Segundo Informe de Gobierno

Segundo Informe de Gobierno

El Ágora

Por Ana Gómez

El 1 de septiembre, en el Patio de Honor de Palacio Nacional, la Presidenta Claudia Sheinbaum presentó su Segundo Informe de Gobierno con una frase que resume el sexenio: “vamos mejor y tenemos rumbo”. Y agregó algo que a más de uno de la oposición le dolió: “que nadie se equivoque, aquí no hay divisiones, aquí no hay rompimientos”. 

Nuestros comentócratas “favoritos” ya borraron de su memoria selectiva aquel tiempo en que a los apoyos sociales les llamaban “dinero regalado”, “clientelismo” y “populismo”. Son los mismos que celebraron los rescates bancarios con dinero público y todavía nos pasan la factura cada año en el presupuesto. Para ellos, subsidiar a un banco era “responsabilidad fiscal”; darle seis mil cuatrocientos pesos bimestrales a una abuelita era un “derroche”. Los “analistas” tendrán que buscarse otro tema para las mesas de debate.

El bienestar como derecho

Las cifras del informe no son adornos, son realidades materiales. Un billón de pesos anuales destinados directamente a programas sociales, 42.86 millones de personas beneficiarias, un salario mínimo de 9 mil 582 pesos mensuales que acumula un aumento real de 154 por ciento desde 2018, inversión extranjera directa récord de 35 mil millones de dólares, homicidios dolosos a la baja en 51 por ciento en dos años, es decir 44 homicidios menos cada día o, para decirlo como se debe decir, más de 16 mil familias que no recibirán la peor noticia este año.

Pero el dato político de fondo no es una cifra, es una definición. Lo dijo la Presidenta: “por eso los programas hoy son derechos sociales”. No son un favor del funcionario en turno, no son una despensa con foto, no dependen del humor del gobernador ni del color del partido. Están en la Constitución. Esa es la diferencia entre la caridad y la justicia, entre el asistencialismo del PRIAN y el humanismo mexicano de la cuarta transformación. Y por si quedaba duda, nuestra mandataria lo dijo con todas sus letras:  “cuando se apoya a la gente, al que menos tiene, la economía florece”.

Aguascalientes

El viernes 4 de septiembre, la Presidenta llegó a la Megavelaria en su quinta visita a Aguascalientes desde que inició su gobierno. Cinco visitas a un estado gobernado por la oposición. Que tomen nota quienes todavía repiten que aquí se castiga a los territorios que no votan por Morena.

Las cuentas que rindió son verificables: 9 mil millones de pesos en apoyos directos que llegan a 420 mil 952 aguascalentenses; 137 mil 717 adultos mayores de 65 años; 19 mil personas con discapacidad; 47 mil 402 becas para estudiantes de bachillerato. En obra pública destacó la modernizacióndel Distrito de Riego 001, apoyo a cerca de dos mil pequeños productores, la ampliación de la carretera Aguascalientes-Zacatecas, cinco ampliaciones de planteles de media superior, 24 mil 290 viviendas para familias de bajos recursos y la reestructura de créditos del Infonavit y el Fovissste para 95 mil familias.

Y el puente de Margaritas. Ese que llevaba años en la lista de promesas de campaña de todos los colores y que hoy tiene fecha de arranque, porque, lo contó ella misma, la última vez que vino la detuvieron en la carretera para pedírselo. Resulta que sí se podía. Solo faltaba que alguien de la transformación escuchara.

El abucheo y la altura política

Cuando tomó el micrófono la gobernadora Tere Jiménez, una parte del público la abucheó. Y entonces ocurrió la escena más ilustrativa de la tarde: quien salió a defenderla no fue su partido, ni su dirigencia nacional, ni los senadores prianistas que se desgarran las vestiduras en tribuna hablando de “dictadura”. Fue la Presidenta de la República, diciendo: “Vamos a respetarnos”.

Ahí está retratado el país. De un lado, una oposición que grita autoritarismo desde un micrófono que nadie le quita. Del otro, la Presidenta al lado de una gobernadora panista en el mismo templete, pidiéndole al pueblo que apoya la transformación que escuchara a la oposición. Como dijo en Palacio Nacional, este es un gobierno que no reprime ni usa la fuerza del Estado contra quien piensa distinto. Va incluido en el paquete, aunque después salgan a los micrófonos a decir que aquí se persigue al adversario. En Aguascalientes se le defendió y se le pidió respeto al pueblo indignado. 

Lo que no se vale presumir todavía

La pobreza laboral está en su mínimo histórico de 31.9 por ciento, pero eso significa todavía 41.8 millones de personas cuyo ingreso no alcanza para la canasta básica. La extorsión sigue apretando y el agua, en Aguascalientes, sigue siendo la pregunta que nadie quiere responder completa.

Los derechos conquistados no se defienden solos ni se heredan por decreto, se sostienen votando, vigilando y exigiendo. Porque la derecha no ha cambiado de opinión sobre los programas sociales, solo cambió de estrategia. Aprendió a aplaudirlos en campaña mientras espera su turno para llamarlos otra vez “dinero regalado”. Que se atrevan. La transformación está llegando a Aguascalientes y, de la mano de la Presidenta Claudia Sheinbaum y la maestra Nora Ruvalcaba, en 2027 nuestro Estado se pintará de guinda.

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El Estado contra Somos 

El Estado contra Somos 

Es el tamaño de su miedo.
Somos tuvo que presentar una tercera propuesta de logo ante el Instituto Nacional Electoral después de que éste rechazara la inclusión de la silueta del país. Antes tuvo que cambiarse de nombre y colores por la sentencia del Tribunal Electoral, confirmando la primera resolución del INE.

No hay precedente de una invasión tan grosera en la vida de un partido con registro. Las únicas previsiones de ley para rechazar la denominación es que existan referencias raciales o religiosas. Por cierto, ambas podrían haberse inferido con Morena y, sin embargo, se le permitió nombrarse así.

Para prohibir el nombre de Somos México crearon criterios extralegales y exclusivos. Al de ningún otro partido lo han sometido a sesudos análisis de neutralidad semántica, alcances simbólicos o caracterización distintiva.

La presidenta Sheinbaum agregó en su mañanera que no debía usarse México, aunque lo tienen sus aliados del Verde,y que el color rosa está vedado por ser el color del INE, máxime para quienes venimos de la Marea Rosa. Tales razones no están en los resolutivos, pero ayudan a conocer los verdaderos motivos y de dónde vino la instrucción.

Ni la burla perdonaron los magistrados al asegurar que llamarse Somos México rompía la equidad, siendo que el nuevo partido no puede hacer alianzas y Morena recibirá 14 veces más recursos, lo mismo que spots en radio y televisión, por no hablar del proselitismo con programas sociales, la intervención de funcionarios públicos y las campañas anticipadas.

