Están desesperados porque huelen su derrota

La Fiscalía de la Ciudad de México hizo circo mediático para anunciar la detención de un ex funcionario de la delegación Benito Juárez y la persecución de otro por presunto enriquecimiento ilícito. Con total falta de profesionalismo y rompiendo las más básicas reglas procesales, el vocero de la dependencia habló como si lo fuera del partido en el poder, conjeturando la existencia de un supuesto cártel inmobiliario e involucrando sin pruebas a líderes políticos de la demarcación y del PAN capitalino. Fue tal el exceso que un juez les prohibió usar el desafortunado término y respetar la presunción de inocencia.

Un asunto penal que debiera desahogarse conforme a derecho se manipula políticamente, al grado que la jefa de Gobierno y el Presidente se apresuraron a prejuzgar de manera irresponsable. Es sintomático que López Obrador aprovechara para confesar su frustración por no haber podido ganar Benito Juárez ni con Bernardo Bátiz. Antes había descalificado a sus habitantes por clasemedieros y aspiracionistas, luego de que ahí Morena fuera derrotada en 2021 por una diferencia de 120 mil votos.

En la Ciudad de México no hay justicia, hay cálculo electoral. Ernestina Godoy es la más carnal de las fiscales, tuvieron que modificar la Constitución local con dedicatoria para poderla nombrar siendo diputada oficialista. La fiscalía capitalina fabricó delitos contra Alejandra Cuevas y Laura Morán para complacer a Gertz Manero, no tienen un solo detenido por el colapso de la Línea 12 y el secretario destituido por acoso sexual goza de impunidad.

En lugar de combatir a los verdaderos cárteles que amenazan a la población, se inventan uno para perseguir opositores en la alcaldía donde los ciudadanos se sienten más seguros. Mientras Claudia Sheinbaum suspira por ser la corcholata destapada, la ciudad sigue degradándose y hasta helicópteros se roban. Si prefiere andar en campaña que le haga un favor a la ciudad y se vaya de una vez.

Los textos publicados en la sección de Opinión son responsabilidad del autor que lo emite y no plasma el criterio de México Habla.  

El poder no los cambió, al contrario, los muestra tal y como son

El 30 y 31 de julio se llevaron a cabo asambleas distritales de Morena. A pesar del nombre, no hubo ningún tipo de deliberación y se limitaron a elegir a los delegados al Congreso Nacional en un bochornoso espectáculo de acarreo, fraude y violencia. Decenas de miles de personas fueron llevadas a las casillas en flotillas de camiones, microbuses y taxis para votar por personas que no conocen. Muchos no sabían ni a qué iban, pero igual recibieron el acordeón que les indicaba los nombres que debían poner en las boletas.

Infinidad de servidores públicos, empleados gubernamentales y beneficiarios de programas sociales fueron coaccionados para asistir, afiliarse al partido oficial y sufragar por quienes se les ordenaba. Se entregaron despensas y dinero en efectivo a raudales sin mucho disimulo y estructuras de los tres órdenes de gobierno fueron utilizadas para movilizar votantes. No faltaron alcaldes que echaron mano de sus policías para tomar el control del proceso e intimidar a sus adversarios internos.

Recurrieron a todo el repertorio de trampas. Se documentaron urnas embarazadas, falsificación de boletas, uso de recursos públicos, tacos, carruseles, exclusión de disidentes, cómputos adulterados. Por eso las cosas se salieron de control y en no pocas asambleas llegaron a los golpes e incluso quemaron urnas.

A pesar de las penosas imágenes y abundante evidencia del fraude generalizado que denunciaron los propios militantes de Morena, López Obrador minimizó el cochinero, acusó a otros de defraudar más y hasta se atrevió a decir que fue una jornada democrática, siendo que fueron los recursos económicos para comprar votos y acarrearlos lo que definió a los ganadores. Con ello perdió toda autoridad política y moral para cuestionar al INE, pero lo comprendo. Él enseña que para hacerse del poder y conservarlo todo se vale. Los militantes de su partido de Estado solo lo están emulando.

Los textos publicados en la sección de Opinión son responsabilidad del autor que lo emite y no plasma el criterio de México Habla.  

