Estado Policiaco

Estado Policiaco

Acabaron con la democracia, poco a poco.
Los investigadores Sergio López Ayllón y Pablo Salazar Ugalde publicaron en la revista Nexos un ensayo muy comentado que se titula “Hacia un Estado policiaco”, aunque, como ellos mismos apuntan, su andamiaje ya está construido.

Sostienen que el régimen autoritario no surgió de manera intempestiva, sino que es resultado de una construcción metódica, gradual y jurídicamente sofisticada. En lo particular cada reforma podría tener sustento técnico, pero concatenadas dejaron a los ciudadanos en indefensión.

No es un fenómeno peculiar, el populismo se ha extendido en el mundo siguiendo un guión. Llegan por la vía democrática cuestionando a las élites. Luego se asumen únicos representantes del pueblo, niegan legitimidad a la oposición, acaban con la división de poderes y los contrapesos, se apropian del espacio comunicativo y rediseñan el sistema electoral a su medida.

López Obrador estableció el mapa de ruta con las iniciativas presentadas el 5 de febrero de 2024, conocidas como Plan C, mismas que fueron aprobadas gracias a que le obsequiaron al oficialismo una espuria mayoría calificada, pisoteando la Constitución.

Con fiscalías carnales, extensión de la prisión preventiva oficiosa, presidencialismo omnipotente, incontrovertibilidad de reformas constitucionales, jueces de acordeón, militarización de la seguridad pública, congelamiento discrecional de cuentas, acceso irrestricto del SAT a bases de datos públicas y privadas, registro biométrico de celulares y debilitamiento del amparo, todos somos susceptibles de espionaje y vulnerables ante el Estado policiaco.

Súmenle el hostigamiento a medios y periodistas; que los lineamientos que pretextan defender audiencias buscan controlar contenidos y determinar qué es verdad y que no desde el gobierno; que quieren extender la censura a redes sociales.

No nos engañemos, México ya no es una democracia. Es, en todo caso, una autocracia electoral que cada día enseña más los dientes.

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La solidaridad latinoamericana 

La solidaridad latinoamericana 

El Ágora 

Por Ana Gómez

A las 7:30 de la mañana del día lunes, mientras millones de colombianos y colombianas desayunaban, dormían o se preparaban para comenzar la semana, la tierra se movió bajo el municipio de San José del Palmar, en el Chocó. Magnitud 7.4, noventa y seis kilómetros de profundidad, treinta y dos estaciones sismológicas registrando lo mismo. 

Esa profundidad, que suele amortiguar el golpe en la superficie, tuvo un efecto perverso, porque repartió el terremoto por medio país. Se sintió en Bogotá, en Cali, en Medellín, en Pereira, en Manizales. Se sintió en Ecuador, en Panamá, en Venezuela. Es el sismo más fuerte que Colombia registra en una década y al cierre de esta columna el saldo rebasaba los 111 muertos, con la certeza incómoda de que esa cifra va a ser vieja para cuando usted la lea.

Para quienes vivimos aquí, las imágenes llegan con una familiaridad que duele. Los edificios vaciándose a media mañana, la gente en la calle en pijama, el rumor que corre más rápido que el boletín oficial. En México sabemos de esto. Lo sabemos con 1985 y con 2017, y lo aprendimos de la peor manera, con la fuerza de escombro.

Conviene detenerse en un dato, el epicentro estuvo en el Chocó, que no es en cualquier parte de Colombia, sino en el departamento o lo que en nuestro país sería el Estado que lleva décadas encabezando todos los índices de pobreza y todos los rezagos de infraestructura del país. En Quibdó hubo heridos, edificaciones gravemente dañadas, cortes de energía y de telefonía. Los sismos, ya lo sabemos, no leen encuestas ni consultan mapas electorales. 

Además el Eje Cafetero de Pereira, Manizales, Armenia. Los mismos nombres de las portadas de 1999, cuando un terremoto dejó más de mil muertos en esa zona. Veintisiete años después, seis aeropuertos suspendidos por daños, veinte estructuras colapsadas nada más en Cali, carreteras estratégicas cerradas por deslizamientos. La memoria sísmica existe. Lo que falla es su traducción a presupuesto, a norma constructiva y a supervisión real de quien construye. 

DOS MANERAS DE TENDER LA MANO

El terremoto encontró a Colombia con un presidente de tres días de antigüedad. Abelardo de la Espriella decretó desastre nacional, instaló un Puesto de Mando Unificado en la UNGRD y se trasladó a la zona. Nada que objetar o felicitar, es lo que corresponde.

Lo que sí se puede leer, y con lupa, es la geografía de la solidaridad. El secretario de Estado Marco Rubio anunció que la administración Trump «monitorea de cerca» el terremoto y está «lista para apoyar». Monitorear de cerca es una modalidad de ayuda humanitaria notablemente económica. Desde Palacio Nacional, la presidenta Claudia Sheinbaum dijo otra cosa: «todo el apoyo que requiera, si es necesario, el pueblo de Colombia, ahí vamos a estar».