Ahora Somos deberá posicionar su nuevo nombre y logo a nueve meses de la elección. El costo de ser oposición y alternativa en un régimen autoritario. En eso no hay engaño, nunca pensamos que sería fácil y sabemos a quiénes nos enfrentamos. Somos los que desafiamos al poder; somos los que recordamos sus traiciones; somos los que no nos rendimos; somos los que luchamos por justicia, democracia y libertad; somos los que, a pesar de todo, sonreímos. Y, sin permiso, Somos México.

Fernando Belaunzarán en Instagram: @fer_belaunzaran, en X: @ferbelaunzaran

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De las expectativas a los resultados

De las expectativas a los resultados

Desde la Tribuna 

Por Laura Sandoval

Hay una época del año en la que el football colegial recupera algo que ninguna otra disciplina puede fabricar con tanta facilidad: la ilusión.

Durante meses hablamos de reclutamiento, transferencias, quarterbacks, rankings, Heisman y campeonatos que todavía no existen. Construimos favoritos antes de que alguien haya recibido un golpe.

Y entonces llega el primer sábado.

El balón vuela.

Y todo cambia.

La temporada 2026 comenzó oficialmente con una postal perfecta: el Aviva Stadium de Dublín, Irlanda, lluvia, football universitario y dos programas buscando respuestas.

North Carolina contra TCU.

Y el primer mensaje del año fue contundente:

En el football colegial, nadie tiene derecho a sentirse favorito.

North Carolina derrotó 15-10 a TCU en un partido que terminó siendo una batalla defensiva. Los Horned Frogs comenzaron mejor y llegaron a ponerse 10-3 arriba, pero después fueron incapaces de volver a encontrar la zona de anotación. North Carolina mantuvo a TCU sin puntos durante los últimos 49 minutos.

Billy Edwards Jr., en su debut con los Tar Heels, lanzó para 232 yardas y la defensa hizo el resto.

TCU terminó con apenas 281 yardas totales, cometió 11 castigos para 90 yardas y convirtió el segundo tiempo en una larga colección de oportunidades desperdiciadas.

No fue un partido espectacular.

Fue algo más importante:

Fue un recordatorio.

Bill Belichick no necesitaba demostrar que North Carolina podía ganar bonito. Necesitaba demostrar que podía ganar.

Y lo hizo.

El primer golpe a los pronósticos

El resultado de Dublín no convierte automáticamente a North Carolina en candidato al campeonato.

Pero sí cambia la conversación.

Porque TCU llegó a Irlanda con expectativas y salió con preguntas.

¿Qué ocurrió con la ofensiva?

¿Por qué desapareció después del primer cuarto?

¿Puede este equipo competir durante toda una temporada contra los mejores?

Y sobre todo:

¿Cuánto cuesta un mal sábado cuando cada partido puede terminar afectando la carrera por el College Football Playoff?

Ese es precisamente el encanto de esta nueva era del football colegial.

Ya no basta con ser bueno.

Hay que ser bueno cuando importa.

Y hay que hacerlo durante meses.

El AP colocó a Ohio State, Oregon, Georgia, Notre Dame y Texas en los primeros cinco lugares de la pretemporada. Indiana, campeón nacional de 2025, aparece sexto y Miami séptimo.

Pero una cosa es votar por los mejores equipos en agosto y otra intentar adivinar quién estará jugando football en enero.

Por eso, éste es mi Top 24 proyectado para la temporada 2026, considerando talento, quarterback, profundidad, calendario y posibilidad real de llegar al Playoff:

1. Ohio State

El campeón defensor del poderío del Big Ten llega con Julian Sayin y Jeremiah Smith. Para mí, sigue siendo el equipo que todos tendrán que destronar.

2. Notre Dame

CJ Carr tiene algo que muchos quarterbacks jóvenes no poseen: ya demostró que puede ganar. Si mantiene su evolución, los Fighting Irish estarán otra vez en la conversación.

3. Texas

Aquí comienza la historia más interesante. Los Longhorns tienen talento suficiente para ganar el campeonato. La pregunta es si podrán hacerlo cuando la presión sea máxima.

4. Oregon

Dante Moore tiene talento de quarterback de élite y Oregon posee el tipo de roster que puede sobrevivir a un calendario brutal.

5. Georgia

Nunca se puede sacar a Georgia de esta conversación. Defensa, talento y cultura ganadora.

6. Indiana

El campeón de 2025 ya no es una sorpresa. Ahora tiene que demostrar que puede vivir con la etiqueta de favorito.

7. Miami

Un equipo con suficiente talento para meterse en la conversación nacional y convertir al ACC en territorio peligroso.

8. Texas A&M

Tiene el talento para dar el salto, pero necesita convertir potencial en consistencia.

9. Ole Miss

Puede ser uno de los grandes agitadores de la SEC.

10. Oklahoma

Los Sooners tienen una oportunidad enorme: demostrar que pueden volver a pertenecer a la élite nacional.

11. LSU

Talento sobrado. La pregunta será la estabilidad.

12. Alabama

No se puede apostar contra Alabama demasiado pronto. Puede comenzar fuera de los primeros lugares y terminar jugando por todo.

13. Texas Tech

Mi candidato a romper la barrera de los grandes favoritos y convertirse en uno de los equipos más incómodos del país.

14. USC

Mucho talento, enorme mercado y una necesidad urgente de volver a competir por títulos.

15. Michigan

Un programa que nunca puede descartarse y que tiene suficiente físico para sobrevivir a noviembre.

16. Penn State

Puede ser mejor de lo que indica el ranking inicial.

17. Tennessee

Si encuentra consistencia en los partidos grandes, puede subir rápidamente.

18. Washington

Un equipo que podría convertirse en una de las sorpresas del Big Ten.

19. BYU

Tiene argumentos para volver a colarse en la conversación nacional.

20. Utah

El tipo de programa que nadie quiere enfrentar en una noche fría de noviembre.

21. Louisville

Mi apuesta para convertirse en uno de los equipos incómodos del ACC.

22. Iowa

Defensa, identidad y capacidad para complicarle la vida a cualquiera.

23. Missouri

Tiene el potencial para entrar en la pelea por la SEC si encuentra regularidad.

24. Clemson

No lo descartaría. Tiene demasiado talento y demasiada experiencia en este tipo de escenarios.

Mis cuatro semifinalistas hoy:

Ohio State, Texas, Notre Dame y Oregon.

Y sí.

Hay una posibilidad que me parece irresistible.

Texas contra Ohio State por el campeonato nacional.

