Pemex: la ruta hacia la soberanía energética
El Ágora
Por Ana Gómez
La soberanía energética es mucho más que un concepto técnico, es la capacidad de un país de decidir sobre su propio destino sin depender de empresas extranjeras ni de gobiernos ajenos. En México, el camino a esa soberanía se llama Pemex.
La historia de nuestra nación demuestra que el control sobre los recursos energéticos ha sido un pilar de independencia política y económica. Defenderlo significa garantizar que la energía, motor de la industria y la vida cotidiana, esté al servicio de los mexicanos y no de intereses externos.
El origen: la expropiación de 1938
La historia de Pemex comienza en 1938, cuando el presidente Lázaro Cárdenas decretó la expropiación petrolera. Con ello, México recuperó el control sobre sus recursos frente a compañías extranjeras que dominaban la producción y las ganancias.
El nacimiento de Petróleos Mexicanos fue un acto de soberanía y dignidad nacional, que convirtió al petróleo en símbolo de identidad y orgullo. Durante décadas, Pemex fue el sostén de las finanzas públicas, aunque también enfrentó retos de modernización, corrupción y endeudamiento durante el periodo neoliberal.
La reforma energética de 2013
Con la reforma energética impulsada por el presidente Enrique Peña Nieto. Por primera vez desde la expropiación, se abrió totalmente la puerta a la inversión privada en exploración y producción.
El argumento oficial fue que Pemex no podía solo y que la participación de empresas extranjeras traería inversión, tecnología y mayor producción. Sin embargo, para muchos mexicanos la reforma significó una privatización encubierta y una pérdida de soberanía. Los resultados fueron malos, la producción siguió cayendo y las finanzas de Pemex se deterioraron aceleradamente.
Refinerías: de la barda a Dos Bocas
El contraste más visible se dio en el terreno de las refinerías. Felipe Calderón anunció la construcción de una nueva refinería en Tula, Hidalgo, pero el proyecto nunca pasó de una barda simbólica.
En cambio, Andrés Manuel López Obrador impulsó la refinería de Dos Bocas, en Tabasco, como emblema de su estrategia de autosuficiencia. Aunque criticada, Dos Bocas representa un esfuerzo real por aumentar la capacidad de refinación y reducir la dependencia de importaciones de gasolina.
El rescate de Pemex: AMLO y Sheinbaum
El gobierno de López Obrador apostó por rescatar a Pemex con apoyos fiscales, reducción de carga tributaria y proyectos de inversión. Su discurso fue recuperar la soberanía energética y fortalecer a la empresa del Estado.
Claudia Sheinbaum, ha continuado esa línea, pero con un enfoque más técnico y financiero, donde la meta es que en 2027 la empresa sea autosuficiente y genere ganancias. Se trata de un objetivo ambicioso, considerando que Pemex arrastra una deuda superior a los 100 mil millones de dólares y enfrenta una producción en declive.
Europa: el costo de depender del exterior
La experiencia europea demuestra lo que significa carecer de soberanía energética. España, por ejemplo, importa cerca del 68% de la energía que consume y esa dependencia ha disparado los precios de la electricidad, hoy son más de 35% más altos que antes de la pandemia y casi el doble respecto a hace dos décadas. Alemania e Italia también sufrieron incrementos históricos en sus tarifas por depender del gas ruso y de proveedores externos.
Estos casos son una advertencia para México, que sin una empresa nacional fuerte y con capacidad de producción propia, el país quedaría expuesto a crisis internacionales y a la inestabilidad de los mercados. Pemex, con todos sus retos, es la garantía de que la energía se mantenga bajo control soberano y al servicio de los mexicanos.
¿Pemex rentable en 2027?
El horizonte de 2027 no es solo una meta política, sino una posibilidad real respaldada por calificadoras internacionales y bancos de inversión, donde han señalado que la estrategia de capitalización y reducción de carga fiscal puede colocar a Pemex en una ruta de estabilidad financiera.
A esto se suma Bank of America, que estima que Pemex podrá financiarse sin recursos públicos en 2027 y regresar a los mercados internacionales, siempre que se cumpla con la reestructura operativa y fiscal en curso.
La soberanía energética como destino
La discusión sobre Pemex no es solo económica. Es política, social y cultural. La soberanía energética significa que México puede decidir su futuro sin depender de las importaciones de gasolina ni de las decisiones de corporaciones extranjeras. Significa que los recursos naturales se administran pensando en el bienestar colectivo y no en la ganancia privada.
Hoy, la Presidenta Sheinbaum recordó que México ya produce el 80% de los combustibles que consume y solo importa alrededor del 20%, una cifra que contrasta con el pasado reciente, cuando más de la mitad de la gasolina venía del exterior. Este avance es prueba de que la estrategia de rescate y modernización de Pemex está dando resultados concretos.
Pemex enfrenta un camino difícil, pero también una oportunidad histórica. Si se logra la estrategia de la Presidenta, México podrá recuperar la autosuficiencia energética y consolidar su soberanía. El reto es enorme, pero la recompensa lo es aún más, porque un país que controla su energía controla su destino. La soberanía energética no es un lujo, es una necesidad para ser realmente soberanos.
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*Los textos publicados en la sección de Opinión son responsabilidad exclusiva del autor.
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