Podría sonar igual de protocolario si no fuera porque México ya lo demostró hace seis semanas. Cuando Venezuela fue golpeada por dos terremotos en junio, nuestro país no mandó un comunicado, mandó 250 elementos, 18 binomios caninos, insumos médicos y equipo de búsqueda y rescate. Ahí está la diferencia entre la solidaridad como gesto y la solidaridad como política de Estado. Una se redacta en la mañana y se olvida en la tarde; la otra exige brigadas entrenadas, perros certificados, aviones disponibles y la decisión previa de sostener todo eso con dinero del pueblo de México, para ayudar a nuestro hermano pueblo de Colombia. 

Colombia todavía no solicita formalmente asistencia mexicana, pero el ofrecimiento tiene detrás una institucionalidad y un antecedente. Que un país rescatado tantas veces se haya vuelto un país que rescata es, quizá, el gesto diplomático más digno que México ha acumulado en años y en gran parte gracias a la transformación. No se compra con publicidad ni se negocia en una mesa de aranceles.

México y Colombia comparten hoy algo más que una vecindad cultural y una historia común de saqueos y resistencias, compartimos el suelo inquieto y la obligación de recordar. Que el ofrecimiento se convierta en aviones cargados y rescatistas en tierra. Y que, a nosotros, del otro lado, no se nos olvide estar preparados. Porque cuando la tierra se mueve, lo único que de verdad queda en pie es la manera en que nos cuidamos entre nosotros.

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Canton 2026: cinco leyendas, cinco caminos hacia la inmortalidad

Canton 2026: cinco leyendas, cinco caminos hacia la inmortalidad

Desde la Tribuna

Por Laura Sandoval

Una generación que demuestra que la grandeza en la NFL va mucho más allá de una posición o una estadística, es una generación mítica que sigue construyendo su legado.

Hay jugadores que pasan por la NFL.

Hay jugadores que dominan una época.

Y existen aquellos cuyo nombre termina inevitablemente asociado con la palabra leyenda.

La Clase 2026 del Pro Football Hall of Fame reúne cinco historias completamente diferentes: Adam Vinatieri, Drew Brees, Luke Kuechly, Larry Fitzgerald y Roger Craig.

Cinco posiciones. Cinco estilos. Cinco caminos hacia Canton.

Pero hay algo que los une: todos dejaron una marca que va mucho más allá de sus números.

Y, precisamente, los números ayudan a entender por qué están ahí.

ADAM VINATIERI: cuando tres puntos se convierten en historia

Si alguna vez hubo un jugador capaz de demostrar que un partido de NFL puede cambiarse con una sola patada, ese fue Adam Vinatieri.

Su carrera de 24 temporadas de 1996 a 2019 produjo 2,673 puntos, todavía una cifra monumental, además de 599 goles de campo convertidos, ambos registros que explican buena parte de su candidatura.

Pero reducir a Vinatieri a estadísticas sería quedarse corto.

Fue cuatro veces campeón del Super Bowl, tres veces Pro Bowler y tres veces First-Team All-Pro. Además, forma parte del NFL 100 All-Time Team.

Y hay un número que probablemente explica mejor su legado que cualquier otro:

238 puntos en playoffs.

Porque Vinatieri no solamente pateaba.

Aparecía cuando más importaba.

Los aficionados de los Patriots recuerdan la nieve de Foxborough. Los Colts recuerdan el Super Bowl XLI. La NFL recuerda a un pateador que convirtió situaciones de máxima presión en parte de su rutina.

Su elección también tiene un simbolismo enorme: Vinatieri ayudó a cambiar la percepción de lo que puede significar un kicker dentro de la historia de la NFL.

DREW BREES: precisión, consistencia y una franquicia transformada

Drew Brees llegó a la NFL sin el físico prototípico que muchos buscaban en un quarterback.

Y terminó convirtiéndose en uno de los grandes pasadores de todos los tiempos.

80,358 yardas por pase.

571 touchdowns.

13 Pro Bowls.

Siete veces líder de la NFL en yardas por pase.

Y por supuesto, un Super Bowl, un Super Bowl MVP y dos premios al Offensive Player of the Year.

Brees fue también seleccionado para el NFL 100 All-Time Team.

Pero hay algo que las estadísticas no pueden medir completamente: lo que significó para New Orleans.

Brees no solamente llegó a los Saints para producir números. Se convirtió en el rostro de una transformación.

Y cuando levantó el Lombardi después del Super Bowl XLIV, su legado quedó prácticamente sellado.

Que haya sido elegido como first-ballot Hall of Famer no sorprende.

La pregunta realmente interesante es otra:

¿Qué habría sido de la historia de los Saints sin Drew Brees?

Probablemente muy diferente.

LUKE KUECHLY: siete años que parecieron una carrera completa

Aquí aparece uno de los casos más fascinantes de esta generación.

Luke Kuechly jugó para Carolina entre 2012 y 2019.

Ocho temporadas.

Y fueron suficientes.

1,092 tackleadas.

18 intercepciones.

12.5 sacks.