Existe un jugador que puede convertir esta temporada en una novela nacional, es él.

Arch Manning ya no es únicamente el sobrino de Peyton y Eli.

Ya no es el quarterback de cinco estrellas que llegó a Texas.

Ya no es solamente el apellido más famoso del football universitario.

Ahora es el quarterback de Texas.

Y eso cambia absolutamente todo.

Manning terminó 2025 con números que, vistos fríamente, son buenos: 3,163 yardas por pase, 26 touchdowns y apenas siete intercepciones, además de 399 yardas terrestres y 10 touchdowns por tierra.

El problema es que Texas terminó 10-3.

Y quedó fuera del College Football Playoff.

Para cualquier quarterback sería una temporada prometedora.

Para Arch Manning, fue insuficiente.

Porque la expectativa que rodea a Texas no es simplemente ganar diez partidos.

Es competir por el campeonato.

El calendario le dio a Texas una especie de examen de ingreso.

Después del partido inicial contra Texas State, los Longhorns reciben a Ohio State.

El número uno contra el número cinco.

El equipo que quiere defender su lugar contra el equipo que quiere demostrar que pertenece a la cima.

Y ahí comenzará realmente la temporada de Arch Manning.

Porque si Texas gana ese partido, el discurso cambia.

De repente Manning deja de ser una promesa.

Se convierte en candidato legítimo al Heisman.

Texas deja de ser un aspirante.

Se convierte en favorito.

Y Steve Sarkisian deja de hablar de reconstrucción.

Empieza a hablar de campeonato.

Aquí también hay una historia extraordinaria.

Arch Manning llega a 2026 como uno de los principales candidatos al Heisman. NFL.com lo colocó incluso como su candidato número uno de pretemporada. 

Pero no está solo.

CJ Carr llega con una candidatura extremadamente fuerte después de conducir a Notre Dame durante una temporada de consolidación.

Dante Moore tiene en Oregon la plataforma perfecta para explotar.

Julian Sayin tendrá detrás una de las ofensivas más talentosas del país.

Y después está Jeremiah Smith.

El receptor de Ohio State puede convertirse en el elemento disruptivo de esta carrera porque está intentando hacer algo que históricamente ha sido extraordinariamente difícil: ganar el Heisman desde la posición de receptor.

Las casas de apuestas y distintos analistas han colocado a Carr y Manning prácticamente en la cima de la conversación, con Moore, Sayin, Smith y otros nombres muy cerca.

Mi tablero inicial sería:

1. Arch Manning — Texas
2. CJ Carr — Notre Dame
3. Dante Moore — Oregon
4. Julian Sayin — Ohio State
5. Jeremiah Smith — Ohio State

Pero existe una regla no escrita:

el Heisman necesita un escenario.

Y el escenario de Arch es Texas.

Ésta es mi apuesta.

Si Manning termina con aproximadamente 4,000 yardas, 35 o más touchdowns y Texas termina 11-1 o 12-1, será prácticamente imposible sacarlo de la conversación.

Pero si Texas termina 8-4, sus estadísticas importarán mucho menos.

Porque el Heisman no premia únicamente al mejor jugador.

Premia al jugador que domina la temporada.

Y Arch tiene algo que sus competidores no pueden comprar:

la narrativa.

Tiene el apellido.

Tiene Texas.

Tiene la SEC.

Tiene un calendario gigantesco.

Tiene a Ohio State en Austin.

Tiene Oklahoma.

Tiene Texas A&M.

Tiene la presión de un programa que lleva años construyendo una plantilla para ganar ahora.

Y tiene la posibilidad de terminar la temporada jugando por el campeonato nacional.

Aquí está lo fascinante.

Todos hablan de la presión que tiene que soportar Arch Manning.

Yo creo que deberíamos verlo desde otro ángulo.

La presión no es su enemigo.

Es su oportunidad.

Es su oportunidad.

Porque ningún quarterback de Texas puede esconderse.

Si juega mal, todo el país lo verá.

Si gana, todo el país lo verá.

Si pierde contra Ohio State, será noticia.

Si derrota a Ohio State, será noticia.

Si llega al Playoff, será noticia.

Y si levanta el campeonato nacional…

su nombre dejará de estar acompañado por la pregunta:

”¿Será tan bueno como los Manning?”

Y comenzará una conversación completamente diferente:

¿Dónde colocamos a Arch Manning entre los grandes quarterbacks de Texas?

Ésta es quizá mi mayor apuesta para 2026.

No debemos enamorarnos demasiado de septiembre.

El football colegial se decide cuando el cansancio llega, cuando aparecen las lesiones, cuando el calendario se vuelve cruel y cuando cada posesión comienza a tener valor de campeonato.

Ahí veremos a Ohio State.

Ahí veremos a Oregon.

Ahí veremos a Georgia.

Ahí veremos a Notre Dame.

Y ahí veremos si Texas realmente cambió.

Porque Texas ya no necesita demostrar que tiene talento.

Necesita demostrar que tiene carácter de campeón.

Y quizá ése sea el verdadero tema de 2026

El football colegial ha cambiado.

El dinero cambió.

El portal cambió.

La manera de construir plantillas cambió.

El Playoff cambió.

Pero una cosa permanece intacta:

al final, alguien tiene que ganar.

Dublín nos dio la primera sorpresa.

North Carolina nos recordó que ningún favorito tiene asegurado nada.

Ahora viene el verdadero otoño.

Y en medio de todo estará un joven quarterback vestido de naranja quemado, cargando un apellido que pesa toneladas.

Arch Manning no necesita ser Peyton.

No necesita ser Eli.

No necesita demostrar que merece su apellido.

Necesita hacer algo mucho más difícil:

ganar.

Ganar los partidos grandes.

Ganar la SEC.

Llegar al Playoff.

Y, si la historia decide ser generosa, ganar el campeonato nacional.

Porque quizá 2026 no sea el año en que Arch Manning tenga que demostrar que es un Manning.

Quizá sea el año en que finalmente tenga la oportunidad de convertirse en Arch.

Y si eso sucede, el Heisman podría ser solamente el primer capítulo.

La verdadera recompensa estaría en Austin.

Un trofeo.

Un campeonato.

Y un nombre que, por primera vez, no necesitaría presentación.

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El Ágora

Por Ana Gómez

El viernes 28 de agosto el Congreso aprobó la creación de Villa Juárez. Diecinueve votos a favor del PAN y sus aliados, el PRI, el PRD y el Partido Verde. Siete en contra de los que representamos la transformación en Morena. Movimiento Ciudadano no votó, porque no se presentó a la sesión.