El periodismo que se respeta no sirve al poder, lo ausculta

La reportera Reyna Ramírez puso el dedo en la llaga. Le dijo de frente a López Obrador que él prefiere y procura las alabanzas a la vez que calumnia y estigmatiza al periodismo independiente, lo que a ella le ha generado amenazas en redes sociales y discriminación en las mañaneras, donde hay evidente predilección por quienes se prestan a la simulación y hacen preguntas a modo, mezcladas con lisonjas. Uno de ellos quiso interrumpirla y se llevo el “cállate palero” que se hizo viral.

La respuesta fue la de costumbre. Troles y bots del oficialismo se lanzaron a linchar a Reyna con infamias en plataformas digitales, inadmisible amedrentamiento del régimen que atenta contra la libertad expresión. El acoso llegó a tal grado que ameritó una condena por parte de la prestigiada organización internacional, Artículo 19. Pero lo cómico y patético del episodio fue que la legión de lambiscones se victimizó por el adjetivo que los describe, reivindicando su derecho a ser tapetes sin que se les recrimine por ello.

El asunto no quedó ahí, pues el propio Presidente salió en defensa de sus achichincles con total desmesura. En un delirante desplante que insulta a la inteligencia y a la memoria de dos próceres del periodismo nacional, comparó a quienes se desviven por hacerle caravanas con Francisco Zarco y Filomeno Mata, dos plumas valientes y preparadas que jamás vendieron su conciencia.

En realidad, los youtuberos aplaudidores no son periodistas, sino simples porristas que soban el ego y el hígado del mandatario para complacerlo. A López Obrador le encanta que colmen su megalomanía con halagos épicos y que ataquen con furia y odio a sus adversarios. Para eso sirven y lo que reciban por ello, sea en sobres, publicidad oficial, seguridad social, nóminas o hasta candidaturas en Morena se le conoce como Chayote. Representan a la vieja prensa vendida que denunciaban los estudiantes de 1968, pero devaluada.

Los textos publicados en la sección de Opinión son responsabilidad del autor que lo emite y no plasma el criterio de México Habla.  

El presidente actúa como si fuera monarca

El gobierno federal continuó con las obras del tramo cinco del Tren Maya, pasando sobre la suspensión definitiva ordenada en dos juicios de amparo, lo cual es delito grave. La falta de estudios de impacto ambiental debidamente avalados y las voces de expertos que alertan sobre daños irreparables en el sistema de cavernas, cenotes y ríos subterráneos dentro de las 485 hectáreas de selva virgen que ya comenzaron a deforestar, sustentaron la decisión del juez.

Sin embargo, las autoridades decidieron ignorarla mediante una burda maniobra que insulta a la inteligencia. Pasaron la responsabilidad de la obra a las secretarías de Seguridad Pública y Gobernación para decretar de inmediato que la construcción de un tren de pasajeros es asunto de seguridad nacional. Ni siquiera esperaron a que un Tribunal Colegiado considerara si el decreto tenía bases y bastaba para revocar la suspensión, simplemente desacataron la orden judicial por sus pistolas, al margen del derecho.

López Obrador no solo reivindicó la chicanada, injurió a quejosos, activistas y organizaciones ambientalistas preocupadas por la selva y su invaluable biodiversidad, hoy en peligro por la irresponsable improvisación ecocida en el segundo pulmón más importante del planeta, solo después del Amazonas.

Los amparos son el instrumento jurídico de los ciudadanos para proteger sus derechos de las arbitrariedades del poder. Pero el presidente no admite límites a su voluntad, viola las leyes cuando le estorban, ignora la división de poderes y embate órganos autónomos cuando no los puede someter, además de amenazar, calumniar y promover el escarnio de jueces cuando resuelven en contra de sus caprichos y venganzas.

El Poder Judicial debiera defenderlos y acreditar su independencia, sancionando a las autoridades que desacaten sus resoluciones. De lo contrario, todos estaremos en indefensión frente al despotismo. ¿Quién se lo explica al ministro Arturo Zaldívar?

Los textos publicados en la sección de Opinión son responsabilidad del autor que lo emite y no plasma el criterio de México Habla.  