Siete Pro Bowls.

Cinco selecciones First-Team All-Pro.

Defensive Rookie of the Year.

Defensive Player of the Year.

Y miembro del NFL 2010s All-Decade Team.

Kuechly fue uno de esos linebackers que parecían jugar un segundo antes que todos los demás.

Su mayor virtud no era únicamente la fuerza.

Era leer el football.

Entender formaciones. Anticipar movimientos. Identificar la jugada antes de que se desarrollara.

Y aquí aparece una discusión interesante alrededor del Hall of Fame:

¿Cuánto debe pesar la longevidad?

Kuechly se retiró después de la temporada 2019, con apenas 28 años. Su carrera terminó mucho antes que la de muchos de sus contemporáneos.

Pero su impacto fue tan grande que la duración dejó de ser el argumento principal.

No necesitó 15 años para demostrar que fue uno de los mejores.

LARRY FITZGERALD: 1,432 razones para estar en Canton

Hay receptores que son espectaculares.

Hay receptores que son consistentes.

Y hay receptores que terminan convirtiéndose en el estándar de una generación.

Larry Fitzgerald pertenece a la tercera categoría.

1,432 recepciones.

17,492 yardas.

121 touchdowns.

11 Pro Bowls.

Dos veces líder de la NFL en recepciones y dos veces líder en touchdowns por recepción.

Además, forma parte del NFL 2010s All-Decade Team y del NFL 100 All-Time Team.

Y hay otro dato que explica la magnitud de su carrera:

Fitzgerald terminó segundo de todos los tiempos en recepciones y yardas recibidas.

Pero quizá su legado más importante no esté en ningún libro de récords.

Está en la consistencia.

Durante 17 temporadas con Arizona, Fitzgerald fue una constante.

Incluso en equipos que no siempre estuvieron a la altura de su talento, él sí lo estuvo.

Y eso hace que su elección como first-ballot Hall of Famer sea prácticamente incuestionable.

ROGER CRAIG: el jugador que se adelantó a su época

Y entonces llegamos a Roger Craig.

Probablemente el nombre que más conversación generará entre los cinco.

No porque no sea digno de Canton.

Sino porque su candidatura obliga a recordar que las estadísticas deben entenderse dentro de su época.

Craig fue un elemento fundamental de los San Francisco 49ers de los años 80 y principios de los 90.

Ganó tres Super Bowls, fue una vez Offensive Player of the Year y acudió a cuatro Pro Bowls.

Pero hay un dato particularmente impresionante:

Fue el primer jugador en conseguir 1,000 yardas terrestres y 1,000 yardas por recepción en una misma temporada.

Terminó su carrera con:

8,189 yardas terrestres.

566 recepciones.

4,911 yardas por recepción.

73 touchdowns totales.

Craig fue, en muchos sentidos, un adelanto de lo que hoy entendemos por un running back moderno.

Hoy nos parece normal que un corredor sea una amenaza tanto por tierra como por aire.

En los 80, no lo era.

Craig ayudó a demostrar que un corredor podía ser mucho más que alguien que recibía el balón para correr.

Podía ser una pieza central del sistema ofensivo.

Y quizá por eso su llegada a Canton como selección del comité senior tiene un sabor especial: es también una reivindicación histórica.

Cinco jugadores, una misma pregunta

Lo fascinante de esta clase es que permite plantear una pregunta que debería estar en el centro de cualquier discusión sobre el Hall of Fame:

¿Qué significa ser inmortal en la NFL?

¿Son los récords?

Vinatieri tiene números históricos.

¿Son los campeonatos?

Craig tiene tres. Vinatieri tiene cuatro.

¿Es la producción?

Brees y Fitzgerald tienen estadísticas que los colocan entre los mejores de la historia.

¿Es el dominio de una posición?

Kuechly fue uno de los linebackers más extraordinarios de su generación.

La respuesta probablemente sea una combinación de todo.

Porque el Salón de la Fama no debería ser solamente un museo de estadísticas.

Debe ser un museo de impacto.

Y estos cinco jugadores tuvieron impacto de diferentes maneras.

Brees cambió una franquicia.

Fitzgerald personificó la excelencia durante 17 temporadas.

Kuechly demostró que una carrera corta puede ser extraordinariamente dominante.

Craig ayudó a redefinir lo que podía ser un running back.

Vinatieri convirtió el clutch en una identidad.

La verdadera grandeza no siempre se mide igual.

Tal vez esa sea la gran lección de Canton 2026.

En una época en la que constantemente discutimos quién es el GOAT, quién tiene más yardas, más touchdowns, más anillos o mejores estadísticas avanzadas, esta clase nos recuerda algo fundamental:

El football no se juega solamente en una hoja de estadísticas.

También se juega en los momentos.

En las generaciones.

En los equipos que cambian.

En los jugadores que obligan a los demás a replantearse cómo se juega una posición.

Y cuando finalmente llega el momento de entrar a Canton, todos esos caminos terminan en el mismo lugar.