La historia empieza bien. Dos diputados del PAN presentaron la iniciativa y abanderaron una causa que Villa Juárez venía empujando desde hace cuarenta años. La presentaron el 21 de mayo, y de ahí siguieron tres meses y una semana de análisis en comisiones, foros ciudadanos y mesas con especialistas, hasta la votación del 28 de agosto, 99 días después de su presentación. Nada de eso está en duda, y hay que decirlo.

Nosotros revisamos el expediente y encontramos otra cosa, que técnicamente no era viable. Uno de esos siete votos en contra fue el mío. No voté contra la gente de Villa Juárez, voté contra un dictamen que no es jurídicamente correcto. Porque no todo fue aplauso, el 23 de agosto vecinos de Asientos marcharon contra la división y tomaron su presidencia varios días, y el día de la votación el Congreso amaneció con vallas y policías. ¿Así se estrena un municipio que nace bien?

Tampoco voté así por no querer municipios nuevos. El movimiento que representó creó este mismo año, en Chiapas, el municipio de Ach’Lum El Triunfo, con consulta y cumpliendo cada requisito. Ese camino existe; no fue el de aquí.

Ya tenemos un ejemplo en casa

El Congreso del Estado creó dos municipios en 1992. San Francisco de los Romo camina solo. El Llano no, treinta y cuatro años después, el 93 por ciento de su presupuesto todavía viene de la Federación. Eso no fue mala suerte, es lo que pasa cuando no se mide bien desde el principio. Y hoy volvimos a no medir.

Se ha contado al revés, crear Villa Juárez no parte en dos el dinero de Asientos. Las participaciones llegan al Estado y se reparten entre los municipios; con uno más, el mismo pastel se corta en más rebanadas y a todos les toca menos. A los once. Quien votó a favor que no se sorprenda cuando en su distrito pregunten por qué bajó el presupuesto.

Los números no cuadran, y no lo digo yo

Aquí está el fondo. El decreto reparte 616.83 kilómetros cuadrados entre los dos. Asientos mide 549, según el INEGI. Sobran casi 68. ¿De quién son? De Tepezalá, Rincón de Romos, El Llano o la raya con Zacatecas. Y esto reforma el artículo 9º de la Constitución del Estado, le acabamos de meter un mapa que se come pedazos de los vecinos. Cualquiera puede reclamarlos, y eso no se arregla con una fe de erratas.

La lista sigue. En el mismo expediente las localidades se cuentan de cuatro maneras 166, 177, 209 y 124. El INEGI dice 172. La población cambia según la página: 51,105 o 51,562 o 51,536. Solo la última es la del censo, y es la que el dictamen no usó, pese a que la Secretaría de Finanzas pidió atenerse a la cifra oficial. 

Y hay un requisito que no se cumple, la ley pide que la zona crezca al doble del ritmo del Estado. Medido parejo, Villa Juárez llega al 11 por ciento. Se necesita 40. No falta tantito, falta muchísimo y en el dictamen jugaron con los números para simular el cumplimiento de los requisitos. 

Y con todo y esos tres meses, la forma tampoco ayudó, al final nos dieron una hora con veinte minutos para 277 páginas más anexos. Pedí que se suspendiera la sesión de comisión para el análisis del dictamen y no me la dieron. Nuestras compañeras y compañeros del grupo mayoritario, que son verdaderamente inteligentes, leyeron, entendieron y avalaron todo en ese rato. Enhorabuena por su habilidad para leer tres páginas por minuto y además analizarlas, pero como les comente el dictamen estaba plagado de errores de forma y fondo.

Lo que le espera a la gente

El Concejo Provisional arranca el 1 de enero de 2027 y opera hasta el 14 de octubre. Nueve meses y medio. ¿Con qué dinero? De momento ninguno, la proyección de Finanzas empieza hasta el último trimestre. Un gobierno sin presupuesto no es gobierno.

El decreto ordena que Asientos siga dando los servicios hasta octubre de 2027, pero desde enero ya hay otra autoridad ahí. Nueve meses y medio sin saber quién recoge la basura, prende la luz o cobra el predial. Y donde nadie sabe, nadie responde. Además, de las tres recomendaciones de Finanzas, dos se quedaron fuera: justo las que le daban al municipio nuevo de dónde agarrarse mientras llegan los recursos federales.

Villa Juárez ganó su municipio y se lo merecía. Lo que no se merecía es que se lo entregaran con el mapa mal trazado, las cuentas cambiando de página y sin un peso para su primer año. Ahí vamos a estar para exigir que se corrija.

Si fue un bien o un mal no lo resuelve un dictamen ni la foto de la sesión, lo dirán los años y la gente que va a vivir ahí. La historia juzgará lo que se votó.

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El precio de los sueños: cuando el football deja de ser un juego

El precio de los sueños: cuando el football deja de ser un juego

Desde la Tribuna 

Por Laura Sandoval

Hay algo profundamente nostálgico en el football americano.

Tal vez porque quienes crecimos amándolo no solamente recordamos partidos. Recordamos domingos. Recordamos jerseys. Recordamos voces en la televisión, estadios llenos, jugadores que parecían inmortales y aquellas jugadas que se quedaron para siempre en nuestra memoria.

Recordamos al niño que alguna vez vio un partido y pensó: “Yo quiero ser como él.”

Porque el football también es eso.

Es una fábrica de sueños.

Para miles de niños, especialmente aquellos que nacen en circunstancias difíciles, el football puede representar una salida. Una beca universitaria. Una oportunidad. Un boleto que los lleva de un barrio donde quizá no había demasiado, hasta una universidad, un estadio, una carrera profesional y, en algunos casos, una vida completamente distinta.

El football cambia vidas.

Y precisamente por eso resulta tan difícil hablar de su lado más oscuro.

Esta semana, un nuevo estudio publicado en The BMJvolvió a abrir una herida que el football lleva años intentando entender. Los investigadores analizaron a exjugadores de la NFL fallecidos entre 2016 y 2021. De 878 jugadores que murieron durante ese periodo, 235 donaron sus cerebros para investigación y 215 presentaron evidencia de encefalopatía traumática crónica, conocida como CTE.

Eso significa que la estimación mínima de prevalencia fue de 24.5%.

Al menos uno de cada cuatro.

Y esa frase debería obligarnos a detenernos.

Porque detrás del número no hay estadísticas.

Hay nombres.

Hay familias.

Hay hijos.

Hay esposas.

Hay padres.

Hay compañeros de equipo.

Hay hombres que alguna vez entraron a un estadio frente a decenas de miles de personas y escucharon una ovación que parecía capaz de detener el tiempo.

Y que años después pudieron terminar luchando contra una enfermedad que no aparece en una fotografía, que no siempre puede verse en una resonancia y que, hasta hoy, solamente puede diagnosticarse definitivamente después de la muerte.

