Segundo Informe de Gobierno
El Ágora
Por Ana Gómez
El 1 de septiembre, en el Patio de Honor de Palacio Nacional, la Presidenta Claudia Sheinbaum presentó su Segundo Informe de Gobierno con una frase que resume el sexenio: “vamos mejor y tenemos rumbo”. Y agregó algo que a más de uno de la oposición le dolió: “que nadie se equivoque, aquí no hay divisiones, aquí no hay rompimientos”.
Nuestros comentócratas “favoritos” ya borraron de su memoria selectiva aquel tiempo en que a los apoyos sociales les llamaban “dinero regalado”, “clientelismo” y “populismo”. Son los mismos que celebraron los rescates bancarios con dinero público y todavía nos pasan la factura cada año en el presupuesto. Para ellos, subsidiar a un banco era “responsabilidad fiscal”; darle seis mil cuatrocientos pesos bimestrales a una abuelita era un “derroche”. Los “analistas” tendrán que buscarse otro tema para las mesas de debate.
El bienestar como derecho
Las cifras del informe no son adornos, son realidades materiales. Un billón de pesos anuales destinados directamente a programas sociales, 42.86 millones de personas beneficiarias, un salario mínimo de 9 mil 582 pesos mensuales que acumula un aumento real de 154 por ciento desde 2018, inversión extranjera directa récord de 35 mil millones de dólares, homicidios dolosos a la baja en 51 por ciento en dos años, es decir 44 homicidios menos cada día o, para decirlo como se debe decir, más de 16 mil familias que no recibirán la peor noticia este año.
Pero el dato político de fondo no es una cifra, es una definición. Lo dijo la Presidenta: “por eso los programas hoy son derechos sociales”. No son un favor del funcionario en turno, no son una despensa con foto, no dependen del humor del gobernador ni del color del partido. Están en la Constitución. Esa es la diferencia entre la caridad y la justicia, entre el asistencialismo del PRIAN y el humanismo mexicano de la cuarta transformación. Y por si quedaba duda, nuestra mandataria lo dijo con todas sus letras: “cuando se apoya a la gente, al que menos tiene, la economía florece”.
Aguascalientes
El viernes 4 de septiembre, la Presidenta llegó a la Megavelaria en su quinta visita a Aguascalientes desde que inició su gobierno. Cinco visitas a un estado gobernado por la oposición. Que tomen nota quienes todavía repiten que aquí se castiga a los territorios que no votan por Morena.
Las cuentas que rindió son verificables: 9 mil millones de pesos en apoyos directos que llegan a 420 mil 952 aguascalentenses; 137 mil 717 adultos mayores de 65 años; 19 mil personas con discapacidad; 47 mil 402 becas para estudiantes de bachillerato. En obra pública destacó la modernizacióndel Distrito de Riego 001, apoyo a cerca de dos mil pequeños productores, la ampliación de la carretera Aguascalientes-Zacatecas, cinco ampliaciones de planteles de media superior, 24 mil 290 viviendas para familias de bajos recursos y la reestructura de créditos del Infonavit y el Fovissste para 95 mil familias.
Y el puente de Margaritas. Ese que llevaba años en la lista de promesas de campaña de todos los colores y que hoy tiene fecha de arranque, porque, lo contó ella misma, la última vez que vino la detuvieron en la carretera para pedírselo. Resulta que sí se podía. Solo faltaba que alguien de la transformación escuchara.
El abucheo y la altura política
Cuando tomó el micrófono la gobernadora Tere Jiménez, una parte del público la abucheó. Y entonces ocurrió la escena más ilustrativa de la tarde: quien salió a defenderla no fue su partido, ni su dirigencia nacional, ni los senadores prianistas que se desgarran las vestiduras en tribuna hablando de “dictadura”. Fue la Presidenta de la República, diciendo: “Vamos a respetarnos”.
Ahí está retratado el país. De un lado, una oposición que grita autoritarismo desde un micrófono que nadie le quita. Del otro, la Presidenta al lado de una gobernadora panista en el mismo templete, pidiéndole al pueblo que apoya la transformación que escuchara a la oposición. Como dijo en Palacio Nacional, este es un gobierno que no reprime ni usa la fuerza del Estado contra quien piensa distinto. Va incluido en el paquete, aunque después salgan a los micrófonos a decir que aquí se persigue al adversario. En Aguascalientes se le defendió y se le pidió respeto al pueblo indignado.
Lo que no se vale presumir todavía
La pobreza laboral está en su mínimo histórico de 31.9 por ciento, pero eso significa todavía 41.8 millones de personas cuyo ingreso no alcanza para la canasta básica. La extorsión sigue apretando y el agua, en Aguascalientes, sigue siendo la pregunta que nadie quiere responder completa.
Los derechos conquistados no se defienden solos ni se heredan por decreto, se sostienen votando, vigilando y exigiendo. Porque la derecha no ha cambiado de opinión sobre los programas sociales, solo cambió de estrategia. Aprendió a aplaudirlos en campaña mientras espera su turno para llamarlos otra vez “dinero regalado”. Que se atrevan. La transformación está llegando a Aguascalientes y, de la mano de la Presidenta Claudia Sheinbaum y la maestra Nora Ruvalcaba, en 2027 nuestro Estado se pintará de guinda.
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*Los textos publicados en la sección de Opinión son responsabilidad exclusiva del autor.
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