Este 2026, cinco nombres quedarán grabados para siempre:

Adam Vinatieri.
Drew Brees.
Luke Kuechly.
Larry Fitzgerald.
Roger Craig.

Cinco carreras distintas.

Cinco legados diferentes.

Una misma inmortalidad.

Porque en la NFL puedes ser grande durante una temporada. Puedes ser una estrella durante una década.

Pero para llegar a Canton tienes que conseguir algo mucho más difícil: hacer que el football sea diferente después de ti.

Y ellos lo hicieron.

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Autocracia

Autocracia

Vamos de la dictablanda a la dictadura. 
El encarcelamiento de Ernesto Ruffo y la pretensión de fortalecer los mecanismos estatales de censura demuestran que el autoritarismo en México sigue escalando y que el obradorato no tiene ni tendrá escrúpulo alguno para mantenerse en el poder. No es interpretación, es el mensaje que quieren mandar.

A Ruffo le violaron sus derechos procesales desde el primer momento. No obstante o, mejor dicho, precisamente por ser un personaje emblemático de la oposición y la transición democrática. No tiene antecedentes penales, no está condenado, no hay riesgo de fuga e incluso colaboró con la Fiscalía por iniciativa propia. Y no obstante, con 74 años y problemas de salud lo ingresaron a un penal de alta seguridad por un delito que no cometió ni pudo cometer.

Violaron la presunción de inocencia desde la presidencia, impidieron el ingreso de la prensa a las audiencias, filtraron a columnistas supuestas triangulaciones financieras que no existen en el expediente y lo tratan como si fuera un violento y peligroso criminal a pesar de su buena fama pública y conocida sencillez. Si eso le hicieron a él, cualquiera puede ser la siguiente víctima de Ernestina Godoy, quien no ha rendido cuentas por encerrar a Alejandra Cuevas con delitos fabricados ni por espiar a la oposición, ambos hechos comprobados.

Para colmo, perfilan la aprobación de Lineamientos para coaccionar a concesionarios de radio y televisión, pretextando y pervirtiendo los derechos de las audiencias, y amenazan con censurar también a la prensa escrita y las redes sociales.

El gobierno quiere decidir qué es verdad y qué es mentira. Bajo amenaza de onerosas multas, y controlar la conversación pública de cara a las elecciones de 2027. Lo de menos es que el código de ética y el defensor de audiencia lo decida el medio cuando la última palabra del litigio la tiene una comisión gubernamental.

No es difícil entender su motivación: el autoritarismo crece porque Morena baja.

Fernando Belaunzarán en Instagram: @fer_belaunzaran, en X: @ferbelaunzaran

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Detener sin arrodillarse 

Detener sin arrodillarse 

El Ágora 

Por Ana Gómez

El 30 de julio, en una casa de la colonia Los Naranjos, en Atotonilco el Alto, Jalisco, cayó Ramón Ángel Álvarez Ayala, “El R1”, cabeza de “Los R’s”, una de las células más sanguinarias del Cártel Jalisco Nueva Generación.

Está vivo, esposado y camino al Altiplano. No hubo helicópteros en cadena nacional ni el desfile del detenido que tanto gustaba a los estrategas de otras épocas. Hubo, simplemente, un Estado que llegó y lo aprendió. 

Conviene recordar quién era este señor antes de que se vuelva anécdota. Álvarez Ayala, “El R1”, empezó como lugarteniente de Los Valencia, el viejo Cártel del Milenio del que nació el CJNG, y terminó operando plazas en Uruapan, Apatzingán y Morelia. Su negocio no era solamente la droga que cruza al norte, también era el cobro de piso al productor de limón, al ganadero, al que pone una tiendita en la esquina. Es decir, el capitalismo criminal en su versión más pura, cobrándole renta al trabajo ajeno.

Las investigaciones lo señalan como el autor intelectual del asesinato de Carlos Manzo, alcalde de Uruapan, ejecutado el 1 de noviembre de 2025 frente a su gente. El móvil, según los testimonios, fue que la autoridad municipal le resultaba “una provocación”. Ahí está retratado el poder del criminal que no tolera que el Estado exista. 

Lo notable es cómo se hizo. Meses de trabajo del Centro Nacional de Inteligencia, análisis forense de teléfonos asegurados, rastreo de transferencias bancarias, intervención de comunicaciones autorizada por un juez.

El modelo que se cayó solo

En diciembre de 2006, Felipe Calderón se puso una chamarra militar y le declaró la guerra al narcotráfico para legitimar una elección que nadie le creía. El resultado de aquella epopeya fueron más de 120 mil homicidios en su sexenio y más de 156 mil en el de Enrique Peña Nieto. El arquitecto de aquella estrategia, Genaro García Luna, fue sentenciado en Brooklyn a 38 años y 10 meses de prisión por recibir sobornos del Cártel de Sinaloa. El secretario de Seguridad de la República era empleado de los mismos a quienes decía combatir. No hubo infiltración, hubo una sociedad. Ese fue el modelo que durante años se nos vendió como “mano dura”, y que en realidad era una mano extendida, para recibir dinero de las drogas. 