El CTE es uno de los grandes claroscuros del football.

Por un lado está la espectacularidad.

El golpe.

La velocidad.

La estrategia.

El touchdown.

El quarterback lanzando en el último segundo.

El linebacker destruyendo una jugada.

El estadio rugiendo.

La televisión convirtiendo cada domingo en un espectáculo global.

Y detrás de todo eso existe una industria multimillonaria.

La NFL es uno de los negocios deportivos más poderosos del planeta.

Pero el negocio no comienza en la NFL.

Comienza mucho antes.

En las universidades.

En las preparatorias.

En los programas juveniles.

En los niños que comienzan a jugar soñando con una beca.

El football universitario mueve dinero, audiencias, patrocinios, derechos de televisión y construye marcas que representan millones de dólares.

Y la NFL recibe a muchos de esos jóvenes convertidos en atletas extraordinarios.

El sistema funciona.

El sueño funciona.

La maquinaria funciona.

Y funciona extraordinariamente bien.

El problema aparece cuando nos preguntamos cuánto cuesta realmente ese sueño.

Porque durante décadas celebramos la capacidad del jugador para levantarse después de un golpe.

“Es parte del juego.”

“Así es el football.”

“Los hombres de verdad juegan con dolor.”

Frases que alguna vez fueron símbolos de fortaleza y que hoy debemos mirar con otros ojos.

Porque quizá uno de los mayores errores del football fue confundir resistencia con invulnerabilidad.

Un jugador puede ser físicamente indestructible durante tres horas un domingo y, al mismo tiempo, estar acumulando silenciosamente las consecuencias de cientos o miles de impactos a lo largo de su vida.

Y aquí aparece una de las revelaciones más importantes de este estudio: buena parte de los impactos que estos jugadores recibieron no necesariamente ocurrió en la NFL.

También ocurrieron en la universidad.

En la preparatoria.

Incluso en etapas juveniles.

Es decir, el problema no pertenece exclusivamente a la liga profesional.

Pertenece a todo el ecosistema del football.

Y eso cambia la conversación.

Porque no se trata de dejar de amar el football.

Se trata de dejar de romantizar aquello que puede destruir a quienes lo practican.

El football puede ser una extraordinaria herramienta de movilidad social.

Puede enseñar disciplina, trabajo en equipo, responsabilidad, liderazgo y resiliencia.

Puede darle una beca a un joven que jamás imaginó entrar a una universidad.

Puede convertir a un muchacho desconocido en un héroe.

Puede transformar una familia.

Pero también puede dejar heridas que aparecen cuando los reflectores ya se apagaron.

Y quizá esa sea la parte más dolorosa.

Nosotros recordamos al jugador en su mejor momento.

Recordamos el jersey.

La fotografía.

El touchdown.

El campeonato.

El número retirado.

La entrada al Salón de la Fama.

Pero la familia conoce otra historia.

Conoce al hombre después del estadio.

Al padre que empieza a olvidar.

Al esposo que cambia de personalidad.

Al exjugador que ya no reconoce a quienes estuvieron a su lado.

Al hombre que alguna vez fue celebrado por miles y que, en el ocaso de su vida, puede terminar enfrentando en silencio las consecuencias de aquello que alguna vez lo convirtió en héroe.

Ahí está el verdadero horror.

No en el golpe.

Sino en lo que puede venir después.

El football nos ha regalado personajes inolvidables.

Hombres que llegaron de lugares donde parecía imposible llegar y terminaron convertidos en leyendas.

Historias de superación que justifican por qué millones de personas seguimos enamoradas de este deporte.

Pero una historia de amor también debe ser capaz de reconocer aquello que duele.

Y quizá hoy el football tenga que preguntarse algo incómodo:

¿Podemos seguir haciendo crecer el negocio sin seguir heredando el costo a las generaciones que vienen?

La respuesta no debería ser abandonar el deporte.

Debería ser hacerlo mejor.

Reducir los impactos innecesarios.

Cambiar prácticas.

Proteger a los jóvenes.

Investigar más.

Escuchar a los exjugadores.

Acompañar a sus familias.

Y entender que un jugador no deja de ser responsabilidad del football cuando abandona el estadio.

Porque un contrato termina.

Una carrera termina.

Un uniforme se guarda.

Pero las consecuencias pueden durar toda una vida.

Quizá algún día, cuando volvamos a mirar aquellas viejas fotografías en blanco y negro, cuando escuchemos una narración que nos devuelva a un domingo de nuestra infancia y cuando veamos a aquel jugador correr hacia la zona de anotación, podamos sentir la misma emoción de siempre.

Pero también una nueva conciencia.

Porque detrás de cada casco hay una persona.

Detrás de cada golpe hay un riesgo.

Y detrás de cada leyenda hay una vida.

El football nos enseñó a admirar a los hombres que podían levantarse después de caer.

Ahora le toca al football aprender algo mucho más difícil:

protegerlos antes de que sea demasiado tarde.

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El motín de Rocha Moya

Lo dejaron solo, pero impune y con poder.
Después de que aterrizara Fernando Farías en México, Rubén Rocha Moya regresó a la gubernatura de Sinaloa. El sorpresivo anuncio era una provocación, no solo para los sinaloenses que padecen las consecuencias de su colusión y desgobierno, sino para el país entero que repudia su impunidad y, por supuesto, para Estados Unidos que busca juzgarlo en Nueva York y cuya intervención fue fundamental para que Argentina entregara al vicealmirante que le causa insomnio a Andy.

Los voceros del régimen se apresuraron a felicitar al gobernador, insistiendo en la mentira de la falta de pruebas.A pesar de que la televisión pública alemana DW, acaba de transmitir un documental sobre la participación criminal en la elección de Rocha de 2021.

Pero pronto tuvieron que recular, desnucándose con la maroma.

Frente a la ola de deslindes y un tuit de la Presidenta en el que, sin mencionarlo, cuestiona a quienes ponen por delante el interés personal, Rocha Moya pidió de nuevo licencia.

Duró solo 34 horas en el cargo y se confirmó que su reputación no tiene salvación. Sin embargo, sigue gozando de impunidad y la sustituta nombrada, Graciela Domínguez, lo acompaña desde la Universidad de Sinaloa y estuvo con él en su paso por el PRD. Fue su secretaria de Educación y la promovió a la diputación federal, desde donde lo apoyó, descalificando las acusaciones en su contra. Rocha se fue, pero el rochismo permanece.

Si el motín del efímero retorno buscaba mantener la protección del obradorato e incidir en la sucesión, cada día que pasa sin que Rocha Moya sea entregado a Estados Unidos demuestra que lo logró.