Hay líneas rojas que no deben cruzarse

La gobernadora de Campeche, Layda Sansores, aseguró en su programa de televisión poseer fotos íntimas de diputadas del PRI, lo cual no es solo una amenaza inadmisible, también es un delito. La Ley Olimpia se aprobó precisamente para castigar esa deleznable práctica y la influencer YosStop estuvo en prisión por una conducta similar.

El asunto no quedó en el exabrupto de la mandataria en funciones de conductora televisiva. Toda la estructura oficialista en redes sociales, misma que es controlada desde Palacio Nacional, fue activada para acosar, calumniar y denigrar a legisladoras de oposición por ese supuesto material.

Resultó lastimoso ver que mujeres se sumaran al escarnio, muchas de las cuales se han movilizado para repudiar la violencia estructural que sufren, pero en esta ocasión se volvieron cómplices de ella y se olvidaron de la sororidad que pregonan al seguir el reflejo de la inescrupulosa polarización promovida por el presidente y atacar con saña misógina a las injustamente señaladas solo por ser opositoras.

Vivimos tiempos cínicos en los que gobernantes prepotentes violan la ley sin disimulos, sabiéndose impunes. Peor aún, la señora Sansores, cuyo padre era emblema de la corrupción caciquil del viejo régimen, lleva a su programa al fiscal del estado, quien no solo presencia la difusión de audios ilegales y la confesión de delitos, le sigue el juego mediático, convirtiendo la venganza presidencial en un reality show. Renato Sales es conocido por ser un funcionario honesto, serio y respetable, pero por lo visto nadie se salva de la degradación en esa pantomima que llaman cuarta transformación.

El régimen espía líderes opositores y manipula la justicia con fines políticos. Decirlo no defiende conductas indebidas, demanda que se actúe con apego a Derecho y respetando el debido proceso. Lo que no entienden López Obrador y sus secuaces es que para conservar el poder no todo está permitido. 

Los textos publicados en la sección de Opinión son responsabilidad del autor que lo emite y no plasma el criterio de México Habla.  

Quieren ganar a la mala

Aunque la Constitución establece que las precampañas para la presidencia de la república inician en noviembre de 2023, los suspirantes por la candidatura del partido oficial que en el viejo régimen se les conocía como tapados y ahora su restaurador llama corcholatas, andan desbocados, descuidando sus obligaciones como funcionarios y sin reparar en las violaciones a la ley.

Ni siquiera disimulan. Realizan actos públicos para hablar de sus aspiraciones, se van de gira a placearse con el menor pretexto, pintan bardas con sus nombres, aparecen en espectaculares y publicidad móvil. Están en abierta campaña anticipada y usan recursos públicos para hacer propagada personalizada, ambas conductas prohibidas expresamente por la legislación electoral. Por eso no extraña que el INE los haya reconvenido.

El problema es que el gobierno y su partido son violadores seriales de las normas y por eso arremeten contra el árbitro electoral. Cuando eran oposición peleaban por equidad en la contienda y ahora que están en el gobierno operan elecciones de Estado y hacen trampa para sacan ventaja.

Les interesa más conservar el poder que gobernar. Mientras Adán Augusto usa aviones oficiales para ir a actos proselitistas de Morena y alaba los tiempos del Señor, el crimen se apropia de territorios y desangra al país. Claudia Sheinbaum se va a inaugurar una refinería que operará hasta 2026 y el Metro se incendia dos veces en menos de una semana. Ocurre la mayor tragedia migratoria en Texas con 53 muertos en un tráiler, la mayoría mexicanos, pero Marcelo Ebrard presume que el presidente ya lo destapó cinco veces. Y Ricardo Monreal tratando de dar portazo, sabiendo que el gran elector no lo quiere.

Adelantar la sucesión fue idea de López Obrador, piensa que con él regresaron los tiempos oscuros en los que el presidente designaba a su sucesor mediante dedazo. Pero subestimar a los ciudadanos es tan absurdo como pretender desmontar la Estatua de la Libertad.

Los textos publicados en la sección de Opinión son responsabilidad del autor que lo emite y no plasma el criterio de México Habla.  