Siete nombres que la Transformación sí puso tras las rejas

Contra la desinformación que generan algunos medios de comunicación y la “oposición” de que la Cuarta Transformación es un narcogobierno, conviene poner los nombres sobre la mesa. Rafael Caro Quintero, el intocable de los ochenta, detenido en Choix, Sinaloa, en julio de 2022. José Antonio Yépez, “El Marro”, capturado en Guanajuato en agosto de 2020. Ovidio Guzmán López, “El Ratón”, detenido en enero de 2023 en Culiacán. Néstor Isidro Pérez Salas, “El Nini”, jefe de seguridad de Los Chapitos, en noviembre de 2023. Juan Carlos Félix Gastélum, “El Chavo Félix”, yerno de “El Mayo”, en enero de 2025. Abraham Oseguera, “Don Rodo”, hermano de “El Mencho”, en febrero de 2025. Y Hernán Bermúdez Requena, “El Comandante H”, exsecretario de Seguridad de Tabasco, capturado en Paraguay y traído a México en septiembre de 2025. Ese último caso importa, porque aquí no se protege a nadie por credencial ni por color, algo que el viejo régimen jamás pudo presumir.

A esa lista habría que sumar la caída de Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”, en Tapalpa el pasado febrero. Y los números del promedio diario de homicidios dolosos pasó de 86.9 en septiembre de 2024 a 45.4 en junio de 2026, una reducción de 48 por ciento. Los mismos que ayer se burlaban de “abrazos, no balazos” hoy explican con cara de gravedad que las cifras están mal contadas. Nunca falta quien prefiera un país violento antes que darle la razón a este gobierno.

La soberanía no se pide, se ejerce

Todo esto ocurre bajo una presión que nadie debería minimizar. Washington designó a seis organizaciones mexicanas como terroristas, amenazó con aranceles, filtró planes del Pentágono y su presidente ha ofrecido, con una generosidad conmovedora, “entrar a México”. La respuesta de Claudia Sheinbaum ha sido de una claridad admirable“colaboración sí, subordinación nunca”. 

Nunca en la historia reciente de México se había detenido a tantos capos, ni se habían enviado tantos a responder ante la justicia estadounidense, 29 capos en febrero de 2025, 26 capos en agosto y treinta y 7 capos más en enero de este año. Pero, sobre todo, nunca se había hecho así, sin arrodillarse, sin permitir tropas extranjeras, sin convertir al país en patio trasero de nadie. 

México colabora porque le conviene y porque quiere paz, no porque le tiemble la mano por la presión del norte. Esa es la diferencia entre un gobierno que negocia de pie y uno que firmaba de rodillas. La Transformación no está pidiendo permiso de hacer las cosas, está poniendo orden, y lo está haciendo con la ley, con inteligencia, con la frente en alto y con un pueblo que la respalda.

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En defensa de la UNAM

En defensa de la UNAM

Es de lo más valioso que nos queda.
Las trampas detectadas en el examen de selección han puesto a la UNAM en una difícil encrucijada. Hacerlo virtual por primera vez resultó contraproducente porque un número indeterminado de aspirantes encontró la manera de burlar los controles.

El tema es delicado porque está comprometido el prestigio de la institución, así como el futuro y plan de vida de miles de jóvenes. Es injusto que un tramposo le quite el lugar a quien se lo merecía, como también lo es que se castigue a quien logró el puntaje necesario por su propio esfuerzo; el problema es la dificultad para distinguir a uno del otro y la sospecha que envuelve al proceso.

La comisión nombrada por el rector Leonardo Lomelí debe aclarar lo ocurrido, sustentar la difícil decisión para salir del entuerto y proponer medidas que eviten su repetición. La polémica será inevitable y no hay manera de salir indemne; pero el mayor riesgo es que el régimen aproveche la crisis para desestabilizar a la Universidad con el fin de someterla.

La autonomía no fue un regalo. En realidad el gobierno lo pensó como un castigo, pero desde aquel 1929 fue el valladar que permitió a la UNAM ser un oasis de libertad en el desierto autoritario. Hubo momentos de tensión e incluso represión, pero se preservó como espacio plural y tolerante,donde incluso los perseguidos de otras tierras, como los exiliados españoles y sudamericanos, pudieron desarrollar sus pensamientos y transmitirlos.

Nada sería tan pernicioso como el rompimiento de esa tradición con la captura política de la UNAM para convertirla en un centro de adoctrinamiento ideológico del obradorato.

En sus ansias por perpetuarse en el poder, no quieren que nada escape a su control y les estorban las autonomías. Pero la Universidad es de la Nación y nos pertenece a todos. Su esencia es la libertad de cátedra e investigación y, por lo mismo, sería aberrante que se volviera instrumento del nuevo partido de Estado. ¡No lo permitamos!    