Inzunza conservará el fuero en una salida pactada de la bancada y la FGR quiere que Fausto Corrales, asistente de Melesio Cuén, cargue con el montaje de la gasolinera, exonerando a la entonces fiscal, Sara Bruna Quiñonez.

Rocha es un cadáver político, cuya impunidad incrimina a Morena, pero no le tocan ni un pelo. Imagínense lo que sabe.

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Nadie por encima del movimiento

Nadie por encima del movimiento

El Ágora

por Ana Gómez

El caso de Rubén Rocha Moya se convirtió, sin quererlo, en una prueba de carácter para la Cuarta Transformación. El gobernador de Sinaloa, señalado desde abril por una acusación de la fiscalía del Distrito Sur de Nueva York, pidió licencia, se ausentó 112 días y el 21 de agosto reapareció sin avisar a nadie para retomar el cargo. Poco más de treinta horas después volvió a pedir licencia, ahora indefinida. Entre el ir y venir quedó una certeza. Cada movimiento fue suyo y de nadie más.

Conviene subrayarlo, porque ahí está el fondo del asunto. No hubo instrucción del partido, ni gestión desde Palacio Nacional, ni una jugada coordinada desde arriba. Hubo un gobernador tomando decisiones por su cuenta, y un movimiento que, en lugar de seguirlo, marcó distancia.

Una decisión personal

La reacción del gobierno federal y de Morena fue clara y, para los estándares de la política mexicana, inusual. Morena informó por escrito que “no tuvo conocimiento previo de la decisión personal del gobernador”. La Secretaría de Gobernación repitió la fórmula y habló de una “decisión personal”. No hubo cobijo, no hubo el clásico cierre de filas, no hubo el viejo reflejo de proteger al de casa a cualquier costo.

La presidenta Claudia Sheinbaum fue todavía más directa. El sábado escribió una frase que funciona casi como línea editorial de todo el sexenio. “Ningún interés personal puede estar jamás por encima de los intereses del pueblo y de la Nación”. Dos días después, en la mañanera, calificó el regreso de Rocha de “imprudente” y “no pertinente”, y aclaró que se enteró “por la publicación del propio gobernador”. Nadie le avisó. Nadie salió a defenderlo. Dentro del propio Morena, voces como la de Ricardo Monreal le pidieron abiertamente reconsiderar mientras la Fiscalía General de la República concluye sus investigaciones. Esa distancia no es un detalle menor. Es, en los hechos, una definición.

Más grande que un nombre

Para dimensionarlo hay que mirar hacia atrás. Durante décadas, cuando un gobernador quedaba embarrado, el sistema entero se movía para blindarlo. El fuero servía de escudo, el partido de coartada, el presidente de padrino. El poder se organizaba alrededor de las personas, y las personas se volvían intocables. Un gobernador incómodo no se soltaba; se protegía, se negociaba, se escondía debajo de la alfombra hasta que pasara la tormenta.

Lo que se vio con Rocha apunta en otra dirección. Ni la presidenta ni el partido salieron a cargarlo en hombros. Al contrario, tomaron distancia y dejaron que las instituciones, la FGR y el Congreso de Sinaloa, siguieran su curso. El mensaje, dicho sin adornos, es que nadie está por encima del proyecto. Ni un gobernador, ni un fundador, ni un histórico.

Y ahí hay una idea que vale la pena defender. Un movimiento que se sostiene en una sola figura es frágil, porque cae con ella. Basta derribar a una persona para derribarlo todo. Un proyecto que se sostiene en una idea, la de gobernar para las mayorías, puede sobrevivir a los errores, y hasta a las traiciones, de cualquiera de sus integrantes. Esa parece ser la apuesta de fondo de la Cuarta Transformación, no depender de ningún indispensable, no tener un solo hombre imprescindible cuya caída signifique la caída del conjunto.

Lo que falta

Ahora bien, tomar distancia no es lo mismo que hacer justicia, y sería un error confundir una cosa con la otra. Mientras se resuelve el futuro político de Rocha, Sinaloa sigue sangrando. Los homicidios en el estado crecieron cerca de 75 por ciento en 2025, el mayor incremento del país; miles de empleos se perdieron entre cierres y desplazamientos; y el asesinato de Héctor Cuén, ocurrido el mismo día del secuestro de Ismael “El Mayo” Zambada, todavía carga contradicciones que nadie ha terminado de aclarar.

El desmarque político es un buen comienzo, pero no puede ser el punto final. La vara con la que se medirá a la Transformación no es la rapidez con la que suelta a un gobernador incómodo, sino la seriedad con la que investiga y la paz que le devuelve a un estado exhausto. Distanciarse de una persona es fácil cuando esa persona ya se volvió un problema; lo difícil, y lo verdaderamente valioso, es garantizar que las víctimas no se queden esperando justicia.

Por eso conviene celebrar lo que hay que celebrar sin perder el piso. Que Morena y la presidenta hayan preferido el proyecto por encima de la lealtad personal dice algo bueno sobre la naturaleza de este movimiento. No es propiedad de nadie y no cabe en una sola persona. Pero esa misma firmeza tiene que llegar hasta donde de verdad duele. Un movimiento se pone a prueba no cuando todo marcha bien, sino cuando alguien de casa se equivoca. La primera parte del examen, no taparlo, parece resuelta. Falta la más importante, que es la justicia para las víctimas y la seguridad para quienes, en Sinaloa, llevan dos años viviendo bajo el fuego.

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NFL: Pretemporada con tintes de premonición

NFL: Pretemporada con tintes de premonición

Desde la Tribuna

Por Laura Sandoval

Hay una frase que se repite cada agosto: “Es solamente pretemporada”. Y sí, lo es. Los partidos no cuentan en la clasificación, los titulares juegan poco y los entrenadores esconden buena parte de su libreto.

Pero decir que la pretemporada no importa sería equivocarnos.

Porque estos partidos no están diseñados para decirnos quién ganará el Super Bowl. Están diseñados para mostrarnos quién está listo, quién está creciendo y quién empieza a quedarse sin argumentos.

Después de lo visto en estas primeras semanas de la pretemporada 2026, hay una conclusión que me parece especialmente interesante: la NFL está entrando en una etapa donde la profundidad de los rosters puede ser tan determinante como el talento de sus estrellas.

Y ahí está una de las historias que menos titulares genera.
El quarterback no juega solo.
El caso más evidente es Las Vegas.

Fernando Mendoza llegó a la NFL con una etiqueta gigantesca: primera selección global y ganador del Heisman. En su debut mostró cosas interesantes; ante Houston, en cambio, tuvo una noche complicada. Lanzó una intercepción que terminó en touchdown, sufrió presión constante y terminó la primera mitad con 8 completos de 15 intentos para 86 yardas.