Dejemos de tropezar con la misma piedra

Siempre que estalla un problema grave, el presidente encuentra la manera de desviar la atención hacia asuntos estridentes, pero de poca trascendencia. Que las disculpas de España, que el penacho de Moctezuma, que la rifa del avión presidencial que no lo rifó y sigue sin venderse. Se ha dedicado a distraernos de la corrupción de su gobierno, de las transas de sus familiares, de la crisis económica, del desempleo, de la inflación, de la violencia desbocada, en fin, del desastre al que nos ha llevado.

El asesinato de los dos sacerdotes jesuitas, Javier Campos y Joaquín Mora, así como del guía de turistas, Pedro Palma, pusieron en el centro de la discusión el rotundo fracaso de la política de seguridad. Como dijo el padre Javier Ávila en las exequias, “los abrazos ya no alcanzan para tantos balazos”. Pero López Obrador se niega siquiera a discutir la posibilidad de cambiar la estrategia y, en plena conmoción por los hechos, decidió irse a jugar beisbol y difundir un infomercial del partido, presumiendo haber ganado con todo y los cachirules del equipo contrario.

Lejos de ayudarle, el desplante propagandístico resultó contraproducente. Y fue entonces cuando de manera extraña subieron a la red una foto poco favorable de su hijo menor. Nada justifica el escarnio hacia un adolescente y condenó la deplorable discriminación por su apariencia, pero muchos cayeron en la trampa, la conversación cambió y el mandatario aprovechó para victimizarse, el terreno en el que mejor se mueve.

Ojalá la sincronizada indignación oficialista sirviera para cuidar de otros menores, como los que tienen cáncer o se quedaron sin escuela de tiempo completo o estancia infantil, pero lo dudo. El caso es que la violencia e inseguridad siguen azotando al país. Acaban de masacrar policías estatales en Nuevo León y de disparar contra quien estaba formado en una fila llena de niños que esperaban vacunarse en Puebla. Ya no permitamos que nos distraigan.

Los textos publicados en la sección de Opinión son responsabilidad del autor que lo emite y no plasma el criterio de México Habla.  

Detengamos la barbarie

El lunes 20 de junio asesinaron a dos jesuitas en Cerocahui, comunidad de Urique, en la sierra tarahumara de Chihuahua. Los sacerdotes Javier Campos de 79 años y Joaquín Mora de 80 fueron ultimados cuando auxiliaban a Pedro Heliodoro Palma, guía de turistas que buscó refugio en la iglesia mientras era perseguido por el matón del pueblo, conocido como “El chueco”, a quien se le vincula con el cártel de Sinaloa.

El atroz crimen dio la vuelta al mundo y el Papa Francisco expresó su consternación por el cobarde asesinato de dos miembros de su congregación. No era para menos. Ambos religiosos dedicaron su labor pastoral a servir en una zona de ancestral pobreza, marginación y arbitrariedad, acompañando al pueblo rarámuri con el que se tiene una inmensa deuda de justicia.

No solo profanaron el templo, también robaron los cuerpos, quitándoles el derecho a cristiana sepultura. La Compañía de Jesús emitió un comunicado en el que hizo notar el dolor del pueblo por la violencia imperante y se solidarizaron con tantas víctimas cuyo sufrimiento no suscita la misma empatía y atención pública. Tienen razón. En solo tres años y medio del presente gobierno ya se rebasaron los 121 mil homicidios dolosos, más de los que hubo en todo el sexenio de Felipe Calderón. 

Pero no solo los asesinatos están fuera de control. Las desapariciones aumentan, lo mismo que la extorsión, el secuestro, la trata y el robo con violencia. Evitar confrontarse con el crimen organizado ha permitido que este domine cada vez más territorios, dejando a la población desamparada. Apostar al establecimiento de un cártel hegemónico que ayude a pacificar es resignarse a cogobernar con criminales.

Es innegable el fracaso de la estrategia, aunque la necedad de López Obrador le impida reconocerlo. Aseguró que combatiría las causas, enfrentando la pobreza, pero hoy hay millones de pobres más que cuando asumió la presidencia. Es momento de tomar las calles y gritar ¡Ya basta!