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México no pide permiso 

México no pide permiso 

El Ágora 

Por Ana Gómez

El domingo 26 de julio, mientras aquí apenas amanecía, un joven de Ensenada se subía al podio del Tour de Francia, un regiomontano de 21 años cruzaba primero la meta en Hungría y, en Santo Domingo, la bandera tricolor ya encabezaba el medallero de los Juegos Centroamericanos y del Caribe. Tres frentes distintos, un mismo mensaje, México dejó de ser el país que participa para ser el país que compite. 

Del Toro en Francia

Isaac del Toro terminó tercero en la clasificación general del Tour de Francia y se colgó el maillot blanco de mejor joven, además de ganar la etapa con final en Barcelona. Es el primer mexicano que sube al podio de la carrera más dura del planeta. Antes, el techo lo había puesto Raúl Alcalá con dos octavos lugares en 1989 y 1990; el Torito lo rompió a los 22 años y con una temporada de escándalo, campeón del UAE Tour, del Tirreno-Adriático y del Tour de los Alpes franceses, después de haber sido subcampeón del Giro de Italia el año pasado, con once etapas vestido de rosa.

Y conviene contar la historia completa. Del Toro no salió de una academia con laboratorio y nutriólogo, salió de Ensenada, con una bicicleta prestada, un taller de barrio que le componía la máquina y un mensaje de Facebook que le mandó a un director deportivo para pedirle una oportunidad. Lo llevó ahí su terquedad y una familia que le hizo la lucha.

Noel León le ganó a Europa en su propia pista

El mismo domingo, Noel León ganó la carrera principal de la Fórmula 2 en Hungría, su tercer triunfo de la temporada. En mayo, en Canadá, ya se había convertido en el primer mexicano en ganar una carrera de esta categoría, que es la antesala directa de la Fórmula 1. Hoy marcha quinto en el campeonato y su escudería, Campos Racing, lidera entre constructores. No está solo, Rafael Villagómez también corre en F2, y Ernesto Rivera y José Garfias en F3. Es la camada mexicana más numerosa de la historia tocando la puerta de la máxima categoría.

El Caribe también se dice en tricolor

Mientras tanto, en Santo Domingo se celebran los Juegos Centroamericanos y del Caribe número veinticinco, justo en su centenario, la primera edición fue en la Ciudad de México, en 1926. Casi cuarenta países, más de seis mil atletas y una delegación mexicana de más de 630 competidores.

El resultado, hasta el corte de este 27 de julio, México encabeza el medallero con 16 oros, 15 platas y 12 bronces. Y no es novedad, es costumbre. México es el único país que ha estado en las veinticinco ediciones y ha ganado trece de ellas. En Barranquilla 2018 sumó 341 medallas y en San Salvador 2023 alcanzó su récord histórico con 353. Ahí están Osmar Olvera en los clavados, Alejandra Valencia en el tiro con arco, Prisca Awiti en el judo, Yareli Acevedo en el ciclismo de pista, Daniela Souza en el taekwondo. Regionalmente no somos un invitado más, somos la potencia.

Lo que se rompió y lo que hay que construir

Aquí viene la parte incómoda, porque el orgullo sin memoria es pura porra. Durante el largo invierno neoliberal, el deporte se trató como adorno de sexenio y como negocio de unos cuantos. Se gastó en fotos y en burocracias federativas convertidas en cacicazgos vitalicios, mientras las y los atletas rifaban licuadoras y se pagaban sus propios pasajes. Nada lo retrata mejor que el ciclismo.

Esa herencia no se arregla en un día. Por eso el reto de nuestra Cuarta Transformación es que estos triunfos dejen de ser hazañas individuales y se conviertan en política de Estado, canchas y albercas públicas en las colonias, deporte en las escuelas, becas que sean derecho y no premio de consolación, federaciones que rindan cuentas. Lo que hoy logran, lo logran con carácter y con un apoyo reducido del Gobierno. Imaginemos lo que lograrían con condiciones más óptimas. 

Rumbo a 2028, y con orgullo

Faltan dos años para los Juegos Olímpicos de Los Ángeles, del otro lado de la línea, en la casa del vecino, con las gradas llenas de paisanas y paisanos que llevan décadas sosteniendo con su trabajo dos economías. 

Porque lo de Del Toro, lo de Noel León y lo del medallero caribeño no es suerte ni casualidad estadística. Es lo mismo que ha sacado adelante a este país cada vez que le dijeron que no se podía, un pueblo trabajador, talento de sobra y una necedad hermosa para no rendirse. México no pide permiso. México compite. Y últimamente, gana.

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Preso Político

Preso Político

Digamos las cosas como son.
La detención de Ernesto Ruffo exhibe a un régimen capaz de fabricar delitos a opositores con tal de conservar el poder. El sistema de justicia está sometido con una fiscal general fundadora de Morena y ministros, magistrados y jueces que deben sus cargos a quien los puso en el acordeón. La autonomía de la Fiscalía y la independencia del Poder Judicial son letra muerta.

Precisamente una jueza de acordeón aceptó girar las órdenes de aprehensión después de que uno de carrera las rechazara por falta de pruebas. Huele peor aun que con ella y de última hora incluyeran el nombre de Ruffo, presentándolo además como líder de la mayor red de huachicol fiscal, acusación absurda y demencial.