¿Es momento de preocuparse? No.

¿Es momento de observar? Absolutamente.

Porque el verdadero debate no debería ser si Mendoza es “bueno” o “malo”. El debate debería ser si los Raiders tienen la estructura necesaria para permitir que un quarterback novato aprenda sin convertir cada error en una sentencia.

La NFL no perdona las malas líneas ofensivas. Tampoco perdona a los equipos que creen que un quarterback joven puede resolverlo todo.

Y Mendoza acaba de recordarnos algo que a veces olvidamos: ser la primera selección no te convierte automáticamente en un quarterback terminado.
La profundidad también gana partidos.

Los 49ers dieron otro mensaje.

San Francisco aplastó 41-17 a los Chargers, mientras que los quarterbacks titulares apenas estuvieron una serie.

¿Significa que los 49ers son mejores que los Chargers? Por supuesto que no.

Pero sí significa que hay jugadores intentando convertir sus oportunidades en boletos para septiembre.

La pretemporada es, en realidad, una guerra silenciosa.

Mientras nosotros discutimos quién será MVP, quién llegará al Super Bowl o qué quarterback tendrá mejores números, cientos de jugadores están intentando demostrar que merecen ocupar uno de los 53 lugares de un roster.

Y quizá esa sea la historia más humana de agosto.

Para una superestrella, un mal partido puede ser anecdótico.

Para un jugador que pelea por su puesto, un buen cuarto puede cambiarle la carrera.

El fenómeno de los quarterbacks jóvenes en esta pretemporada también nos está regalando una narrativa irresistible: una nueva generación de quarterbacks está tocando la puerta.

Fernando Mendoza, Ty Simpson, Drew Allar y otros jóvenes han comenzado a llamar la atención. Ty Simpson, por ejemplo, tuvo una presentación particularmente eficiente en su debut con los Rams, completando 21 de 25 pases para 190 yardas y dos touchdowns.

Pero aquí viene la advertencia.

No convirtamos tres partidos de agosto en una carrera hacia el Salón de la Fama.

La historia de la NFL está llena de quarterbacks que dominaron la pretemporada y desaparecieron cuando llegaron los partidos importantes.

La pregunta correcta no es: ¿Quién está jugando espectacular?
La pregunta correcta es: ¿Quién está tomando mejores decisiones?

Porque cuando llegue septiembre, los coordinadores defensivos no regalarán ventanas. Las coberturas serán más complejas, las defensas jugarán con mayor intensidad y cada error tendrá consecuencias.

Mientras los jóvenes reciben los reflectores, los veteranos están jugando otro partido.

Kirk Cousins y Fernando Mendoza protagonizan una competencia intensa y particularmente interesante en Las Vegas. Mendoza tiene el futuro pero Cousins tiene experiencia. Y el entrenador Klint Kubiak ha decidido mantener abierta la competencia. 

Eso plantea una pregunta que puede generar conversación: ¿Qué debe priorizar un equipo que quiere ganar ahora, experiencia o futuro?

No existe una respuesta universal.

Porque la NFL no es una liga de paciencia infinita.

Los aficionados quieren desarrollo, pero también quieren victorias.

Los dueños quieren construir para cinco años, pero también quieren resultados esta temporada.

Y los entrenadores saben que en esta liga puedes tener razón sobre el futuro y aún así perder tu trabajo en el presente.

El verdadero espectáculo está en la banca.

Quizá por eso deberíamos cambiar nuestra forma de mirar la pretemporada.

No mirar únicamente al quarterback.
Mirar al liniero que está entrando en el segundo cuarto.
Al receptor que consigue tres recepciones y aparece en equipos especiales.
Al cornerback que intercepta un pase cuando nadie estaba hablando de él.
Al corredor que está peleando por ser el tercero del depth chart.
A ese jugador que, dentro de diez días, puede estar recibiendo una llamada de otro equipo porque su actuación llamó la atención de un scout.

La NFL está llena de historias así.
Y muchas comienzan en agosto.

Dallas también merece atención ¡Por cierto!

Los Cowboys llegan a esta etapa después de una victoria 17-7 sobre Seattle el actual campeón y tienen otra prueba frente a Arizona.

Pero más que preguntarnos cuántos partidos ganarán en pretemporada, habría que preguntarnos algo mucho más interesante:
¿Qué Cowboys llegarán vivos al 53?
Porque el verdadero partido está ocurriendo detrás del marcador.
Cada repetición está construyendo jerarquías.
Cada error está modificando decisiones.
Cada joven que aparece está poniendo presión sobre un veterano.

Y con el corte definitivo del roster acercándose, la tensión aumentará sus decibeles todavía más. La NFL contempla que los equipos reduzcan sus plantillas a 53 jugadores el próximo 30 de agosto.

Agosto no predice septiembre… pero sí revela cosas.
Ese es para mí, el gran aprendizaje de esta pretemporada.
No debemos tomar los resultados literalmente. Pero tampoco debemos ignorarlos.

La pretemporada no nos dice quién será campeón.
Nos dice quién está creciendo.
Nos enseña qué posiciones tienen problemas.
Nos muestra qué equipos tienen profundidad.
Nos presenta a los desconocidos que pueden convertirse en protagonistas y sobre todo, nos recuerda que la NFL no empieza cuando llega septiembre.

Empieza mucho antes.
Empieza cuando un novato se pone el casco por primera vez.
Cuando un veterano pelea por conservar su lugar.
Cuando un entrenador decide darle una oportunidad a alguien que nadie tenía en el radar.
Y cuando un jugador entiende que quizá tenga solamente 30 jugadas para cambiar su vida.

Por eso, quizá la pregunta no sea si debemos tomarnos en serio la pretemporada.
La pregunta es: ¿Estamos mirando los partidos con los ojos correctos?

Porque mientras nosotros esperamos que regresen las grandes estrellas… la NFL está buscando a sus próximas.

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De Ruffo a Andy

De Ruffo a Andy

Están peor que Díaz Ordaz.
La manipulación política de la justicia en México es notoria, ni siquiera se preocupan por disimular. Sheinbaum condena adversarios y exonera correligionarios sin ningún rubor desde Palacio Nacional. Ejemplos sobran, pero ninguno es tan nítido y didáctico como el trato diferenciado a Ernesto Ruffo y Andy López Beltrán.

La presidenta conculcó la presunción de inocencia de Ruffo al grado de afirmar que ya había sido juzgado, mentira que sintoniza con la campaña mediática y digital del oficialismo para presentarlo como culpable, aunque el caso no tiene pies ni cabeza.

