¿Y si sí?

¿Y si sí?

Se vale soñar.
Para que las cosas valiosas sucedan hay que desearlas, creer que se pueden lograr y poner manos a la obra. No caen del cielo, ni son producto de la suerte, requieren preparación, inteligencia y esfuerzo. Cuando se tratan de logros colectivos, además se requiere de apertura, generosidad, reconocimiento mutuo, inclusión y trabajo en equipo.

Lo vemos con la Selección y su ascendente paso en el Mundial, lo que ha hecho una electrizante conexión con la afición… ¡y vaya que pesa el jugador número 12!. En ese contexto se abrió paso la pregunta de la esperanza.

“¿Y si sí?”, se oye en todo México y resonó con fuerza en El Azteca. Hacer el sueño realidad, sobrepasando obstáculos y dificultades, rompiendo jetaturas y quinielas, para lograr lo que parece imposible y nunca, hasta ahora, se ha logrado. Con esa ilusión se desborda el Ángel, la Minerva, la Macroplaza e infinidad de otras plazas y avenidas a lo largo y ancho del país.

Ese ímpetu esperanzador trasciende el futbol, pues tenemos muchos retos como nación. Por ejemplo, lograr un sistema de salud eficiente y acabar con el desabasto de medicinas. Superar el rezago y que la educación básica sea de calidad. Que haya crecimiento económico, empleo y oportunidades para los jóvenes. Depurar y separar al Estado del crimen organizado para tener seguridad y recuperar la soberanía donde hoy mandan los delincuentes. Que las madres no tengan que remover la tierra para buscar a sus hijos. Ponerle límites al poder en un sistema de equilibrios, contrapesos y certeza jurídica. Volver a la senda la democracia y darle vigencia y plenitud a nuestras libertades hoy escamoteadas.

En síntesis, sacar a Morena de Palacio Nacional y construir pluralmente al México que nos enorgullezca a todos. Es verdad que tienen todo el poder y lo usan de manera facciosa para no soltarlo nunca. Que son dueños de la cancha desnivelada y del árbitro, pero no les será suficiente si despiertan los mexicanos. Preguntémonos de nuevo: ¿Y si sí?

Fernando Belaunzarán en Instagram: @fer_belaunzaran, en X: @ferbelaunzaran

Te puede interesar: Realidad alterna

*Los textos publicados en la sección de Opinión son responsabilidad exclusiva del autor.

Entérate de las noticias por medio de nuestra cuenta oficial en Instagram

Morena, así se elige a quien gobierna

Morena, así se elige a quien gobierna

El Ágora

Por Ana Gómez

Hay una narrativa cómoda, muy repetida en los espacios de la oposición, que describe a Morena como un partido de dedazos disfrazados de consultas. La evidencia, sin embargo, apunta en otra dirección.

Para las elecciones de 2027, donde están en juego 17 gubernaturas, el movimiento fundado por el Presidente Andrés Manuel López Obrador ha diseñado un sistema de filtros que ningún partido del viejo régimen se atrevería a aplicar a sus propias filas, sencillamente porque sus cúpulas no sobrevivirían al escrutinio.

El método

Los 277 aspirantes registrados deben someterse al escrutinio cruzado de la Fiscalía General de la República, la Unidad de Inteligencia Financiera, la Comisión Nacional Bancaria y de Valores y el Centro Nacional de Inteligencia. No se trata de un trámite burocrático, es la admisión explícita de que el crimen organizado ha intentado infiltrar las estructuras políticas del país, y de que Morena no está dispuesta a cerrar los ojos ante eso.

La llamada Ley “3 de 3” añade otro candado, donde queda vetado el registro a quienes tengan sentencias por violencia política de género, violencia familiar o que sean deudores alimentarios. Los aspirantes, además, firman cuatro cartas compromiso, incluyendo una que los obliga a respetar los resultados para preservar la unidad del movimiento. El viejo PRI y el “nuevo” PAN, jamás podrían hacer algo así, sencillamente porque el resultado ya estaba pactado de antemano.

El instrumento de definición por excelencia sigue siendo la encuesta, que mide conocimiento territorial, honestidad percibida y arraigo. Para los cargos plurinominales, la tómbola persiste como mecanismo que sirve para romper el monopolio de las camarillas y abrir espacios a comunidades indígenas y personas con discapacidad. Hasta un 40 por ciento de candidaturas en distritos de mayoría puede recaer en perfiles externos, siempre que superen los mismos filtros éticos. Es un partido que, al menos en sus reglas escritas, apuesta por la permeabilidad antes que por la endogamia.

Aguascalientes con Nora Ruvalcaba Gámez

Aguascalientes, es el único estado donde Morena perdió la elección presidencial de 2024, y el bastión más resistente del PAN en el país. Sin embargo, el proceso interno de la 4T revela algo interesante, la brecha en las encuestas revela la notable diversidad en las posibles candidaturas. 

