El Mundial avanza, el balón que junta, el muro que separa
El Ágora
Por Ana Gómez
Una semana después de la inauguración, el Mundial 2026 confirma su doble cara. Dentro de México, el torneo sigue funcionando como un acelerador de empatía entre selecciones y aficiones que jamás se habían visto.
Afuera, del lado estadounidense, la fiesta convive con tiroteos que no distinguen entre balón y bala, y con una política migratoria que no da tregua ni siquiera al evento que reúne al planeta.
Las hazañas de los chicos
Más que los marcadores abultados, lo que dejó esta semana fueron las sorpresas y la resistencia de los equipos pequeños. Cabo Verde sigue invicto, tras el 0-0 ante España, ahora rescató un 2-2 frente a Uruguay y mantiene viva la ilusión de clasificar en su primer Mundial. Curazao, la nación más pequeña en la historia de una Copa del Mundo, empató 0-0 con Ecuador y consiguió su primer punto. La República Democrática del Congo, debutante absoluta, empató 1-1 con un Portugal que ya suma diez partidos sin gol de Cristiano Ronaldo en Mundiales y Eurocopas. Marruecos venció 1-0 a Escocia, Irán resistió un 0-0 ante Bélgica y Egipto remontó para ganar 3-1 a Nueva Zelanda, su primer triunfo en la historia del torneo. Ghana sufrió hasta el descuento para vencer 1-0 a Panamá.
México sigue tendiendo la mano
México volvió a demostrar que, de este lado de la frontera, el Mundial sigue siendo fiesta compartida. Antes del duelo en Guadalajara, las aficiones de México y Corea del Sur estrecharon lazos en las calles de la ciudad, que por primera vez en su historia recibía un partido mundialista, pese a haber sido sede en 1970 y 1986. Tras el triunfo del Tri, más de 300 mil personas celebraron solo en el Zócalo capitalino, con festivales futboleros igualmente abarrotados en Monterrey y Guadalajara.
Javier Aguirre relató cómo, afuera del hotel de concentración tapatío, lo recibieron madres, abuelas, bebés y mariachis. El portero Raúl Rangel, además, igualó una marca que solo tenía Guillermo Ochoa, el arco en cero en sus primeros dos partidos mundialistas. Irán, por su parte, instaló su campamento en Tijuana ante las restricciones impuestas por Washington a su delegación, y solo cruzará a territorio estadounidense para disputar sus partidos. México, una vez más, funciona como refugio para selecciones que el anfitrión del norte trata con sospecha.
El cariño no es exclusivo de los coreanos. En Monterrey, donde Japón instaló su campamento de preparación, la afición regiomontana arropó a los asiáticos a pesar de la polémica por el estado de las canchas de entrenamiento. Japón devolvió el gesto, su afición se quedó a recoger la basura de las gradas del Estadio Monterrey tras enfrentar a Túnez, en el partido que marcó el número 1,000 en la historia de los Mundiales.
Estados Unidos, la misma exclusión, nuevos episodios
Del otro lado, la lista de incidentes no deja de crecer. El jueves, horas después del desfile por el título de los Knicks, un tiroteo sacudió Times Square, epicentro de la fiesta mundialista en Nueva York y sede de la final, no hubo heridos, pero sí estampidas entre los aficionados de Brasil, Argentina y Marruecos que ahí se reúnen a diario. El temor a la violencia no es nuevo en esa sede, hace un año, en la final del Mundial de Clubes, un solicitante de asilo fue detenido frente a sus hijos en el estacionamiento del propio MetLife Stadium, encarcelado tres meses y finalmente deportado.
En el plano migratorio, el Departamento de Seguridad Nacional reconoció que no existe ninguna directriz que ordene a ICE mantenerse alejado de los estadios, y que la agencia conserva plena facultad legal para detener sin orden judicial dentro o cerca de los recintos. Amnistía Internacional ya había advertido que ICE representa una amenaza incluso para los propios futbolistas. Human Rights Watch documentó que, desde enero de 2025, más de 167 mil personas han sido arrestadas solo en las once ciudades sede estadounidenses. En el Congreso, la legisladora Nellie Pou propuso la Save the World Cup Act, que prohibiría operaciones migratorias en un radio de kilómetro y medio alrededor de los estadios; la iniciativa, sin embargo, tiene pocas posibilidades en un Congreso republicano. Esta semana se confirmó, además, la presencia de ICE en los alrededores del estadio de Santa Clara, sede de los próximos partidos en el Área de la Bahía.
El marcador extradeportivo sigue sin favorecer a Estados Unidos. Mientras México multiplica abrazos entre desconocidos y comparte sus calles con el mundo, el anfitrión más poderoso del planeta insiste en recordarle a sus visitantes, y a sus propios migrantes, que la bienvenida tiene condiciones. El Mundial avanza, pero esa otra competencia, la de la hospitalidad, sigue 2-0 a favor de México.
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*Los textos publicados en la sección de Opinión son responsabilidad exclusiva del autor.
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