Sabían que le habían cancelado la visa a Andy y que, de hacerse público, lo relacionarían con el huachicol fiscal. Por eso salió intempestivamente de la dirección de Morena en busca de fuero y, para emparejar cartones, convirtieron al primer gobernador de oposición en chivo expiatorio, fabricándole delitos por un asunto que él ya había aclarado por iniciativa propia.

No les bastó con detenerlo, lo llevaron a un penal de alta seguridad a pesar de sus 74 años y sus problemas de salud, donde lo tienen prácticamente incomunicado y cada visita es un viacrucis.

Ernesto Ruffo no es rico y vive modestamente, siempre ha sido una persona sencilla y su familia requiere de colectas para pagar la defensa.

Nada que ver con el ostentoso estilo de vida de Andy, un junior cuya riqueza no ha explicado, pero la presidenta, los gobernadores, las mayorías legislativas y el partido hegemónico insisten en convertir en mártir de la soberanía porque le revocaron una visa.

La Fiscalía Carnal se apresuró a exonerarlo con mentiras, negando los testimonios del expediente que lo implican en el huachicol fiscal.

Para eso se hicieron de todo el poder, para determinar quién es culpable y quién es inocente, aunque el culpable sea inocente y el inocente culpable. Ernesto Ruffo es preso político de quien se dice “hija del 68”. No importa que la decisión se haya tomado en Palenque, la responsabilidad es suya.

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Villa Juárez ¿municipio 12?

Villa Juárez ¿municipio 12?

El Ágora 

Por Ana Gómez 

Aguascalientes no se redibuja seguido. La última vez que el estado cambió de forma fue en 1992, cuando nacieron El Llano y San Francisco de los Romo. Treinta y cuatro años después, el mapa volvió a la mesa, el 21 de mayo de 2026, se presentó una iniciativa ante el Congreso para crear el municipio de Villa Juárez, hoy parte de Asientos, y reformar el artículo 9° de la Constitución local.

Conviene decirlo de entrada, porque aquí la prisa suele ganarle a la información, no hay nada decidido. Hay un procedimiento especial, contemplado en los artículos 139 y 140 de la Ley Orgánica del Poder Legislativo, que obliga a escuchar antes de resolver. Escuchar de verdad, no de a mentiritas.

Lo que propone la iniciativa

Villa Juárez nacería con 26 mil 667 habitantes en 112 localidades y una cabecera de 5 mil 976 personas. La ley pide mínimo 15 mil habitantes en la zona y 5 mil en la cabecera, en ese renglón los números cuadran. Asientos conservaría 54 localidades y poco más de 24 mil habitantes.

En lo financiero, la iniciativa proyecta para el nuevo municipio ingresos por 112.8 millones de pesos y egresos por 103.7, con un superávit de 9.08 millones. Le atribuye 8 mil 993 cuentas catastrales y un predial estimado en 2.4 millones. Para Asientos, ya sin ese territorio, calcula 169.1 millones de ingresos y 155.6 de egresos. Conviene subrayar que esas son las cifras que presenta la iniciativa, proyecciones de sus promotores y no un veredicto. La viabilidad financiera todavía debe revisarse en los dictámenes correspondientes.

Detrás de las cifras hay algo que ninguna hoja de cálculo registra, una demanda de casi cuarenta años, una lucha social que ha tenido Villa Juárez por cerca de 40 años y es la primera vez que se inicia este proceso de consulta. 

Lo que objetan los críticos

El Colegio de Economistas de Aguascalientes puso la otra mitad del asunto. Su presidenta, María del Carmen Corchado Reyes, lo explicó sin tecnicismos, en el foro de expertos del lunes pasado. «Nos dan 10 pesos para gastar, se tendrán que repartir los 10 pesos». Se refiere a que el dinero federal no aumenta porque haya un municipio más. Se parte en más pedazos y a cada quien le toca un poco menos.

Sus otros argumentos se entienden igual de fácil. El primero se refiere a que la ley pide que la zona crezca al doble del ritmo del estado, y el Colegio sostiene que ahí se compararon peras con manzanas en la iniciativa, diez años de crecimiento contra uno solo, de modo que el requisito no queda acreditado. Dos, 87 de cada 100 pesos del nuevo municipio vendrían de lo que mandan la Federación y el estado; apenas 13 saldrían de lo que cobre por su cuenta. Tres, las cuentas no empatan. Asientos tiene aprobados 326.5 millones para 2026, pero lo proyectado para los dos municipios suma 282. Faltan 44.5 millones por explicar dentro del dictamen.

Está además el gasto que se duplica, cada municipio necesita presidencia, cabildo, tesorería, contraloría. El Colegio calcula que ese aparato pasaría de consumir 35% del gasto de Asientos a entre 60% y 65%; más dinero para oficinas, menos para calles, agua y alumbrado. Y todo esto en un estado cuya deuda pública iba en 5 mil 329 millones al 30 de abril, después de tres créditos contratados en los primeros cuatro meses de 2026.

Los foros, escuchar a quien vive ahí

Del 14 al 17 de agosto se realizaron ocho foros: dos en el Palacio Legislativo con especialistas y seis en las comunidades de Villa Juárez, Adolfo López Mateos, Pilotos, Ciénega Grande, Guadalupe de Atlas y Asientos. Se trabajó en mesas de hasta diez personas, boleta anónima fácil de contestar y coordinadores con prohibición expresa de opinar o inducir respuestas. Quien no supiera leer podía pedir ayuda, pero nadie podía sugerirle qué contestar.

Ahí apareció lo que las fichas técnicas dejan al final, la gente pide hospital regional, universidad, servicios bancarios, servicio que debe de otorgar el municipio e incluso algunos poblados preferían pertenecer al municipio vecino de Pabellón de Arteaga.

Lo que falta

Los once ayuntamientos deben enviar su opinión por escrito. Las Comisiones Unidas de Fortalecimiento Municipal y de Gobernación integrarán boletas, minutas y opiniones al expediente, y de ahí saldrá el dictamen. Al final, el Pleno del Congreso, votará y se necesitarán para aprobarse dos terceras partes, 18 de 27 votos. Si prospera, la elección sería extraordinaria, fuera de la próxima elección de 2027.

Entre la demanda social y la viabilidad técnica hay una distancia que este proceso todavía no termina de medir. Cuarenta años de espera no acreditan por sí solos que las cuentas salgan; tampoco una hoja de cálculo cancela cuarenta años de espera.

La pregunta, entonces, queda abierta para quien la quiera contestar ¿qué pesa más a la hora de dibujar un municipio, lo que la gente pide o lo que el presupuesto alcanza?

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