Ahora resulta que él controla las aduanas y a las fuerzas armadas que las operan, siendo que solo es inversionista minoritario de una empresa que no compra, no transporta, no distribuye y no comercializa combustibles, únicamente gestiona los permisos de importación.

Robar petróleo, llevarlo a Texas, refinarlo, regresarlo a México sin pagar impuestos y distribuirlo en gasolineras de todo el país frente a las narices, y a veces la custodia de la Guardia Nacional, es una transa de cientos de miles de millones de pesos que requiere forzosamente de la complicidad de las más altas esferas del poder público.

No solo distraen la atención de la protección a Rocha Moya y Marina del Pilar, también exoneran a los verdaderos responsables del mayor desfalco a la hacienda pública del que se tenga registro. El obradorato culpa de sus propios delitos a la oposición, buscando revertir la creciente evidencia que vincula a Morena con el crimen organizado.

Es cálculo electoral. Si no les funciona ya pueden anular comicios alegando injerencia extranjera o de plano seguir los pasos de Daniel Ortega, el Peje de Nicaragua, suprimiendo las elecciones.

No seamos indiferentes ante la injusticia. Exijamos la liberación de Ernesto Ruffo, preso político del régimen obradorista.

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El fin del Mundial, pero no de la guerra

El fin del Mundial, pero no de la guerra

El Ágora

Por Ana Gómez

España se coronó campeona del mundo. Al minuto 106, Ferran Torres anotó el único gol de la final, donde Argentina jugó casi toda la prórroga con un hombre de menos, por una expulsión.

Segundo título mundial para España, pero mientras el trofeo pasaba de mano en mano en el MetLife de Nueva Jersey, Donald Trump bajó al campo a entregar la Copa y lo recibieron con abucheos.

El estadio como tablero

Ningún Mundial es puro futbol, y este menos que ninguno. A la final asistieron Trump, su esposa Melania, nuestra Presidenta Claudia Sheinbaum y el canadiense Mark Carney. Esa foto de los mandatarios juntos ya es, de por sí, un mensaje. Y este domingo el público se rebeló con ganas. Cada que las pantallas enfocaban a Trump, media tribuna se le echaba encima a punta de chiflidos y gritos, que hasta se colaron en la transmisión oficial.

Y no se quedó ahí. Días antes, Trump presumió que le marcó a su amigo íntimo Gianni Infantino, el presidente de la FIFA, para que le borraran la roja al delantero gringo Folarin Balogun, y lo consiguió, lo dejaron jugar unos octavos que, de todos modos, Estados Unidos perdió 4-1 con Bélgica. En lo deportivo, una anécdota; en lo simbólico, un monumento al hombre más poderoso del planeta agarrando el teléfono para torcerle una regla al juego.

Del otro lado estuvo el silencio. El español Borja Iglesias, que no se ha mordido la lengua contra la guerra en Gaza, le dio la mano a Trump sin voltearlo a ver. No hizo falta pancarta, en un escenario armado para la sonrisa de compromiso, mirar al piso también grita. Trump, mientras tanto, bautizó al torneo como “quizá el evento deportivo más exitoso de la historia”.

Y mientras la pelota rodaba en Nueva Jersey, a miles de kilómetros pasaba lo que ningún reflector quiso alumbrar, esa misma madrugada, Estados Unidos bombardeó Irán por novena noche seguida.

La guerra que arrancó el 28 de febrero, en plena mesa de negociación, dejó atrás los golpes medidos para volverse carnicería abierta, el viernes murieron dos militares estadounidenses en Jordania, el estrecho de Ormuz volvió a tensarse y el petróleo se disparó. Y en el colmo del cinismo, el secretario de Estado Marco Rubio juró el domingo que Washington “siempre permanece abierto” a la diplomacia, mientras los aviones volvían a despegar con dirección a Medio Oriente.

Los mexicanos respaldamos a nuestra Presidenta

Mientras adentro del estadio a Trump lo recibían con silbidos, a nuestra Presidenta Claudia Sheinbaum la recibió otra cosa muy distinta, decenas de paisanos le armaron una bienvenida con mariachi, banderas tricolores y gritos de “no estás sola” y “es un honor estar con Claudia hoy”. La presidenta, que aterrizó en un avión de la Sedena luego de que el mal clima le tumbara el vuelo comercial, lo agradeció desde sus redes: “Son más que correspondidos. Mexicanas y mexicanos trabajadores, los quiere y admira todo México”.

Y no es dato menor, los migrantes mexicanos, nuestros paisanos, esa comunidad que carga sobre los hombros las redadas y las amenazas del mismo gobierno que sentó a la presidenta en el palco. Ahí está lo importante, Sheinbaum sonreía junto a un presidente que nos aprieta con aranceles, que nos amaga con lo de la migración y que decide guerras sin pedirle permiso a nadie, mientras los mexicanos de a pie, los que sí resienten esa política en carne propia, salían a respaldarla en plena Nueva York. La diplomacia de cancha obliga a esas fotos; la política material obliga a no confundirlas con amistad.

