y resistencia.

Por eso la noche se sintió tan auténtica.

Porque no parecía una estrategia de marketing. Parecía justicia histórica.

Pero el verdadero desafío comienza después de los aplausos.

Un salón de la fama no puede vivir únicamente de la nostalgia. Debe convertirse en memoria viva. Debe educar, inspirar y preservar historias que durante demasiado tiempo quedaron atrapadas entre estadísticas y silencios. Tiene que convertirse en un puente entre generaciones. En un archivo emocional de lo que los latinos significan para este deporte.

Porque el impacto hispano en el football jamás se limitó a los números de audiencia. Está en los vestidores. En los coaches. En los jugadores. En las familias que encontraron identidad alrededor de este deporte. Está en quienes abrieron puertas cuando nadie quería abrirlas.

Y quizá eso fue lo más poderoso de aquella noche en Las Vegas.

No se sintió como la creación de un salón alternativo.

Se sintió como si la historia, por fin, hubiera decidido contarse completa.

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La extradición de Rocha Moya

La extradición de Rocha Moya

Están moralmente putrefactos. 
El obradorato vive su peor crisis. El Departamento de Justicia de Estados Unidos solicitó al gobierno mexicano detener con fines de extradición al gobernador Rubén Rocha Moya, al senador Enrique Inzunza, al alcalde Juan de Dios Gámez y a otros siete funcionarios, después de que un gran jurado en Nueva York encontrara su probable responsabilidad por contubernio con el Cártel de Sinaloa.

Pero en lugar de cumplir con el tratado suscrito, decidieron proteger a sus criaturas. Ahí se establece la detención cautelar de los acusados y el país requiriente tiene sesenta días para presentar las pruebas al juez de la causa. En lugar de eso, la cancillería mexicana pidió una opinión no estipulada a la Fiscalía General que, como es del dominio público, sirve a los intereses facciosos del régimen y se negó a proceder.

Quienes extendieron la prisión oficiosa, tienen más de 100 mil presos sin sentencia y le entregaron a ese país 92 mexicanos sin juicio, alegan presunción de inocencia y defensa de la soberanía para justificar la protección de sus correligionarios. Es verdad que Rocha Moya se vio obligado a pedir licencia, pero dejó en su lugar a quien garantiza la continuidad de su gobierno coludido.

Piden pruebas, pero desde su elección en 2021 quedó documentada la participación criminal para favorecerlo, al grado de levantar a más de 200 operadores de su rival. El Mayo Zambada aseguró que lo secuestraron donde se iba a encontrar con él y Melesio Cuén, a quien ahí mismo privaron de la vida, pero la fiscalía estatal realizó un montaje para decir que fue en una gasolinera.

El problema es grave y rebasa Sinaloa. Son muchos lugares donde un cártel decide quiénes compiten y quiénes ganan los comicios, lo que les da control del presupuesto, de la policía y del territorio. Es el resultado de los abrazos de López Obrador, quien para ganar no dudó en aliarse con el diablo. Luchar por la soberanía pasa por recuperar al país del crimen.

Fernando Belaunzarán en Instagram: @fer_belaunzaran, en X: @ferbelaunzaran

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El espejo roto de la soberanía 

El espejo roto de la soberanía 

El Ágora

Por Ana Gómez

El panorama político de México en 2026 reproduce una lógica que la historia latinoamericana conoce bien, la soberanía se defiende en el discurso, pero se erosiona en los hechos. 

El caso judicial construido desde el Distrito Sur de Nueva York contra el gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, no es una anomalía del sistema legal estadounidense, sino su expresión más nítida. Es la continuación de una doctrina de extraterritorialidad que Washington ha aplicado sistemáticamente cuando sus intereses domésticos requieren un relato externo que los justifique.

Estados Unidos tiene un historial documentado de utilizar su sistema judicial como herramienta de presión diplomática. Desde las sanciones extraterritoriales derivadas de la Ley Helms-Burton contra Cuba, hasta los procesos contra funcionarios venezolanos construidos sobre testimonios de colaboradores con inmunidad negociada, el patrón es consistente: cuando la vía diplomática resulta insuficiente, el Departamento de Justicia actúa como su brazo ejecutor.