La primera, la senadora Nora Ruvalcaba Gámez, encabeza las simpatías internas con el 56 por ciento y representa la apuesta de continuidad y experiencia territorial. Salma Luévano Luna, diputada federal, pone sobre la mesa una candidatura histórica, porque aspira a convertirse en la primera gobernadora trans de México, enfocando su propuesta en derechos de las minorías y acceso a servicios básicos. Ricardo Rodríguez Vargas, exdirector del INDEP, suma perfil técnico a la discusión. El Partido Verde aporta a Genny López, diputada local que formaliza la representación de esa fuerza dentro de la coalición. El Partido del Trabajo, aliado estratégico, aguarda el resultado para sumarse al frente común.

La oposición prefiere ver en esta pluralidad un síntoma de desorden. Pero la realidad, es opuesta, es el reflejo de un movimiento que todavía debate, no como el PRI, el PAN o incluso MC que lo designaran por dedazo. 

Bajo este contexto se entiende mejor la decisión de Arturo Ávila Anaya. El diputado y vocero del movimiento optó por no registrarse para la gubernatura de Aguascalientes, y su argumento merece tomarse en serio, con su candidatura en la boleta interna, el debate se fragmentaría y el desgaste restaría energía a quien finalmente encabece el proyecto. Al ceder el espacio, Ávila apuesta por el consenso en torno a Nora Ruvalcaba.

Su destino declarado es la alcaldía Cuauhtémoc, en la Ciudad de México, demarcación donde nació y reside. Las encuestas que cita le dan una ventaja de 16 puntos frente a la oposición. Su diagnóstico sobre la gestión actual es severo, el agua, baches, mercados públicos en deterioro, y una administración que ha privilegiado la presencia en redes sociales por encima de la obra tangible. Es el tipo de crítica que conecta con el vecino que carga cubetas porque la tubería lleva semanas sin presión, no con el analista que sigue redes sociales.

La unidad como estrategia

Morena se ha convertido en columna vertebral de su proyecto, la unidad no se decreta, se construye. Las cuatro cartas compromiso que firman los aspirantes, el respeto al resultado de las encuestas, la disposición a ceder el espacio propio cuando el conjunto lo requiere, todo apunta a un partido que ha aprendido, a veces a golpes, que la fragmentación interna es el regalo más valioso que puede hacerle a sus adversarios.

En Aguascalientes o en la Cuauhtémoc, en la gubernatura o en la alcaldía, la lógica es la misma, el movimiento antes que el individuo, la transformación antes que el cargo. Mientras la oposición celebra cada encuesta adversa como si fuera ya una urna, Morena afina su método, diversifica sus perfiles y construye su coalición. La elección de 2027 está lejos, pero el trabajo, en cambio, ya comenzó.

Sigue a Ana Gómez en X: @AnaGomezCalzada

*Los textos publicados en la sección de Opinión son responsabilidad exclusiva del autor.

Te puede interesar: El Mundial avanza, el balón que junta, el muro que separa

Entérate de las noticias por medio de nuestra cuenta oficial en Instagram

Friendship Bowl, constructor de sueños de gigantes

Friendship Bowl, constructor de sueños de gigantes

Desde la Tribuna 

Por Laura Sandoval

Hay momentos que no llegan para confirmar una historia. Llegan para cambiarla.

Durante décadas, el fútbol americano juvenil en México ha vivido entre la pasión y la paciencia: generaciones enteras entrenando en campos que pocas veces aparecían en los reflectores internacionales, familias convirtiendo madrugadas en sacrificios silenciosos y jóvenes creyendo que el talento no entiende fronteras, aunque el mapa dijera otra cosa.

Pero hay instantes donde una puerta deja de ser una aspiración y se convierte en una entrada.

Eso representa hoy el Friendship Bowl Youth Football.

Porque esto va mucho más allá de participar en un evento. Es entender que el trabajo de años comienza a ocupar espacios que antes parecían reservados para otros. Que un grupo de jugadores juveniles tenga presencia dentro de las actividades del Thursday Night Football, junto a Los Angeles Rams y con cobertura de NFL Network en el escenario monumental del SoFi Stadium, no es una fotografía; es un mensaje.

Un mensaje que dice que el talento mexicano ya no está tocando la puerta.

Está derribando fronteras.

Y mientras el emparrillado de California abre un nuevo capítulo, otro escenario histórico espera del otro lado del Atlántico.

Londres.

El Friendship Bowl también será parte de las actividades internacionales de la NFL en el encuentro entre Washington Commanders y Indianapolis Colts en el Tottenham Hotspur Stadium. Ahí, el duelo entre FSB Mexican Academy y NFL Academy tendrá un significado que trasciende el marcador.

Porque hay partidos que no se juegan para ganar yardas.

Se juegan para abrir caminos.