La lección

El estadio es donde el pleito humano se vuelve ritual, hay reglas, hay árbitros y hay VAR. La guerra no tiene repetición ni tiempo extra; sus goles se cuentan en muertos y sus prórrogas duran años. Que la misma potencia que montó la fiesta más vista del planeta esté bombardeando otro país cada noche no es una coincidencia incómoda, es la foto exacta de cómo se manda hoy, con una mano repartiendo medallas y con la otra apretando el gatillo.

El torneo se va a apagar pronto. Nos quedarán el gol de Torres, las playeras y el sabor de una final peleada a codazos. Pero el ruido de fondo, son los abucheos a Trump que no cesaron, la roja que se borró por teléfono, las bombas que caían mientras cantábamos, nos deja una certeza más incómoda que cualquier marcador, la fiesta se acabó, la guerra no.

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*Los textos publicados en la sección de Opinión son responsabilidad exclusiva del autor.

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We Are OSOS: el documental

We Are OSOS: el documental

Desde la Tribuna

Por Laura Sandoval

Hay una respuesta que el fútbol americano profesional en México lleva años buscando: ¿cómo se convierte una buena liga en un producto capaz de trascender a sus propios aficionados?

La respuesta parece no solo estar únicamente en el nivel de juego.

Tampoco en contratar mejores jugadores o conseguir más patrocinadores.

La respuesta la están encontrando en la narrativa.

En esta semana se llevó a cabo un screening en Los Ángeles, California donde estuvieron presentes personalidades como Blake Griffin, Ryan Kalil, Christian McCaffrey y entre las filas el Head Coach de los Los Ángeles Chargers, Jim Harbaugh.

Después de dos años de seguimiento de los procesos, victorias y derrotas de franquicia, la casa productora Mortal Media de la cual también es dueño la ex estrella de los Carolina Panthers, Ryan Kalil, logró ver los frutos de un trabajo exhaustivo y emocional de lo que vivido la franquicia de Monterrey. Próxima a estrenarse oficialmente en YouTube el 5 de agosto de 2026.

Por eso We Are OSOS puede representar uno de los proyectos más importantes en la historia reciente de la Liga de Fútbol Americano Profesional. No porque vaya a cambiar el resultado de una temporada, sino porque cambia el enfoque desde el que se cuenta la liga.

Durante décadas, el deporte profesional ha aprendido una lección que en México todavía parece subestimarse: los aficionados primero se enamoran de las personas y después de los equipos.

Netflix lo entendió con Drive to Survive. FX lo convirtió en fenómeno con Welcome to Wrexham. Amazon ha construido imperios alrededor de vestidores y temporadas completas.

Ahora, Osos de Monterrey parece recorrer ese mismo camino.

La llegada de Ryan Kalil y un grupo de inversionistas integrado por figuras como Christian McCaffrey, George Kittle, Sam Darnold, Luke Kuechly, Greg Olsen y Blake Griffin nunca fue únicamente una operación financiera. Desde el principio parecía existir una intención más ambiciosa: construir una franquicia cuya historia pudiera viajar mucho más lejos que Monterrey.

Eso cambia por completo la conversación.

Porque durante años la LFA ha intentado convencer al público de que tiene buen fútbol americano. Lo que pocas veces ha hecho es mostrar por qué debería importarnos quiénes son esos jugadores, qué sacrifican para competir y qué significa levantar una liga profesional en un país donde el fútbol americano busca consolidar un espacio mediático.

Los deportes modernos viven de la conexión emocional.

Cuando un aficionado conoce el contexto, el marcador deja de ser el único protagonista.

Si We Are OSOS consigue transmitir esa humanidad la de jugadores que persiguen un sueño, entrenadores que construyen una cultura y una organización que apuesta por un proyecto de largo plazo habrá logrado algo que ninguna campaña publicitaria puede comprar.

Historias más profundas como la de Shelton Eppler líder del equipo, mostrando los diferentes ángulos emocionales y de competencia tanto de él como de sus compañeros.

La producción también envía un mensaje hacia el exterior.

Durante demasiado tiempo el fútbol americano mexicano ha sido visto como un producto exclusivamente local. Un documental de esta naturaleza demuestra que la LFA puede convertirse en una historia atractiva incluso para quien nunca ha visto un partido en México.

Y eso vale más que cualquier estadística de audiencia.

Naturalmente, un documental no resolverá por sí solo los desafíos de la liga. La LFA todavía necesita fortalecer su modelo comercial, mejorar la experiencia del aficionado y ampliar su distribución internacional.

Pero las grandes transformaciones casi siempre comienzan de la misma manera: alguien decide contar la historia correcta.

Si We Are OSOS logra que un aficionado en California, Texas o cualquier otra parte del mundo quiera saber quiénes son los Osos de Monterrey y qué representa la LFA, entonces habrá conseguido algo mucho más importante que una buena crítica.

Habrá demostrado que el fútbol americano mexicano ya no solo merece ser visto.

Merece ser contado.

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