El caso contra Rocha Moya sigue ese mismo patrón. La acusación no descansa sobre pruebas materiales como transferencias bancarias, grabaciones, registros documentales, sino sobre las declaraciones de Ismael «El Mayo» Zambada y miembros del Cártel de Sinaloa, quienes operan bajo esquemas de cooperación que ofrecen reducciones sustanciales de condena a cambio de señalamientos políticamente útiles. Bajo esta lógica perversa, un testigo colaborador no tiene incentivo para decir la verdad; lo tiene para decir lo que el fiscal necesita escuchar. La credibilidad procesal de estos testimonios es, académicamente hablando, prácticamente nula sin corroboración independiente.

El doble rasero y el experimento mental

Para calibrar la magnitud del absurdo, basta con invertir el escenario: la Fiscalía General de la República emitiendo cargos contra el gobernador de Arizona por complicidad en el tráfico de armas hacia México, que es un fenómeno real y documentado, sustentada únicamente en testimonios de narcotraficantes mexicanos que negocian su libertad. Washington lo calificaría, sin dudar, como una agresión a su soberanía. Sin embargo, esa asimetría no incomoda a los operadores del sistema judicial neoyorquino, porque históricamente no ha tenido consecuencias.

Este doble estándar no es nuevo. Desde la Doctrina Monroe hasta las intervenciones en Guatemala (1954), Chile (1973) o la operación Cóndor, Estados Unidos ha aplicado criterios diferenciados: lo que considera inaceptable para su territorio es política exterior legítima cuando se ejerce hacia el sur.

Rocha Moya y la respuesta institucional

Frente a este embate, la postura de Rocha Moya ha sido la de un actor que apela a los mecanismos legales de su propio Estado. Su solicitud de licencia para facilitar la investigación de la FGR, en lugar de fugarse o confrontar abiertamente, refleja confianza en las instituciones nacionales. La presidenta Claudia Sheinbaum ha sido categórica, lo presentado es una «hoja de papel», una acusación sin sustento que pretende juzgar a un funcionario mexicano bajo jurisdicción extraterritorial forzada, en contradicción con el espíritu del Tratado de Extradición de 1978, que exige pruebas suficientes y delitos cometidos en territorio estadounidense o con vínculos directos demostrables.

La FGR ha asumido el control del proceso, lo que es jurídicamente correcto. La soberanía no se defiende cediendo la jurisdicción; se defiende demostrando capacidad de impartir justicia internamente.

El caso Chihuahua: la soberanía en subasta

El contraste con Chihuahua resulta revelador. El accidente en Morelos donde fallecieron agentes de la CIA operando encubiertos con uniformes de la policía estatal no es un incidente menor: es evidencia de una penetración institucional que viola la Ley de Seguridad Nacional y el artículo 89 constitucional. La existencia de espacios exclusivos para agencias estadounidenses en instalaciones de gobierno chihuahuense confirma que la gobernadora María Eugenia Campos ha permitido, con distintos niveles de conocimiento o tolerancia, una intervención directa en el territorio nacional.

Lo paradójico es que a Rocha Moya se le acusa sin pruebas desde el exterior, mientras que en Chihuahua la injerencia es física, verificable y opera desde adentro, sin que genere la misma indignación en los sectores que exigen soberanía selectiva.

El caso contra Rubén Rocha Moya debe leerse en su contexto estructural: es un episodio más de la larga tradición estadounidense de instrumentalizar su sistema judicial para moldear la política interna de sus vecinos. La debilidad probatoria, como testimonios interesados, ausencia de prueba material, jurisdicción forzada, no es un error procesal; es el diseño de un mecanismo de presión. México tiene la obligación histórica y jurídica de no aceptar que palabras compradas en cárceles extranjeras definan su rumbo político. La soberanía no es un concepto retórico: es una práctica que se defiende con instituciones sólidas, criterio jurídico riguroso y memoria histórica. En 2026, las tres son indispensables.

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