Cada generación necesita un momento que redefina lo posible. Quizá para algunos fue ver llegar el primer partido internacional. Para otros, ver a un mexicano competir al más alto nivel. Para esta generación, puede ser descubrir que el uniforme que hoy usan en categorías juveniles puede ser el inicio de una conversación global.

Y entonces aparece otro símbolo.

Más de cien años de historia del fútbol americano nacional y una figura con tres décadas de experiencia en la NFL, cuatro anillos de Super Bowl y una vida construida en el máximo nivel decide mirar hacia este proyecto y decir: vamos a trabajar.

Brian Pariani no representa únicamente experiencia. Representa algo todavía más poderoso: validación. La confirmación de que el desarrollo, la metodología y la visión pueden conectar el fútbol juvenil mexicano con los estándares más altos del planeta.

Pero quizá lo más importante de todo esto no está en los estadios, ni en los logos, ni en las transmisiones.

Está en el niño que hoy está entrenando sin saber que el deporte acaba de expandir sus límites.

Porque cuando una generación ve que alguien de su mismo punto de partida pisa escenarios que parecían imposibles, deja de preguntarse si pertenece.

Empieza a prepararse para estar ahí.

Y eso, más que hacer historia, es comenzar a cambiarla.

Sigue a Laura Sandoval en: Instagram @lautrek13 En X @LAuTrEK

Te puede interesar: DC contra Louisville: Defender el reino o conquistar la historia

Los textos publicados en la sección de Opinión son responsabilidad exclusiva del autor

Entérate de otras noticias por medio de nuestra cuenta oficial en Instagram

Realidad alterna

Realidad alterna

Podemos vivir ambos mundos.
El Mundial es un acontecimiento que trasciende lo deportivo, un fenómeno social sin parangón. Los partidos paralizan países, movilizan pueblos, exacerban pasiones. Y después del pitazo final, el nacionalismo absorto en el balón encuentra cauce en la fiesta, regodeándose en la identidad reivindicada que hace comunidad, éxtasis colectivo al que pocos pueden resistirse.

Tanta algarabía es embriagante y puede distraer de los problemas, pero no los resuelve. Es una realidad alterna que coexiste con otra realidad, la dura y cotidiana que lejos de desaparecer, no deja de asomar la cabeza.

Nada lo expresa mejor que la herida abierta de los desaparecidos y la tenacidad de madres y colectivos de búsqueda por hacerse presentes y gritarle al mundo su irreprochable desesperación por no saber dónde están sus seres queridos y lidiar con un Estado indolente, rebasado y, en muchos casos, tolerante cuando no coludido con el crimen.

Y los demás problemas también siguen ahí. El autoritarismo que acabó con la división de poderes y los contrapesos; la censura que amenaza con ser más explícita; el estancamiento económico y la inflación; la falta de inversiones y la ausencia de Estado de derecho; el desabasto de medicamentos y el rezago educativo; la corrupción rampante y la exultante impunidad; la inseguridad y el innegable poder político, económico y territorial de la delincuencia organizada.

Mientras dure la Copa del Mundo seguirá la ambivalencia. No se diga si la selección mexicana felizmente mantiene el paso, ganando y avanzando. Lo importante es saber que no es excluyente, que se puede gozar de la emoción del futbol y celebrar los triunfos y al mismo tiempo solidarizarse con la madres buscadoras, informarnos, demandar rendición de cuentas y ejercer nuestros derechos.

Basta con evitar que la emoción se vuelva enajenación y disfrutar el juego sin ignorar lo que tenemos alrededor. Finalmente, en las dos realidades, queremos que gane México.

Fernando Belaunzarán en Instagram: @fer_belaunzaran, en X: @ferbelaunzaran

Te puede interesar: Madres buscadoras y el Mundial 

*Los textos publicados en la sección de Opinión son responsabilidad exclusiva del autor.

Entérate de las noticias por medio de nuestra cuenta oficial en Instagram

El Mundial avanza, el balón que junta, el muro que separa

El Mundial avanza, el balón que junta, el muro que separa

El Ágora

Por Ana Gómez

Una semana después de la inauguración, el Mundial 2026 confirma su doble cara. Dentro de México, el torneo sigue funcionando como un acelerador de empatía entre selecciones y aficiones que jamás se habían visto. 

Afuera, del lado estadounidense, la fiesta convive con tiroteos que no distinguen entre balón y bala, y con una política migratoria que no da tregua ni siquiera al evento que reúne al planeta.

Las hazañas de los chicos

Más que los marcadores abultados, lo que dejó esta semana fueron las sorpresas y la resistencia de los equipos pequeños. Cabo Verde sigue invicto, tras el 0-0 ante España, ahora rescató un 2-2 frente a Uruguay y mantiene viva la ilusión de clasificar en su primer Mundial. Curazao, la nación más pequeña en la historia de una Copa del Mundo, empató 0-0 con Ecuador y consiguió su primer punto. La República Democrática del Congo, debutante absoluta, empató 1-1 con un Portugal que ya suma diez partidos sin gol de Cristiano Ronaldo en Mundiales y Eurocopas. Marruecos venció 1-0 a Escocia, Irán resistió un 0-0 ante Bélgica y Egipto remontó para ganar 3-1 a Nueva Zelanda, su primer triunfo en la historia del torneo. Ghana sufrió hasta el descuento para vencer 1-0 a Panamá. 

