El costo humano del poder
El Ágora
Por Ana Gómez
En el mapa del mundo, los conflictos bélicos y las tensiones estratégicas se dibujan como cicatrices que atraviesan continentes y generaciones. Hoy en 2026, un conflicto mundial se ve tan posible como en la guerra fría.
Cada región afectada se convierte en un recordatorio de que las guerras, más allá de los discursos oficiales y las justificaciones políticas, tienen un único rostro visible que se refleja en la población civil que sufre directamente sus consecuencias.
La posición de México frente a los conflictos internacionales se sustenta en la Doctrina Estrada, que reafirma el respeto a la soberanía de cada nación y la no intervención en asuntos internos.
Ucrania
La Guerra Rusia-Ucrania continúa siendo el conflicto más visible en la escena internacional. Lo que comenzó en 2022 como una ofensiva militar se ha transformado en una guerra prolongada que ha redibujado fronteras, alianzas y percepciones de seguridad en Europa.
Más allá de los cálculos geopolíticos, millones de personas han sido desplazadas, ciudades enteras han quedado destruidas y generaciones de niñas y niños crecen bajo el sonido de las sirenas antiaéreas.
Gaza
En Medio Oriente, la guerra entre Israel y Hamas ha dejado una huella de dolor que parece repetirse en ciclos. Los bombardeos, las ofensivas militares y las represalias han convertido a Gaza en un territorio marcado por la devastación.
La población, atrapada entre dos fuerzas, enfrenta la escasez de alimentos, agua y medicinas, mientras el mundo observa con impotencia un genocidio. La paz, tantas veces prometida, sigue siendo un horizonte lejano.
Groenlandia
Aunque no se trata de una guerra abierta, Groenlandia se ha convertido en un escenario de disputa estratégica. Estados Unidos busca reforzar su control militar en la isla, mientras Dinamarca y la Unión Europea defienden su soberanía.
La lucha por los recursos naturales y las rutas marítimas del Ártico refleja cómo la geopolítica puede tensar territorios sin que haya combates directos. Aquí, la población observa con incertidumbre cómo su tierra se convierte en tablero de intereses globales.
Taiwán
Taiwán es hoy uno de los puntos más delicados del planeta. El ejército chino realiza ejercicios militares cada vez más frecuentes, elevando el riesgo de un enfrentamiento directo.
Una guerra en esta región tendría consecuencias globales, especialmente en la producción de semiconductores, vitales para la economía mundial. Pero más allá de los cálculos económicos, la población taiwanesa vive bajo la sombra constante de la amenaza, entre los intereses occidentales por su importancia productiva y los intereses chinos de su reunificación.
Venezuela
En América Latina, Venezuela atraviesa una crisis política y militar que se intensificó con la captura de Nicolás Maduro en 2026. La invasión estadounidense y la división interna del chavismo han dejado al país en una situación de incertidumbre.
La población, que ya sufría el colapso económico y la migración masiva, enfrenta ahora el riesgo de un conflicto prolongado. Una vez más, los ciudadanos son quienes cargan con el peso de las decisiones de los gobiernos.
Cuba
La isla caribeña vive una crisis interna marcada por apagones, inflación y escasez de medicamentos. Aunque no existe una invasión en curso, la retórica política en Estados Unidos y la presión internacional han alimentado especulaciones sobre una posible intervención.
Mientras tanto, los cubanos enfrentan un deterioro social que convierte la vida cotidiana en un desafío constante, derivado de los bloqueos económicos y la búsqueda de la soberanía de su país.
Irán
En 2025, Irán volvió al centro de la tensión mundial. Los ataques israelíes contra instalaciones nucleares y la respuesta con misiles hacia ciudades israelíes marcaron una peligrosa escalada.
La población iraní, atrapada entre sanciones económicas y bombardeos, enfrenta un clima de miedo constante. Aunque se habla de posibles negociaciones, la desconfianza mutua y la presión militar hacen difícil un acuerdo inmediato. Una vez más, los civiles son quienes sufren las consecuencias de decisiones tomadas lejos de su alcance.
La paz como prioridad
Al observar este mundo de conflictos y tensiones, la conclusión es inevitable, las guerras entre gobiernos, sean abiertas o latentes, afectan directamente a la población civil. Son las personas quienes pierden sus hogares, quienes ven interrumpida su educación, quienes sufren hambre, miedo y desarraigo.
La paz no puede seguir siendo un discurso abstracto ni una promesa aplazada. Es una necesidad urgente que debe colocarse en el centro de la agenda internacional. Los líderes políticos discuten estrategias, territorios y recursos, pero la verdadera prioridad debería ser garantizar que ninguna niña o niño crezca bajo el sonido de las bombas, que ninguna familia tenga que huir de su tierra, que ningún pueblo sea reducido a escombros por decisiones ajenas.
México condena las acciones bélicas que ponen en riesgo la vida y la dignidad de las personas, y se mantiene como un actor que busca el diálogo, la cooperación y la paz.
El desafío está en reconocer que cada conflicto, desde Ucrania hasta Irán, desde Gaza hasta Venezuela, nos recuerda que la humanidad comparte un destino común.
En un mundo interconectado, donde las tensiones en un país repercuten en la economía y la seguridad global, la paz no es solo un ideal moral, es una condición indispensable para la supervivencia colectiva.
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*Los textos publicados en la sección de Opinión son responsabilidad exclusiva del autor.
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