Los medios públicos al servicio de la ideología
Por Héctor Escalante
Hace unos días, el 30 de octubre, durante el concierto de Molotov en el Palacio de los Deportes de la Ciudad de México, Mickey Huidobro, vocalista de la banda, al inicio de la interpretación de la canción “Gimme Tha Power”, expresó: “éramos un país chingón, no estamos alineados a cualquier Cuarta Transformación. ¡Que chinguen a su madre!”.
Quienes han ido a los conciertos de Molotov durante más de 30 años de historia, podrán relatar que lo mismo le han mentado la madre al PRI, al PAN, al PRD y ahora a Morena. Parte de la esencia de la banda ha sido criticar a los gobiernos en turno, no es nuevo ni particular. Lo que cambió hoy, es que, parte del aparato del Estado se movió para atacar a Molotov.
José Ramón López Beltrán, hijo del expresidente Andrés Manuel López Obrador, decidió contestar a la banda, calificando a sus miembros de “críticos desubicados y convenencieros”.
Escribió en su cuenta de X:
“No sabía el contexto de eso de ‘Éramos un país bien chingón’. De flojera los críticos desubicados y convenencieros”. Además de asegurar que Molotov dejó de ser una banda relevante en la escena del rock.
Posteriormente, Paco Ayala, también miembro de Molotov, respondió fuertemente al hijo del exmandatario en la misma red social: “ya vi que nos escribió el panzón millonario!! Jaja de mega fan a chairo/ idiota”.
Hasta ese momento, todo era un pleito entre particulares. Y habrá quien coincida con la postura del grupo y habrá quien coincida con López Beltrán. El problema es cuando el aparato del Estado y Canal 11, televisora pública mexicana, intervienen para hacer burla, una parodia de la banda en su programa “Del Mamut” y la utilización de sus redes para amplificar el video y atacar al grupo por criticar al gobierno.
Los medios públicos, como su nombre lo dice, reciben dinero público, es decir de los impuestos de todos los mexicanos, son de y para todos.
Deben servir a la ciudadanía de manera plural e imparcial. Sin embargo, desafortunadamente en nuestro país la realidad es que generalmente son instrumentalizados por las ideologías del gobierno o los intereses políticos de turno. Aunque pocas veces de una manera tan burda y lamentable como ahora.
La premisa de la libertad de expresión en nuestro país está disfrazada, pues sí bien no hay amenazas de cárcel o de muerte para quien opina en contra del gobierno, sí hay un hostigamiento mediático, muchas veces incitado desde Palacio Nacional, pero otras tantas desde los medios públicos, funcionarios, legisladores o gobernantes. El doble mensaje de, somos distintos, pero nos comportamos peor que los anteriores es lamentable.
Ante un gobierno que ha ganado las elecciones con tanta legitimidad, lo mínimo que se espera es que se comporten a la altura de sus cargos y funciones. La crítica puede o no gustar, pero atacar desde el poder para acallarla, es más cercano a un régimen autoritario que a uno democrático. No solo hay un ataque contra periodistas, líderes de opinión o ciudadanos, ahora se trasladaron a criticar a músicos y al rock, porque resulta que incomoda, cuando eso es la esencia misma del género.
Habrá a quien le guste o no Molotov, habrá a quien le parezca una banda respetable o no, habrá quien piense que ya no son actuales y habrá quien piense que siguen siendo una banda relevante en la escena del rock nacional. Ese debate pasa a segundo término, hoy habrá que elevar la voz ante la utilización de los medios públicos para atacar a quien no apoya al gobierno, pues eso es lamentable y tirano.
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