Pasamos del fue el Estado al no hay Estado

El crimen organizado se ha convertido en actor electoral relevante. Durante las campañas del 2021 asesinaron a 102 políticos, 36 de ellos aspirantes o candidatos.

El crimen organizado se ha convertido en actor electoral relevante. Durante las campañas del 2021 asesinaron a 102 políticos, 36 de ellos aspirantes o candidatos. El día de los comicios se hicieron presentes, de manera notable en los estados del Pacífico. Hubo secuestros, intimidaciones, robos de urnas, expulsión de representantes, cómputos adulterados. No obstante la abundante evidencia de la participación delincuencial, López Obrador aseguró a la mañana siguiente que los criminales se habían portado bien, seguramente porque su partido era el beneficiado.

En las recientes elecciones del 5 de junio ocurrieron hechos similares, sobre todo en Tamaulipas. La creciente influencia política de organizaciones delincuenciales significa impunidad para sus diversos giros, dejando a poblaciones enteras indefensas.

Botones de muestra sobran. Pollerías de Chilpancingo cerraron después de una serie de asesinatos de productores y vendedores. San Cristobal de las Casas fue literalmente tomada por criminales y hace unos meses sucedió lo mismo en Caborca. Vemos comboyes de hombres armados pasar frente al Ejército como si nada. En Nueva Italia los corretearon y hasta se atrevieron a hacer un retén donde el presidente andaba de gira. 

Por eso no extraña que legisladores norteamericanos alerten sobre el control territorial de los cárteles y el asesinato de periodistas. Porfirio Muñoz Ledo le puso el cascabel al gato al decirle a López Obrador que los acuerdos con el narco no son heredables, que ellos se van a entender con el que llegue y quizá tengan ya tanta fuerza que ni lo necesiten. La periodista Anabel Hernández confirma el contubernio y Francisco Labastida expone su extrañeza por las cuatro visitas que lleva el mandatario a un emblemático municipio del Triángulo Dorado de solo 5 mil habitantes.

Ya no podemos ignorar al elefante en la sala, a menos que admitamos que el crimen imponga al próximo presidente.

Quieren ganar por default

El domingo 5 de junio hubo elecciones en seis estados. Los voceros del régimen aseguraban que se llevarían las seis, pero no lo lograron. Ganaron cuatro, pero solo en dos de ellas se enfrentaron a la alianza de los partidos que conforman ‘Va por México‘, la cual se impuso también en dos, es decir, la coalición opositora tuvo eficacia del 50%.

Desde el poder minimizan dichos triunfos porque su estrategia es dejar sentado que el 2024 ya está definido a favor de la corcholata que destape el dedazo presidencial y así muchos inconformes apuesten por el cambio desde dentro con alguno de los tapados, como si eso fuera posible en el maximato.

El INE ha organizado 56 elecciones para gobernador desde 2015 y en 39 se ha impuesto un partido distinto al que gobernaba, alternancia en 7 de cada 10. Dicha tendencia se favorece cuando el mandatario estatal entrega la plaza a cambio de impunidad y una eventual embajada, como sucedió en Oaxaca, Quintana Roo e Hidalgo

Pero en la elección presidencial toca calificar la gestión de López Obrador y sus resultados han sido deplorables. El país no crece, hay más pobreza, sigue el desabasto de medicamentos, la corrupción es exultante, la violencia no cede y el crimen se ha empoderado como nunca.

Veremos qué dicen los tribunales sobre la elección en Tamaulipas, pero por lo pronto Aguascalientes y Durango muestran que se puede derrotar al régimen a pesar de las elecciones de Estado. Recordemos que en 2021 la oposición tuvo dos millones más de votos que el oficialismo y se alzó con victorias importantes en bastiones obradoristas, como lo es la Ciudad de México

Hay que aprender de las derrotas y practicar la autocrítica. La unidad de la oposición es necesaria, pero no basta. Se requiere un programa que vea al futuro, una narrativa que entusiasme, una candidata o candidato elegido democráticamente y partidos renovados que se abran a los ciudadanos. Estamos a tiempo y vamos a ganar.

Salir de la versión móvil