México sigue tendiendo la mano

México volvió a demostrar que, de este lado de la frontera, el Mundial sigue siendo fiesta compartida. Antes del duelo en Guadalajara, las aficiones de México y Corea del Sur estrecharon lazos en las calles de la ciudad, que por primera vez en su historia recibía un partido mundialista, pese a haber sido sede en 1970 y 1986. Tras el triunfo del Tri, más de 300 mil personas celebraron solo en el Zócalo capitalino, con festivales futboleros igualmente abarrotados en Monterrey y Guadalajara.

Javier Aguirre relató cómo, afuera del hotel de concentración tapatío, lo recibieron madres, abuelas, bebés y mariachis. El portero Raúl Rangel, además, igualó una marca que solo tenía Guillermo Ochoa, el arco en cero en sus primeros dos partidos mundialistas. Irán, por su parte, instaló su campamento en Tijuana ante las restricciones impuestas por Washington a su delegación, y solo cruzará a territorio estadounidense para disputar sus partidos. México, una vez más, funciona como refugio para selecciones que el anfitrión del norte trata con sospecha.

El cariño no es exclusivo de los coreanos. En Monterrey, donde Japón instaló su campamento de preparación, la afición regiomontana arropó a los asiáticos a pesar de la polémica por el estado de las canchas de entrenamiento. Japón devolvió el gesto, su afición se quedó a recoger la basura de las gradas del Estadio Monterrey tras enfrentar a Túnez, en el partido que marcó el número 1,000 en la historia de los Mundiales.

Estados Unidos, la misma exclusión, nuevos episodios

Del otro lado, la lista de incidentes no deja de crecer. El jueves, horas después del desfile por el título de los Knicks, un tiroteo sacudió Times Square, epicentro de la fiesta mundialista en Nueva York y sede de la final, no hubo heridos, pero sí estampidas entre los aficionados de Brasil, Argentina y Marruecos que ahí se reúnen a diario. El temor a la violencia no es nuevo en esa sede, hace un año, en la final del Mundial de Clubes, un solicitante de asilo fue detenido frente a sus hijos en el estacionamiento del propio MetLife Stadium, encarcelado tres meses y finalmente deportado.

En el plano migratorio, el Departamento de Seguridad Nacional reconoció que no existe ninguna directriz que ordene a ICE mantenerse alejado de los estadios, y que la agencia conserva plena facultad legal para detener sin orden judicial dentro o cerca de los recintos. Amnistía Internacional ya había advertido que ICE representa una amenaza incluso para los propios futbolistas. Human Rights Watch documentó que, desde enero de 2025, más de 167 mil personas han sido arrestadas solo en las once ciudades sede estadounidenses. En el Congreso, la legisladora Nellie Pou propuso la Save the World Cup Act, que prohibiría operaciones migratorias en un radio de kilómetro y medio alrededor de los estadios; la iniciativa, sin embargo, tiene pocas posibilidades en un Congreso republicano. Esta semana se confirmó, además, la presencia de ICE en los alrededores del estadio de Santa Clara, sede de los próximos partidos en el Área de la Bahía.

El marcador extradeportivo sigue sin favorecer a Estados Unidos. Mientras México multiplica abrazos entre desconocidos y comparte sus calles con el mundo, el anfitrión más poderoso del planeta insiste en recordarle a sus visitantes, y a sus propios migrantes, que la bienvenida tiene condiciones. El Mundial avanza, pero esa otra competencia, la de la hospitalidad, sigue 2-0 a favor de México.

Sigue a Ana Gómez en X: @AnaGomezCalzada

*Los textos publicados en la sección de Opinión son responsabilidad exclusiva del autor.

Te puede interesar: El Mundial que une y el Mundial que excluye

Entérate de las noticias por medio de nuestra cuenta oficial en Instagram

Fútbol y Football más que un crossover

Fútbol y Football más que un crossover

Desde la Tribuna

Por Laura Sandoval

Hay fotografías que parecen imposibles.

No por lo que muestran, sino por lo que terminan anunciando.

Una de ellas ocurrió hace más de medio siglo: Pelé y Joe Namath compartiendo cuadro, sonriendo, como si pertenecieran al mismo universo.

Y en teoría no era así.

Uno era el rostro del deporte más global del planeta. El otro, el quarterback más mediático del deporte más estadounidense de todos.

Pero ahí estaban.

Hoy, cuando el Mundial se juega en estadios de NFL y ciudades enteras transforman sus templos del football para recibir futbol, aquella imagen ya no parece una curiosidad histórica.

Parece una profecía.

Porque quizá llevamos décadas viendo cómo estos dos deportes se acercaban… y apenas ahora entendimos que nunca estuvieron tan separados.

Cuando Pelé llegó a Estados Unidos para jugar con el New York Cosmos en los años setenta, el futbol todavía era visto como una excentricidad extranjera.

Pero había algo que Estados Unidos sí entendía mejor que nadie: el espectáculo.

Y ahí apareció Joe Namath.

Namath ya era una celebridad absoluta con los New York Jets. Pelé estaba intentando convencer al país de adoptar una nueva pasión.

Aquella fotografía entre ambos nunca fue solamente promoción.

Fue el instante en que futbol y football descubrieron que compartían algo esencial: ambos entendían que los estadios no son edificios; son escenarios.

Décadas después, el Mundial ya no entra a los estadios NFL como invitado.

Llega como protagonista.

Pero el intercambio entre ambos deportes nunca fue solamente cultural.

También fue físico.

Porque durante años hubo jugadores que descubrieron que el camino del balón redondo podía terminar en el ovoide.

El caso más fascinante quizá sea Tony Meola.

Sí, el mismo arquero que defendió a Estados Unidos en los Mundiales de 1990 y 1994.

Después de su carrera como futbolista profesional decidió probar suerte como pateador con los New York Jets.

Nunca llegó a jugar temporada regular en la NFL.

Y aun así el intento dejó algo claro: entre el golpeo de un balón y un gol de campo hay menos distancia de la que imaginamos.

No fue el único.

Brandon Aubrey pasó por el futbol profesional antes de convertirse en uno de los pateadores más efectivos de la NFL.

Josh Lambo fue portero antes de construir carrera en el emparrillado.

Younghoe Koo también creció con una fuerte formación futbolística antes de consolidarse como especialista.

Durante años el pateador fue visto como el jugador “menos NFL”.

Quizá era exactamente al revés.

Quizá siempre fue el punto donde ambos deportes se tocaban.

Y si hablamos de conexiones modernas, hay un momento reciente que resume perfectamente esta nueva era.

Cooper Kupp y Kylian Mbappé.

Dos atletas que parecen venir de mundos distintos y que, sin embargo, representan exactamente el mismo fenómeno.

Kupp acababa de convertirse en el rostro de la NFL después de ganar el Super Bowl y ser nombrado MVP.

Mbappé ya era el heredero global del futbol tras levantar una Copa del Mundo y convertirse en el jugador destinado a marcar una generación.

No compartían posición.

No compartían deporte.

Ni siquiera compartían el mismo lenguaje competitivo.

Pero sí compartían algo más profundo: entendían lo que significa cargar con la expectativa de ser la imagen de una época.

Y ese momento dejó ver algo nuevo.

El futbolista ya sigue la NFL.

El receptor de NFL sigue la Champions.

Las fronteras culturales empezaron a desaparecer.

Hoy un aficionado del Mundial reconoce a Cooper Kupp.

Y un fan de NFL sabe perfectamente quién es Mbappé.

Las narrativas ya se mezclaron.

Pero quizá el ejemplo más curioso de todos ni siquiera ocurrió dentro de una cancha.

Ocurrió en la imaginación.

Porque pocos casos explican mejor este nuevo puente que Antoine Griezmann.

Mientras muchos futbolistas siguen la NFL por entretenimiento, Griezmann convirtió esa pasión en parte de su identidad pública.

Celebra touchdowns.

Consume football americano constantemente.

Construyó relaciones con jugadores NFL.

Y durante años alimentó una idea fascinante: imaginar cómo habría sido su vida si hubiera perseguido un Super Bowl en lugar de una Copa del Mundo.

Hay algo poderoso en eso.

Porque deja claro que el atleta moderno ya no crece admirando un solo deporte.

Crece dentro de una cultura deportiva compartida.

Pelé veía a Namath como una estrella de otro mundo.

Griezmann ya se imagina dentro del suyo.

Y ahora el Mundial hace el gesto más simbólico de todos.

Está entrando a estadios diseñados para el football… y transformándolos por unas semanas en catedrales del futbol.

Cambian las líneas.

Cambian las dimensiones.

Desaparecen los logos.

Pero permanece el ritual.

Porque al final da igual si el balón se patea para un gol de campo o para un gol al ángulo.

Lo que llena un estadio nunca ha sido el deporte.

Ha sido esa sensación irrepetible de que algo histórico puede pasar frente a tus ojos.

Pelé y Namath lo entendieron antes que todos.

Y quizá por eso aquella fotografía ya no parece una coincidencia.

Parece el inicio de una conversación que terminó convirtiéndose en Mundial.

Una conversación que empezó con una sonrisa entre dos leyendas…

y que hoy sigue viva cada vez que el futbol entra a una casa construida para el football.

Sigue a Laura Sandoval en: Instagram @lautrek13 En X @LAuTrEK

Te puede interesar: DC contra Louisville: Defender el reino o conquistar la historia

Los textos publicados en la sección de Opinión son responsabilidad exclusiva del autor

Entérate de otras noticias por medio de nuestra cuenta oficial en Instagram

Madres buscadoras y el Mundial 

Madres buscadoras y el Mundial 

De humanistas no tienen nada. 
La incertidumbre quema por dentro: desconocer dónde está tu ser querido, qué le sucedió, si está bien, si está sufriendo, si le hicieron daño, si todavía vive. Y luego temer lo peor, buscar en morgues y remover la tierra para al menos recuperar su cuerpo y así acabar con el martirio de no saber, anhelando algo de paz, sin perder la esperanza del milagro de volverlo a escuchar.

Eso imagino al ponerme en los zapatos de las madres buscadoras que, desesperadas, se manifiestan en el marco del Mundial para ser vistas, para que la difusión del drama y la tragedia por 132 mil desaparecidos cambie las cosas. No cuentan con las autoridades rebasadas, cuando no coludidas, y tienen que hacer su trabajo mientras la violencia criminal persiste.

Hay escenas que impactan. Hinchas suecos abrazando a familiares con empatía. Una madre arrodillada frente a granaderos conmovidos que le impiden el paso hacia el Estadio. Un adulto mayor humilde enseñando la foto de su hija a aficionados que pasan de largo. Jóvenes ebrios usando de paraguas una lona con fotos de desaparecidos, agrediendo a quien se los reclama.

Pero si algo ofende es la burla e indolencia del poder. No sé de qué se ríe la Presidenta al decir que había más personas de las Comisiones de Búsqueda que madres manifestándose. Tampoco comprendo las prioridades del gobierno al anunciar una investigación sobre quiénes costearon el viaje de colectivos de Jalisco a la Ciudad de México. ¿Y si mejor investigan dónde están los desaparecidos y quiénes los desaparecieron?

En Argentina 78 se dieron a conocer Las madres de la Plaza de Mayo, igual que ahora las madres buscadoras de México. La lucha es igual de justa e irreprochable. Aunque se enojen por la comparación, el dolor es el mismo. Alegan que allá los desparecía la dictadura y aquí son organizaciones criminales; pero éstas han infiltrado a los tres niveles de gobierno. Sea por complicidad o aquiescencia, aquí también fue y es el Estado.

Fernando Belaunzarán en Instagram: @fer_belaunzaran, en X: @ferbelaunzaran

Te puede interesar: Sabotaje a Somos México 

*Los textos publicados en la sección de Opinión son responsabilidad exclusiva del autor.

Entérate de las noticias por medio de nuestra cuenta oficial en Instagram

El Mundial que une y el Mundial que excluye

El Mundial que une y el Mundial que excluye

El Ágora

Por Ana Gómez

El fútbol tiene una virtud que los diplomáticos tardan décadas en construir: tender puentes en cuestión de minutos. El Mundial 2026 lo está demostrando desde sus primeras jornadas. 

México y Corea del Sur, países separados por doce mil kilómetros y mundos culturales distintos, comparten ahora la misma tribuna de aficionados. Japón y Brasil conviven en las gradas del Azteca. Un japonés con la playera de su selección comparte un taco con un senegalés en el Zócalo, y ninguno necesita pasaporte adicional para ese acto de humanidad y fraternidad. En el lado mexicano de esta Copa del Mundo, el fútbol está funcionando exactamente como debe, como un idioma universal sin aduanas ni fronteras. Lo que ocurre en el lado estadounidense es otra historia.

Goles para empezar

Los resultados inaugurales del torneo más grande de la historia. México arrancó con autoridad al derrotar 2-0 a Sudáfrica en el partido inaugural, desatando una celebración que recorrió el país de norte a sur. Ese mismo día, Corea del Sur venció 2-1 a la República Checa. 

Estados Unidos goleó 4-1 a Paraguay en Los Ángeles. Canadá, por su parte, debutó en Toronto con un empate 1-1 ante Bosnia y Herzegovina. Qatar logró sumar su primer punto en la historia de los Mundiales al empatar 1-1 con Suiza. Brasil debutó con un empate ante Marruecos. Escocia consiguió su primera victoria al vencer 1-0 a Haití, y Australia sorprendió al derrotar 2-0 a Turquía.

Alemania goleó 7-1 a Curazao y Suecia aplastó 5-1 a Túnez. Países Bajos y Japón protagonizaron uno de los partidos más disputados de la fase inicial con un empate 2-2. Costa de Marfil venció 1-0 a Ecuador.

Hubo también una nota amarga, la exigencia de destitución de un árbitro captado en televisión realizando un gesto racista, prueba de que los peores virus también viajan al Mundial.

El otro partido

El torneo se juega también fuera de la cancha, y ahí los resultados son más complicados.

En México, la inauguración en el Estadio Azteca estuvo acompañada de manifestantes, entre ellos maestros de la CNTE y colectivos de personas desaparecidas. El gobierno de Claudia Sheinbaum intentó mediar antes del arranque, se abrió mesas de diálogo con el magisterio, desde que inició su gobierno se han anunciado aumentos salariales del 10% en 2025 y otro del 9% en 2026, se entregaron un millón de plazas docentes que la reforma educativa neoliberal se había negado. Los números son contundentes, con Enrique Peña Nieto, el salario promedio de un maestro era de 11,952 pesos al mes; hoy, con Sheinbaum, ronda los 20,000 pesos.

No es un dato menor. Sin embargo, la CNTE exige un incremento salarial del 100% y la abrogación de reformas acumuladas desde 2007, demandas que el gobierno considera inviables presupuestalmente. El diálogo existe, la tensión también. Esa es la diferencia, en México hay una negociación, imperfecta y ruidosa, pero existe el diálogo. 

El anfitrión que cierra la puerta

En Estados Unidos, en cambio, el conflicto no es entre el gobierno y sus trabajadores, es entre el gobierno y el mundo.

La administración de Donald Trump impuso restricciones de viaje a ciudadanos de 39 países, afectando directamente a aficionados de Irán, Haití, Costa de Marfil y Senegal, selecciones que sí clasificaron al torneo, pero cuyos aficionados no pueden cruzar la frontera para verlas. Los atletas tienen excepciones, pero sus familias no. 

Pero el capítulo más perturbador ocurre dentro de los propios estadios. A pesar de promesas iniciales en sentido contrario, el Departamento de Seguridad Nacional confirmó que agentes del ICE operarán al interior de los recintos mundialistas. El impacto fue inmediato, cerca de 2,000 trabajadores sindicalizados del SoFi Stadium de Los Ángeles, como cocineros, meseros, personal de servicio, en su mayoría migrantes, votaron con el 96% a favor de una huelga, justo antes del debut de la selección estadounidense. Su exigencia no era solo salarial, pedían protección para que sus datos personales no fueran entregados a las autoridades migratorias. El sindicato advirtió que, de estallar el paro, los palcos VIP de 100,000 dólares solo tendrían «agua y Doritos». En Seattle, los hoteleros vivieron una tensión similar.

El fútbol, que en teoría debería ser el pretexto para que el mundo se encuentre, se convierte así en el escenario donde la política migratoria más agresiva de la historia reciente de Estados Unidos se exhibe con toda su crudeza. No es solo una paradoja deportiva. Es una declaración política, porque este Mundial les da la bienvenida a las selecciones, pero no necesariamente a los pueblos que las alientan.

Del otro lado del río, el anfitrión más poderoso del planeta ha convertido el evento de la unidad global en un instrumento de exclusión. El marcador extradeportivo, por ahora, no favorece a Estados Unidos. Por otro lado, México con sus problemas internos, recibe al mundo en la cancha y en la calle.

Sigue a Ana Gómez en X: @AnaGomezCalzada

*Los textos publicados en la sección de Opinión son responsabilidad exclusiva del autor.

Te puede interesar: La Pona, el primer paso no es el último 

Entérate de las noticias por medio de nuestra cuenta oficial en Instagram

DC contra Louisville: Defender el reino o conquistar la historia

DC contra Louisville: Defender el reino o conquistar la historia

Desde la Tribuna 

Por Laura Sandoval 

Donde hay un final siempre hay un comienzo, un inicio que construye leyendas.

Este sábado, el United Bowl no sólo definirá un campeón: definirá el primer gran capítulo de lo que la UFL quiere convertirse.

Porque el fútbol americano nunca ha sobrevivido únicamente con yardas, estadísticas o récords. Sobrevive por historias. Por símbolos. Por equipos que representan algo más grande que un uniforme.

Y esta vez, la liga encontró exactamente eso.

De un lado están los DC Defenders.

Del otro, los Louisville Kings.

Dos caminos completamente distintos que terminan encontrándose en el mismo punto del mapa: el partido más importante del año.

El peso de defender el reino

Hay algo profundamente incómodo en ser campeón.

Cuando nadie espera nada de ti, jugar es libertad.

Cuando ya levantaste el trofeo, jugar se convierte en una obligación.

DC llega a esta final con ese peso sobre los hombros.

Porque el campeón defensor ya no entra al campo buscando sorprender. Entra buscando demostrar que aquello que consiguió fue grandeza… y no coincidencia.

Después de dejar atrás a Orlando en playoffs, los Defenders regresan al escenario principal buscando algo que en una liga joven vale más que cualquier contrato o campaña publicitaria: permanencia.

Porque ganar una vez puede ser una historia.

Ganar dos veces empieza a parecer destino.

Y ahí aparece el verdadero reto.

No repetir por talento.

Repetir cuando ya conociste la gloria.

Repetir cuando el hambre compite contra la comodidad.

Los Defenders llegan con una misión silenciosa pero gigantesca: convertirse en la primera gran dinastía de primavera.

Y toda gran dinastía necesita enemigos.

Del otro lado aparece el equipo que nadie esperaba

Louisville no llega a esta final.

Louisville irrumpe en ella.

Hace unos meses parecía un proyecto más dentro del laboratorio que representa una liga joven.

Un inicio irregular.

Dudas.

Pronósticos que los descartaban demasiado temprano.

Y entonces ocurrió algo que el deporte siempre guarda para recordarnos por qué seguimos mirando.

Empezaron a ganar.

Y después volvieron a ganar.

Y cuando alguien quiso reaccionar, ya era demasiado tarde.

Seis victorias en siete partidos.

Una ciudad empezando a creer.

Un vestidor entendiendo que las historias imposibles sólo parecen imposibles hasta que alguien las juega.

Ahora están a 60 minutos de hacer algo que trasciende una temporada.

Convertirse en el primer gran cuento épico de la UFL.

Porque Louisville llega sin el peso del legado.

Llega con algo mucho más peligroso.

Nada que perder.

Y el fútbol americano tiene una historia larguísima enamorándose de equipos así.

Lo que realmente está en juego

Sí.

Al final alguien levantará un trofeo.

Habrá confeti.

Habrá fotografías.

Habrá un campeón.

Pero eso no será lo más importante.

La UFL está apostando algo mucho más grande.

Toda liga necesita un momento que haga que el público deje de preguntar si va a funcionar… y empiece a preguntar cuándo vuelve el siguiente partido.

Necesita una imagen que quede grabada.

Un estadio rugiendo.

Una rivalidad naciendo.

Un niño eligiendo un equipo por primera vez.

Ese es el verdadero marcador del sábado.

Porque si gana DC, nace el primer imperio de la primavera.

Si gana Louisville, nace la primera gran epopeya de la UFL.

Y en cualquiera de los dos escenarios…

el fútbol americano gana.

Por eso esta final no se siente como el final de una temporada.

Se siente como el instante exacto donde una liga deja de existir como proyecto…

y empieza a existir como historia.

Sigue a Laura Sandoval en: Instagram @lautrek13 En X @LAuTrEK

Te puede interesar: Tazón México IX: la batalla por la historia

Los textos publicados en la sección de Opinión son responsabilidad exclusiva del autor

Entérate de otras noticias por medio de nuestra cuenta oficial en Instagram

Sabotaje a Somos México 

Sabotaje a Somos México 

Metieron la pata.
En sus ansias por detener a Somos México no repararon en cometer delitos y dejar constancia de ellos. Seis ciudadanos ligados a Morena, y uno que aparece como Dato Protegido, presentaron queja por la supuesta participación de ministros de culto en la conformación de partidos que están en espera de obtener su registro.

En el caso del Partido Rosa se trata de homónimos, pero la pregunta es cómo los quejosos consiguieron el padrón de afiliados, siendo que es información confidencial y reservada. Ni siquiera lo tienen los dirigentes de la organización, debido a que todas las afiliaciones se hicieron a través de la aplicación del INE.

Por tal motivo se interpuso una denuncia penal en la Fiscalía General y un recurso en el Tribunal Electoral. El Instituto nunca debió admitir una queja basada en información ilegalmente conseguida, menos aun siendo el encargado de resguardarla. 

No es el único intento de sabotear a Somos México. En cuatro ocasiones han bajado de la discusión el proyecto del magistrado Reyes Rodríguez, el cual confirma la decisión de rechazar las afiliaciones de Morena, duplicadas con las de los nuevos partidos. El INE se las rechazó en diez ocasiones por no poder documentarlas con la firma autógrafa y la llamada foto de vida.

De hecho, tal decisión fue avalada por decisión unánime del Consejo General y luego ratificada por el propio tribunal, apenas el 22 de abril. Pero hay fuertes presiones para que cambien su criterio y tengan pretexto para negar el registro.

Lo único que ha pasado desde entonces es que el oficialismo modificó la Constitución para abrir la posibilidad de reelección a los magistrados nombrados en 2016, si es que se portan bien y los ponen en el acordeón.

El intenso cabildeo para detener a Somos México proviene de Gutiérrez Luna, el diputado morenista que propuso dicha enmienda. La pregunta es si actúa de motu propio o lo hace de parte de la duarquía Palacio-Palenque. Lo sabremos cuando por fin se vote.

Fernando Belaunzarán en Instagram: @fer_belaunzaran, en X: @ferbelaunzaran

Te puede interesar: Soberanía

*Los textos publicados en la sección de Opinión son responsabilidad exclusiva del autor.

Entérate de las noticias por medio de nuestra cuenta oficial en Instagram

Salir de la versión móvil